Aprender, pasárselo bomba, a por todas, muchísima muchísima ilusión, cambiar mi vida… Los primeros minutos de MasterChef, una de las grandes apuestas de La 1 para esta temporada, han estado salpicados de optimismo. 15 concursantes elegidos entre más de 9.000 candidatos lucharán por convertirse en MasterChef y al principio, claro, todo han sido sonrisas. Fabián, un estudiante mallorquín de 18 años, irradia buenas vibraciones. Hasta Jordi Cruz, del restaurante Àbac de Barcelona (dos estrellas Michelin), le ha confesado que ve en él algo de sí mismo. Y Samantha Vallejo-Nágera le ha dicho que, si las cocina son “tres cosas: pasión, pasión y pasión”, él las tiene todas.
Un país en crisis, amenazado por Bruselas, atenazado por la corrupción política y con un paro juvenil escandaloso, absorbe el optimismo como si fuese una gota de agua en el desierto. Algunas de las frases pronunciadas en la primera entrega del programa han sido antológicas. Mi preferida: “Yo no he fallado en el puré. Ha fallado el fuego”. Una excusa inverosímil ante la que Alberto Chicote podría haber respondido con un simple gesto. Y bueno, #MasterChef1 ha sido trending topic Global. Pero ¿han sido todo aciertos? Yo creo que no.
- Amarás a Ferran Adrià (y ahora también a Telefónica) sobre todas las cosas.
- No tomarás el nombre de Rafael Anson en vano, so riesgo de caer en el olvido.
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El pasado 22 de noviembre, Javier Olleros, un joven cocinero de O Grove (Pontevedra) desconectó el teléfono móvil después de enterarse de una noticia que le iba a cambiar la vida. Olleros sintió la necesidad de aislarse de todo lo que iba a ocurrir a partir de ese momento, como si estuviese viendo, a través de los enormes ventanales de su restaurante Culler de Pau, acercarse un tsunami por la ría.
Recogió todo y subió a casa con su hijo Antón, al que le dio de cenar. Cuando llegó Amaranta, su mujer y responsable de la gestión del restaurante, se sentaron a ver una película juntos. Todo parecía normal pero no lo era. A las 11 de la noche llamaron al timbre.
Los vinos también son víctimas de los movimientos astrales que determinan el ritmo, el desarrollo de su atmósfera, sus bases vegetativas. En este fin de otoño han brillado las estrellas Michelin, iluminando el panorama gastronómico nacional, pero para el resto de los mortales, el verdadero fiestón son las fechas navideñas.
En el Cristianismo, Jesús representa la luz en uno de los días más oscuros del año: el 24 de diciembre. Las cepas se representaban en las tumbas faraónicas como imagen del renacimiento. La viña nace y muere cada año, y su cliclo y su consumo están marcados por el calendario de las festividades religiosas.






