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Dejen en paz a Ferran Adrià

18/1/2013 |  por
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Hace unos días, el boss de este blog entrevistaba a Miguel Ángel Almodóvar, que por lo visto ha escrito un libro, Bocados con historia, en el que revisa, con 50 recetas, a algunos próceres de la humanidad. No he leído el libro y, por lo que respecta a las lineas que van a venir a continuación, poco importa, pues no es de eso de lo que quiero escribirles hoy, aunque estoy seguro de que es ameno, lleno de jugosas anécdotas y hasta edificante y vivificador. En su currículum, el autor tiene en su haber haber trabajado al lado de María Teresa Campos, señora que un buen día se vio en la tesitura de tener que leer las variedades de uva con las que se hace el cava. Hizo lo que pudo con la macabeu y la parellada, pero al llegar al xarel·lo, se confundió y soltó esa perla de que era Xarel 10. En fin, un mal día lo tiene cualquiera y, si existe el Chanel nº5, ¿por qué no iba a existir el Xarel nº 10?

Hacia el final de la entrevista, el señor Almodóvar suelta también alguna que otra perla y de eso quiero escribirles hoy. No sé ustedes pero yo pensaba que, ahora que Ferran Adrià había dejado de cocinar, le dejarían un poco tranquilo. Pero ni así, oiga. Siempre tiene que haber algún pero. Incluso ahora.

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De churras, merinas y ‘cool hunters’

4/1/2013 |  por
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Empiezo donde lo dejé hace 15 días. Con la llegada del año nuevo han salido los adivinos de turno que intentan pronosticar qué va a ser tendencia este 2013. Es lo que tiene ir de cool hunter por la vida: que te ves obligado a soltar por la boquita gilipolleces tamaño king size y si después aciertas, pues te marcas un: “Yo ya lo había dicho”; y si te equivocas, eso de: “Este país no tiene remedio. Somos unos atrasados”, y te quedas tan ancho. Además es algo con lo que todo el mundo se atreve. Como en las obras, donde un grupo de jubiliados se juntan para ir diciendo a los que se parten el espinazo lo mal que lo están haciendo.

Recuerdo que hace un par de años, un camarero de un bar de esos en los que tienen miles de ginebras y tónicas, después de pedirle un par de humildes cañas, y sin que nadie se lo hubiera pedido, nos dijo que nos comprendía perfectamente. Que eso del gin-tonic ya no era tendencia (sic) y también, de nuevo sin que nadie se lo hubiera pedido, se atrevió a contarnos que en su docta opinión de conocedor de los gustos del personal, el nuevo gin tonic iba a ser el mezcal con tónica. Y nos sacó un mapa de México y empezó a contarnos los diferentes matices del mezcal según su zona de producción. Yo llegué al convencimiento de que ese tipo iba bajo los efectos del peyote. A veces tengo la tentación de volver a ese bar, mirar fíjamente a los ojos al camarero y decirle: “¿Y ahora qué me dices, majete?”.

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Chicote y la profecía maya

21/12/2012 |  por
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Querido lector, si está usted leyendo esto es que los Mayas se equivocaban y el fin del mundo no ha acontecido. Era de esperar ¿no? Claro que, si uno lee la profecía de forma adecuada (cosa que conviene hacer siempre para no acojonarse más de lo necesario), verá que lo que los Mayas anunciaron fue el fin de una era, no el fin del mundo en términos apocalípticos, y esto, con la que está cayendo, no tengo tan claro que no esté sucediendo desde hace tiempo.

Yo, mayormente, el problema que les encuentro a este tipo de exterminios programados, a parte del grave e irreparable inconveniente de que uno muere y tal, es que son indiscriminados. Terminan por igual con el pobre que tiene que sufrir a unos vecinos que cada miércoles ven La Voz a todo trapo, como al propio vecino que los aguanta. Prometen la extinción de todos los restaurantes merecedores de tal final, con sus propietarios incluidos, y también la del propio Alberto Chicote (y aquí decidan ustedes qué es lo más justo o injusto). Por eso, quizás, Pesadilla en la Cocina terminó su primera temporada ayer… y La Voz, el miércoles.

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Entrevistando a Ferran Adrià: el making off

23/11/2012 |  por
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Para Joan Marc y Pau. Dos chicos maravillos e inteligentes que además saben quién es Ferran Adrià.

Mi hijo mayor, Joan Marc, tiene un amigo, Pau, con el que a veces se junta para jugar a los videojuegos. Pau estaba el otro día con otro amiguito suyo, al que le contaba que su amigo Joan Marc, que sólo iba a segundo de primaria, era un niño muy inteligente y que además tenía todas las videoconsoloas. Al amigo de Pau, lo de la inteligencia de Joan Marc le dejó más bien frío, pero en cambio lo de las consolas llamó poderosamente su atención (lógico y natural) y le preguntó si el padre de su amigo, o sea yo, era millonario (blanco y en botella, leche, debió pensar). Por suerte, Pau salió en mi defensa y acertó al decir que yo no era millonario, pero que conocía al mejor cocinero del mundo. Pau se refería, obviamente, a Ferran Adrià.

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El nombre de las cosas

9/11/2012 |  por
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Aviso, estoy cabreado. Las cosas tienen un nombre por algo. El lenguaje también puede y debe ser exacto. El otro día fui a comer a un restaurante de esos de menú a 10 euros y en las opciones de segundos platos, el honesto restaurador, con gran alegría de sus gónadas, ofrecía Pulpitos de la Costa. Y tan tranquilo, oiga. ¿De qué diantre de costa se suponía que iban a ser esos pulpitos? Y no sé por qué, pero se me apareció la de Senegal porque, si tenían que ser de la nuestra, era imposible que al honesto restaurador le salieran las cuentas. A pesar de todo, como mis gónadas son mayores que las de cualquier honesto hostelero, los pedí. Efectivamente, los pequeños cefalópodos eran patagónicos como mínimo…  por lo de congelados quiero decir.

Y es que ya está bien de que nos tomen el pelo y de que nos lo dejemos tomar. Ya está bien de que las vieiras, las navajas y los berberechos siempre sean de la ría, cuando en realidad son de risa, de vaya usted a saber dónde demonios y no tienen ni padre ni madre conocidos. ¿Y lo de la carne? Que si buey, que si ternera gallega, que si añojo argentino y el cuento de nunca acabar. No me voy a extender y al que le interese el tema que lea este artículo de Jorge Guitián, pero lo del  buey de Kobe es para mear y no echar gota, señores. Entre otras cosas, porque, a menos que vayamos a Japón y tengamos suerte, es imposible comerlo en cualquier otro sitio, básicamente porque, hasta donde yo sé, parece que no se puede exportar. ¡Ni tan sólo no se pueden exportar su semen o sus embriones!

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A El Bulli, en moto

26/10/2012 |  por
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Era agosto de 1987 y yo tenía 18 años. Había terminado lo que entonces se llamaba COU y que ahora, con lo que cambian las leyes educativas, no tengo ni idea de cómo se llama. Había aprobado la Selectividad (¿eso aún existe?) con nota suficiente para estudiar Periodismo.

Mediado el curso, el padre de mi amigo Enric me dijo que estaba preocupado por las notas de su hijo y me pidió que le ayudara a aprobar el COU. El padre de Enric era un tipo peculiar, que había escrito una carta a Felipe González inmediatamente después de su primera victoria electoral, cuando prometió crear 800.000 puestos de trabajo, para decirle que ya solo le quedaban 799.996, pues él había decidido contratar a 4 personas. Y el presidente del Gobierno le contestó para agradecérselo. El asunto salió hasta en los “papeles”. Juro que eso fue así. Además, prometió regalarle a su hijo una moto, pero seguía preocupado y pedía mi ayuda para motivarlo. Lo único que se me ocurrió, pues lo de la moto me parecía difícil de superar, fue llevarle a cenar a un restaurante que era la repanocha.

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A Collioure, a ‘lo de las ostras’

12/10/2012 |  por
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Acabamos de pasar un fin de semana en Collioure. O Cotlliure, que es como lo llaman los franceses cuando se ponen ñoños y multicultis. En todo caso, un pueblo de postal del sur de Francia, en la Côte Vermeille. Como uno de esos que a los chinos les ha dado por piratear. Si alguien ha estado en el Alt Empordà, en Cadaqués por ejemplo, reconocerá el mismo paisaje, pero Collioure es un un lugar tan ordenado y pulcro que parece la salida al mar de Suiza. El Mediterráneo domesticado por la Ilustración.

Nosotros a Collioure, por decirlo a la bilbaína, vamos a lo de las ostras. Entre otras cosas porque tampoco hay mucho más que hacer. Se puede visitar la tumba de Machado, sí. Pero nunca he sido un fan del club de lo poetas muertos (ni del de los vivos, a decir verdad). No crean, soy persona leída, pero la poesía me cuesta. También se puede perder el tiempo visitando el Château Royal, pero pueden creerme si les digo que basta con verlo desde fuera. Quizás el único motivo para entrar sean las espléndidas vistas que hay desde sus murallas sobre las playas de Argelés-sur-mer.

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Aquí zampabollos, allí ‘arepacontodo’

28/9/2012 |  por
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Ni todo el monte es orégano ni todo el mundo come pan. En toda América Latina, surcada por la cultura del maíz desde los tiempos del Popol Vuh en el que Miguel Ángel Asturias se inspiró para su novela Hombres de Maíz, la costumbre no es acompañar las comidas con pan, sino con cualquier tipo de masa cocida hecha de maíz. Por ejemplo: las arepas.

Y si se me permite, las arepas tienen su miga. Sobre todo por lo disputado de su nacionalidad. Hay una cruenta pugna, que roza lo bélico, entre Venezuela y Colombia por apropiarse de su patria potestad. Los venezolanos la reivindican encarnizadamente como suya y acusan a los caliches de robársela; los colombianos, a su vez, acusan a los venecos de exactamente lo mismo. Culaquier día de estos, la OEA interviene en el conflicto. Pero mis experiencias con las arepas son enteramente venezolanas mediante matrimonio católico, apostólico y romano, así que para mí son y serán siempre venezolanas.

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Cilantrofobia: una cuestión de carácter

15/9/2012 |  por
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Siempre como una alma en pena. Cabizbajo y con la mirada gacha, cada vez que alguien me hacía la temida pregunta. ¿No te gusta el cilantro? Y yo pensando: si sólo fuera eso… Porque no es que no me guste. Es que lo odio, lo detesto, me ofende, me repugna.

Si por mala suerte o un descuido, un minúsculo pedazo de esa hierba perniciosa (que algunos venden como aromática) llega a entrar en mi boca, lo escupo como quien quisiera expulsar de su ser al propio Satanás. Imaginad el adjetivo que designe con la mayor precisión posible algo repulsivo y nauseabundo, y sabréis exactamente lo que yo siento por el cilantro.

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