No me vendo

por  |  29 de enero de 2013
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Hace no mucho tiempo decidí escribir un blog relacionado con la gastronomía. Un sitio donde plasmar sucesos, recetas resultonas, opiniones sobre restaurantes que visito… ¡Vamos, un batiburrillo gastronómico! Y sin ningún tipo de pretensiones, todo sea dicho. El caso es que esto me ha llevado, gracias también a algunos contactos, a ser invitada a ciertos eventos relacionados con la comida donde se invita a blogueros gastronómicos.

Digo de antemano, que agradezco mucho las invitaciones y que cuenten conmigo para estas cosas. Sobre todo porque, cuando ya has asistido a varios eventos de estos, se conoce todo el mundo y pasas un rato muy agradable. Pero me gustaría aclarar que esos eventos no consisten en comer y beber gratis.

No pagas, eso es cierto. Pero el organizador del evento no te invita de forma altruista, ni porque sea tu amigo, ni porque le caigas especialmente bien. Se espera que el asistente utilice su blog para dar cierta publicidad al evento, local o ruta, lo que toque. Y me parece perfecto que ese sea su objetivo. Yo no tengo ningún problema… siempre y cuando lo que se me ofrece me guste y me parezca bueno.

El problema llega cuando no me parece nada del otro mundo y, encima, en algunos casos te den hasta una nota de prensa con un texto preestablecido y las fotos que se supone que tienes que poner en el blog… ¡Me siento coaccionada, la verdad! ¿De verdad resulta creible una crítica que se repite en varios blogs, de la misma manera, con las mismas palabras y con las mismas fotos?

No me gusta mucho esa forma de proceder. Yo siempre pongo mis fotos y escribo el texto, con impresiones propias. No necesito que nadie me diga lo que tengo que decir ni cómo. ¡Ah! Y si algo no me agrada, simplemente lo omito, siguiendo la máxima: si no puedes decir nada agradable, no digas nada.

La situación más curiosa se dio cuando se pusieron en contacto conmigo para enviarme un producto a casa para probarlo. Accedí. Llegó, lo cociné, lo probé y saqué alguna foto que subí a Instagram.

Pasado el tiempo me llegó un e-mail en el que me preguntaban qué me había parecido el producto, la difusión que había hecho sobre él en redes sociales y si había escrito un post en mi blog. Les contesté que no había hecho referencia a su producto porque no había cumplido con mis expectativas.

Sí es cierto cubría un vacío en el mercado, entre dos productos ya existentes. Efectivamente era mejor que uno de ellos pero no mejor que el otro. Así que añadí, con tanta suavidad como pude, que no recomendaría un producto que yo misma no compraría. Y, por supuesto, agradecí que me lo hubiesen enviado.

Me imagino que esas personas no volverán a enviarme nada más. Y me parece bien, si lo que buscan es gente que escriba bien del producto sin ningún tipo de objetividad. Yo no soy capaz de hacerlo. No me gusta engañar a la gente y no me gusta venderme.

 

* Imagen: Getty.

Acerca de Julia G. de la Fuente

Diplomada Técnica en Cocina y Gastronomía por la Escuela Superior de Hostelería de Sevilla, posteriormente realizó sendos stages en el El Celler de Can Roca (Girona) y Ramón Roteta Hondarribia (Guipúzcoa). Tras varios años trabajando en restaurantes y hoteles de Cataluña, Cádiz y Málaga, decidió dedicarse a la enseñanza. Actualmente imparte clase de FP en el Ciclo de Panadería, Repostería y Confitería en el IES Hostelería de San Roque (Cádiz). Comparte sus reflexiones gastronómicas en el blog Darlabrasa.com y también en Twitter (@juliamasala).

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3 Comentarios


  1. me parece normal que alguien que te manda un producto luego te pregunte por el tanto por si te agrado como si no, no veo coaccion alguna en dicha forma de proceder, otra cosa seria si se lo tomaran a mal lo cual no dices

  2. No entiendo la relevancia de este escrito. Entendería la anécdota si implicara, a titulo personal de la autora, no sé, algo que pareciera realmente una coacción, un ataque a su libertad de opinión y escritura.
    Pero por lo que leo, a la autora le envían algo y ella no escribe nada del otro mundo sobre el producto, y fin de la historia.
    ¿Ya? ¿Da eso para un titular tan categórico y alardeante como “No me vendo”?
    Cualquiera que lee un titular así imagina una cruzada en defensa de la verdad y la justicia. Pero no, resulta que le invitan a cenar y le dan las fotos y el texto y se siente coaccionada. Me imagino que el cocinero le daría a los chipirones una mirada algo así como el Mono de la serie “Padre de familia” que no le quitarían ojo durante toda la cena.
    Y los del producto en casa, me imagino la cara del que recibió el email de la autora. No veo la coacción por ningún sitio, si acaso, unas ganas por parte de la autora de exagerar una situación de lo más normal.

    Con todo mi respeto, me parece un artículo fuera de lugar, aderezado con un exceso de protagonismo y un aire peliculero con una ligera nota de histerismo que, como los platos de algunas cartas, te llaman mucho por el nombre, pero cuando los has probado te quedas con cara de “¿Y tanto rollo para esto?”.

    Lo que me deja preocupado ese eso de “si algo no me gusta, lo omito”. ¿Desde cuando omitir los defectos y no informar de ellos se considera una buena práctica periodistica? Eso sí que me parece una forma de hacer la rosca al “proveedor”. Como diciendo “Venga, ni para ti ni para mí”.

    PD: Aquí no se censurarán los comentarios ¿verdad? ;-)

  3. qué razón tenéis con vuestros comentarios, totalmente de acuerdo. Nunca entenderé a quién, ostentanto el poder que otorga una pluma y un medio de difusión, sea infiel a los principios más elementales de la información: imparcialidad, veracidad y ética.
    Claro que las invitaciones a catas y degustaciones no las hacen por afectos o simpatías, piden a cambio publicidad y buen crítica, pero ahí está el meollo de la cuestión, el que no esté dispuesto a hablar claro y sin compromisos que decline invitaciones.

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