El tomate es una fiesta

por  |  8 de enero de 2013
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La niña que parecía un niño más famosa de la televisión italiana de los años 60 descubrió un día que la sopa que le daban para cenar en el internado estaba hecha con los restos de lavar los platos del almuerzo. Juntó a sus amigos y organizaron un motín en el comedor. La revuelta de los niños enfadados destapó la vileza del director, obligándole a que les sirviera, por fin, la rica pappa col pomodoro. La cabecilla de la protesta de teleserie, la niña que parecía un niño, lo celebró con una canción. Fue uno de los muchos éxitos musicales de Rita Pavone, algo así como un cruce yeyé entre la mojigatería de nuestra particular lolita, Marisol, y las travesuras librepensantes de la sueca Pippi Calzaslargas.

El fenómeno Pavone funcionó también en España y la niña del uniforme grabó incluso una versión traducida: papas con tomate. Pero no es patata todo lo que suena. Pappa significa puré, papilla. Pomodoro, eso sí, tomate. La canción hace referencia a un plato tradicional de la Toscana, región rural y pobre, la tierra de Novecento, donde también estaba ambientada la novela en que se basa la serie de televisión. La receta es una especie de sopa de tomate, pan y cebolla; todo en tropezones y cocido en agua, aceite, sal, pimienta y albahaca. Como un pisto de emergencia.

Un capolavoro, una obra maestra, como dice con orgullo la letra original de la canción. Pero  la versión española no solo confunde papilla con patata. Digamos que hace una interpretación muy libre del italiano, reduciéndolo todo a una suerte de loa al merecido plato de comida después de una dura jornada de trabajo. Los españolitos de la época  se derretían con la voz aflautada de Joselito o la mirada cándida de Marcelino, con su pan y con su vino. Ahora, que viniera una niña, y encima extranjera, a celebrar la victoria frente al patrón diciendo que “la historia del pasado nos ha enseñado que un pueblo hambriento hace la revolución”,  o que “tenemos hambre, abajo el director”; eso, para los señores censores, eran palabras muy feas.

Pero la condición paradójica de la Historia es como la piedra que gana siempre a las tijeras. El homenaje popular español al tomate esconde también un origen antiautoritario, aunque menos heroico. Tiene más que ver con nuestro gusto patológico por deformar la realidad hasta convertirla en la más inverosímil de las ficciones. Con eso y con el jaleo.

En agosto del 1945, pocos meses después de que los partisanos comunistas fusilaran a Mussolini a las orillas del lago Como, un grupo de chavales querían pasárselo bien en la fiesta de gigantes y cabezudos de su pueblo valenciano, Buñol. Entraron con ímpetu en el desfile, tanto que arrollaron a parte de la comitiva que comenzó a increparles. Alguien cogió un tomate de un puesto callejero de hortalizas y lo usó como arma arrojadiza. Aquello degeneró en una batalla campal hasta que llegaron los guardias. Pero ya era tarde. Al año siguiente los mismos impetuosos muchachos trajeron los tomates de casa. Fueron disueltos otra vez por los guardias, y así año tras año hasta que la guerra de toneladas de tomates acabó normalizándose como fiesta popular: la tomatina.

Y es que hay en el tomate algo de fiesta, de confusa celebración. Que se lo digan a Celia Cruz y Tito Puente, con su infecciosa salsa de tomate. La extraña fruta vino a Europa de Sudamérica, tierra de sol y de calor. Las primeras piezas que trajeron los conquistadores españoles eran amarillas y brillantes. Los renacentistas italianos quedaron fascinados por aquella manzara de oro y la recrearon en sus obras miméticas de la naturaleza. De ahí pomo d’oro, ”manzana dorada”, origen de pomodoro.

Los franceses le atribuían un poder afrodisíaco, por eso lo llamaron pomme d’amour, “manzana del amor”. Aunque tampoco está claro. Hay historiadores que afirman que este nombre se debe a otra razón: durante muchos años, la berenjena fue llamada en francés pomme des Mours ,”manzana de los moros”, porque se usaba mucho en la cocina árabe, de modo que pomme d’amour sería la enésima confusión del tomate.

Pero la Ciencia ha hablado. La enemiga de las mitos y la magia ha dictado sentencia; y el licopeno, ese pigmento que pinta al tomate de rojo pasión, es el culpable de todas estas tensiones, estos efluvios y levantamientos: “El licopeno es un antioxidante muy potente que permite la liberación de óxido nítrico y mejora la circulación sanguínea en todo el cuerpo, y por lo tanto, también en la que irriga el pene que, al fin y al cabo, es un aparato circulatorio”. Palabra de doctor.

Acerca de David Marcial Pérez

Potaje de periodista con abogado. Añada un chorrito de politología y media cucharada de economía. Listo para emplatar con pasión por las Letras. De postre: Máster UAM/El País y posgrado de periodismo grastronómico por la UCM. Disfrutando de la sobremesa en el diario Cinco Días.

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7 Comentarios


  1. Ay… el tomate de cuantos placeres es responsable, merecido homenaje el que hace David M., sin dejar a un lado las canciones acertadamente escogidas y que no pueden ser mejores compañeras de lectura. Excelente. Solo un pero que decir si me está permitido, el autor nos ha tenido en dique seco demasiado tiempo, le echábamos de menos, además de su nombre compuesto, su pluma y conocimientos musicales son inconfundibles. felicidades por el blog y saludos para todos.

  2. Me encanta este artículo, el “Tomate es una fiesta”; vs. “la fiesta del tomate”. Probablemente el tomate ocupa uno de los primeros puestos en la alimentación, pero de forma muy discreta, apenas se habla de ello y apenas se habla de él. Siendo el rey de las hortalizas, resulta humilde entre el enorme plantel de elementos culinarios. Otros productos, sin embargo, suenan con mucha fuerza como las carnes, el arroz, el pescado. Pero, donde esta la carne y el arroz y el pescado, ahí está el tomate dando color, sabor, acompañando desde su modestia. Todo el mundo lo sabe, pero nadie habla de ello. Discreto, apunta el color del oro, humilde aporta el sabor y además mejora la función circulatoria y hasta la juventud, con sus factores antioxidantes.
    Que poco se parece el tomate a los políticos, que sin embargo son los que organizan todo tipo de “tomates”.
    Cómo se parece a los “currantes” que aderezan la vida y aportan valores desde la discreción de los más inteligentes.
    Gracias, David Marcial.

  3. despues de leer el delicioso artículo y disfrutar con su música,agradezco la referencia hecha a la fiesta de la tomatina pues me permite expresar la vergüenza que me produce dicha fiestecita. Es absolutamente indecente que en aras de una tradición se tiren toneladas de cualquier alimento, en este caso el tomate, así como cantidades ingentes de agua, un bien tan escaso como imprescindible, para limpiar tan vergonzante “juerga”.
    Enhorabuena por la sección y el blog.

  4. quiero daros las gracias por hacerme pasar tan buenos ratos con vuestro blog. ha sido un gran acierto no solo la creación de Tinta de Calamar sino la incorporación de las canciones. Derrocháis gusto, buen humor y saber hacer.
    Las últimas incorporaciones son excelentes. Adelante,somos muchos los enganchados al blog y si ya es grande en calidad logrará ser grande también en cantidad.
    felicitaciones.

  5. Mezclar churras con merinas, segúnn el refrán, nunca ha sido una buena opción. Sin embargo, el autor ha conseguido que el tomate, una vez finalizado el elaborado plato, conserve su genuino sabor y aroma, gracias, entre otras virtudes, a los ingeniosos ingredientes musicales-históricos-cullturales incorporados por éste autor tan peculiar.
    Hago mía la observación de Sonia, y pido al autor que se asome con más frecuencia a ésta plataforma de difusión gastronómica/cultural.

  6. de acuedo con rafael, pero la excusa para tanto derroche es que solo utilizan tomates “pasados”. ay cuántos quisieran esos tomates “pasados”. en fin es lo que hay en estas tradiciones más pasadas que los tomates de la tomatina. Saludos a todos y felicidades por el blog.

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