De churras, merinas y ‘cool hunters’

por  |  4 de enero de 2013
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Empiezo donde lo dejé hace 15 días. Con la llegada del año nuevo han salido los adivinos de turno que intentan pronosticar qué va a ser tendencia este 2013. Es lo que tiene ir de cool hunter por la vida: que te ves obligado a soltar por la boquita gilipolleces tamaño king size y si después aciertas, pues te marcas un: “Yo ya lo había dicho”; y si te equivocas, eso de: “Este país no tiene remedio. Somos unos atrasados”, y te quedas tan ancho. Además es algo con lo que todo el mundo se atreve. Como en las obras, donde un grupo de jubiliados se juntan para ir diciendo a los que se parten el espinazo lo mal que lo están haciendo.

Recuerdo que hace un par de años, un camarero de un bar de esos en los que tienen miles de ginebras y tónicas, después de pedirle un par de humildes cañas, y sin que nadie se lo hubiera pedido, nos dijo que nos comprendía perfectamente. Que eso del gin-tonic ya no era tendencia (sic) y también, de nuevo sin que nadie se lo hubiera pedido, se atrevió a contarnos que en su docta opinión de conocedor de los gustos del personal, el nuevo gin tonic iba a ser el mezcal con tónica. Y nos sacó un mapa de México y empezó a contarnos los diferentes matices del mezcal según su zona de producción. Yo llegué al convencimiento de que ese tipo iba bajo los efectos del peyote. A veces tengo la tentación de volver a ese bar, mirar fíjamente a los ojos al camarero y decirle: “¿Y ahora qué me dices, majete?”.

La verdad es que servidor no tiene ni idea de qué va a ser tendencia gastronómica este 2013 y es que, además, le da bastante igual, pero como en un par de días llegan los Reyes Magos, y a pesar del desprestigio actual de la institución monárquica, sí me atrevo a pedirles qué quisiera que fuera tendencia el próximo año.

Hecha la revolución de la alta cocina, sin duda la revolución pendiente es la del menú de 10 euros. No puede ser que en este país haya tantos lugares que entre 10 y 15 euros se coma tan mal. Y además es muy necesario, porque a pesar de lo que diga De Guindos, o precisamente por lo que dice el señor ministro, la crisis este 2013 va a seguir ahí, fastidiando. Por suerte ya hay lugares, como por ejemplo Topik y Axarquía por decir dos de Barcelona que conozco, donde se come estupendamente.

También estaría muy bien que en las cartas de vinos de los restaurantes no fuera imposible encontrar un vino decente que llevarse al coleto por menos de 20 euros. ¡Honrados hosteleros, qué todos compramos vino en las tiendas y sabemos lo que valen!

Se impone desde ya que dejemos de comprar el pan en las gasolineras, los tomates en los supermercados y la carne en bandejas de plástico en grandes superfícies. Recuperar el gusto de pasear por los mercados y sus paradas u observar las viandas y el pescado en busca de productos de calidad debería ser tendencia y, sin duda, asignatura obligatoria en los colegios.

Ineludible que valoremos como se merecen a los productores, comerciantes y restauradores que se esfuerzan en ofrecer y, en muchos casos, recuperar productos de calidad, pues mucho de eso forma parte de nuestro patrimonio gastronómico.

Y sin duda, debería ser tendencia que todos nos preocupáramos un poco más, precisamente, en conocer cuál es el patrimonio gastronómico de nuestra ciudad, pueblo, barrio o zona. Ya está bien de cocineros, restaurantes y formatos. Que se me entienda. Yo adoro los restaurantes y los cocineros, pero a veces todos caemos bajo el turbio influjo del esnobismo más provinciano. En definitiva: que de una vez por todas, la gastronomía y no la cocina sea tendencia.  Y tenemos que ser capaces de generar más producción cultural vinculada a la gastronomía.

Ayer, sin ir más lejos, leía una noticia que decía que “el efecto Chicote impulsa nuevos programas gastronómicos en televisión”. ¿Perdón? Leída la noticia, en todo caso impulsa nuevos programas de cocina y si me me apuran, ni eso. Puro espectáculo, lo que no tiene nada de malo. Pero, por favor, no confundamos churras con merinas. En televisión, la gastronomía, como la cultura en general, brilla por su ausencia. ¿O acaso hay alguien que se atreva a afirmar que lo que hace tan dignamente Arguiñano es gastronomía?

 

* Foto: Getty.

Acerca de Albert Molins

Me llamo Albert Molins Renter y, hasta donde recuerdo, siempre me ha gustado la comida y su mundo. Desde que acompañaba a mi madre al mercado y, después, compartía con ella tiempo y cazuelas en la cocina de casa, hasta que mi abuelo Joan me empezó a llevar a mis primeros restaurantes importantes o me perdía por la cocina y las cámaras frigoríficas del hotel que regentaban mis abuelos paternos. Será por eso que me gusta escribir sobre gastronomía en mi blog Homo Gastronomicus y, ahora, también aquí (donde publicaré mis caras B). Estudié Periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona porque quería contar historias y en eso sigo (lo gastro tiene su relato). También estudié Ciencias Políticas pero me quedé a dos asignaturas de licenciarme... Somos gente civilizada y no vamos a hablar de ello, ¿verdad?

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