Vinos con estrella

por  |  4 de diciembre de 2012
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Los vinos también son víctimas de los movimientos astrales que determinan el ritmo, el desarrollo de su atmósfera, sus bases vegetativas. En este fin de otoño han brillado las estrellas Michelin, iluminando el panorama gastronómico nacional, pero para el resto de los mortales, el verdadero fiestón son las fechas navideñas.

En el Cristianismo, Jesús representa la luz en uno de los días más oscuros del año: el 24 de diciembre. Las cepas se representaban en las tumbas faraónicas como imagen del renacimiento. La viña nace y muere cada año, y su cliclo y su consumo están marcados por el calendario de las festividades religiosas.

Tanto el primero como el último milagro de Jesús tenían que ver con el vino. De las Bodas de Canaan debemos imitar el buen hacer del anfitrión: después de haberse acabado todos los caldos, sirve el que pasó de agua a vino. Los invitados están de acuerdo en que el último es el mejor y elogian la casa por haber dejado el mejor mosto para el final…

Y es que son muchos los que descuidan la parte final de las comidas; sobre todo, el maridaje de los postres. Y es tan fácil como aquella frase de los presocráticos: “Lo semejante ama a lo semejante”. Lo dulce requiere un dulce y no tiene que ser una mala bebida. Podemos empezar con estos dulces naturales con azúcar residual, con los Pedro Ximénez, con los moscatos o con los cavas dulces.

¿No os habéis fijado que en las bodas ya nadie puede acabarse la copa de brut nature? Pues no es solo porque están hartos. ¡Es porque no pega con la torta! Algo que podría convertirse en una regla de oro en las cenas de Navidad: no dejéis los malos vinos para el final.

Pensad en el trago del franciscano que, según esta costumbre, lo más exquisito es dejarse un poco de vino para el final y lograr así el mejor post-gusto. Empezad bien y acabad mejor, seáis católicos o no. ¡Y sobre todo si se trata del fin de año!

¿Empezamos con un cava gran reserva y acabamos dando la bienvenida al nuevo año con un dulce? ¡Con los turrones irá genial! ¡Felices fiestas!

 

* Imagen: Getty.

Acerca de Meritxell Falgueras

Soy una viña joven que crece en el Celler de Gelida, una bodega que ha dado grandes vinos durante cinco generaciones. Me han podado estudios de sumilleria y humanidades. Las lluvias han nutrido mis estancias en Italia, Estados Unidos y Francia, y han dado fruto a una vendimia excelente que ha recibido los elogios de la crítica con el premio Nariz de Oro joven promesa de Cataluña y del Estado. En vista me definen como transparente y brillante, con reflejos dorados y lágrima lenta. Un ensamblaje de letras y vinos que culminan con el paso por madera de una tesis doctoral sobre las metáforas del vino en la degustación. Tengo un bouquet de flores románticas y de fruta silvestre. En boca, muy salada, con un punto dulce y un post-gusto picante. Un vino cosmopolita que transmite a cada sorbo la joie de vivre.

Archivado en: Brebajes


4 Comentarios


  1. Así que no se puede maridar un dulce con un Brut Nature…qué risa.
    Una cosita más: en las bodas (a no ser que sean de la alta sociedad) no sirven Brut Nature, si acaso, cava peleón.

  2. Precisamente un dulce maridado con vino dulce es lo más empalagoso de este mundo, yo lo haría al revés.
    en las bodas no creo que pongan brut nature como bien dice Michael….
    Lo que si es cierto, es que hay que empezar con un brut nature para los aperitivos y primeros platos, y dejar los cavas dulces para el final (si es que se apuesta por un cava…)

  3. PS. en mi boda servimos brut nature, y no tenia que ser necesariamente caro, simplemente hay que buscar un poquito más.

    Es decir que con los postres es mejor un cava seco? Un moscatel está claro.. pero un cava seco no tiende a ser de peor calidad?

  4. El cava dulce es infame. Me gustaría que me dijerais uno que se pueda beber.

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