Entrevistando a Ferran Adrià: el making off

por  |  23 de noviembre de 2012
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Para Joan Marc y Pau. Dos chicos maravillos e inteligentes que además saben quién es Ferran Adrià.

Mi hijo mayor, Joan Marc, tiene un amigo, Pau, con el que a veces se junta para jugar a los videojuegos. Pau estaba el otro día con otro amiguito suyo, al que le contaba que su amigo Joan Marc, que sólo iba a segundo de primaria, era un niño muy inteligente y que además tenía todas las videoconsoloas. Al amigo de Pau, lo de la inteligencia de Joan Marc le dejó más bien frío, pero en cambio lo de las consolas llamó poderosamente su atención (lógico y natural) y le preguntó si el padre de su amigo, o sea yo, era millonario (blanco y en botella, leche, debió pensar). Por suerte, Pau salió en mi defensa y acertó al decir que yo no era millonario, pero que conocía al mejor cocinero del mundo. Pau se refería, obviamente, a Ferran Adrià.

Lo primero que me sorprendió fue que un chaval de nueve años supiera que hay un señor al que todos consideran el mejor cocinero del mundo, y aún más si tenemos en cuenta que por su edad, Pau es imposible que haya ido nunca a elBulli. Queda claro que Adrià, más que un cocinero de fama mundial, es un icono como Marylin Monroe. Si Andy Warhol hubiera tenido la oportunidad, seguro que lo habría inmortalizado en una de sus pinturas pop. Además, cuando Pau trató de impresionar a su amigo, la verdad es que yo aún no conocía a Ferran Adrià en persona, pero estaba a punto, ya que tuve la oportunidad de conversar largamente con él la semana pasada, en un entrevista que espero publicar en breve en Homo Gastronomicus.

La cosa se terció un poco por cómo suceden a veces las cosas: por estar en el lugar adecuado en el momento justo. Adrià estaba en Tokyo y habló de mi blog. Una persona que asistía a la charla y que me conoce, le dijo a Adrià que sabía quién era el autor de ese blog que acababa de mencionar. Y él, sin pensárselo dos veces, le dijo que me daría una entrevista. Todo esto lo supe de sopetón, gracias al bendito Twitter de mi alma y de mi corazón, después de haber pasado un fin de semana desconectado. Así que cuando me enteré, entré en estado de shock y a un paso del ACV. Ahí está mi esposa, a la que fui incapaz de contárselo de mi propia voz y a la que sólo le puede acercar la Blackberry para que lo leyera ella misma. Yo me refugié en la terraza de casa y me fumé media cajetilla de un tirón.

El resto fue cosa de cuadrar agendas. Me citó a las dos de la tarde. Hora de comer, pensé. E inmediatamente me vino a la cabeza la anécdota que cuenta Xavier Moret en su libro ElBulli desde dentro. Cuando preparaba el libro fue a cala Montjoi citado por el propio Adrià y calculó que le daría la hora de comer allí. Se pasó el viaje relamiéndose con todo lo que Adrià le iba a preparar y él a empujarse. Su sorpresa fue mayúscula cuando, llegada la hora del almuerzo, Adrià sacó dos cervezas y abrió dos bolsas de patatas fritas y le dijo a Moret que a él esa marca en particular de patatas fritas le gustaba mucho.

Así que no desayuné o mejor dicho desayuné tarde. A duras penas, pues los nervios me tenían el estómago atenazado y di un paseo por Barcelona como hacía tiempo que no daba. Llegué puntual y no hubo ni cervezas ni patatas fritas. Fueron dos horas de intenso huracán Adrià. Él pudo haber seguido ad infinitum, pero yo no y al final enarbolé la bandera blanca de la rendición ante tal vendaval. Me acompañó un buen amigo fotógrafo que pidió tomarle algunas fotos más, pues en las que tenía había salido muy serio. Adrià le replicó que para reír hay que tener un buen motivo y que, además, todo aquello de lo que estábamos hablando era una cosa muy seria. A continuación estalló en una enorme carcajada.

En fin,  Pau, camarada, ahora ya sí que conozco a Ferran Adrià. Salí de allí hambriento y después de haber estado dos intensas horas con el mejor cocinero del mundo, sólo a mí se me puede ocurrir ir a comer a un bar donde, sin duda, hacen unas de las patatas bravas más infames de Barcelona. Eso sí, la cerveza era de una marca que me encanta.

 

* Foto: Albert Santamaria.

* Nota del editor: la entrevista a Ferran Adrià se publicó en Homo Gastronomicus el pasado 25 de noviembre.

Acerca de Albert Molins

Me llamo Albert Molins Renter y, hasta donde recuerdo, siempre me ha gustado la comida y su mundo. Desde que acompañaba a mi madre al mercado y, después, compartía con ella tiempo y cazuelas en la cocina de casa, hasta que mi abuelo Joan me empezó a llevar a mis primeros restaurantes importantes o me perdía por la cocina y las cámaras frigoríficas del hotel que regentaban mis abuelos paternos. Será por eso que me gusta escribir sobre gastronomía en mi blog Homo Gastronomicus y, ahora, también aquí (donde publicaré mis caras B). Estudié Periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona porque quería contar historias y en eso sigo (lo gastro tiene su relato). También estudié Ciencias Políticas pero me quedé a dos asignaturas de licenciarme... Somos gente civilizada y no vamos a hablar de ello, ¿verdad?

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