El nombre de las cosas

por  |  9 de noviembre de 2012
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Aviso, estoy cabreado. Las cosas tienen un nombre por algo. El lenguaje también puede y debe ser exacto. El otro día fui a comer a un restaurante de esos de menú a 10 euros y en las opciones de segundos platos, el honesto restaurador, con gran alegría de sus gónadas, ofrecía Pulpitos de la Costa. Y tan tranquilo, oiga. ¿De qué diantre de costa se suponía que iban a ser esos pulpitos? Y no sé por qué, pero se me apareció la de Senegal porque, si tenían que ser de la nuestra, era imposible que al honesto restaurador le salieran las cuentas. A pesar de todo, como mis gónadas son mayores que las de cualquier honesto hostelero, los pedí. Efectivamente, los pequeños cefalópodos eran patagónicos como mínimo…  por lo de congelados quiero decir.

Y es que ya está bien de que nos tomen el pelo y de que nos lo dejemos tomar. Ya está bien de que las vieiras, las navajas y los berberechos siempre sean de la ría, cuando en realidad son de risa, de vaya usted a saber dónde demonios y no tienen ni padre ni madre conocidos. ¿Y lo de la carne? Que si buey, que si ternera gallega, que si añojo argentino y el cuento de nunca acabar. No me voy a extender y al que le interese el tema que lea este artículo de Jorge Guitián, pero lo del  buey de Kobe es para mear y no echar gota, señores. Entre otras cosas, porque, a menos que vayamos a Japón y tengamos suerte, es imposible comerlo en cualquier otro sitio, básicamente porque, hasta donde yo sé, parece que no se puede exportar. ¡Ni tan sólo no se pueden exportar su semen o sus embriones!

Fuera de Japón, como mucho, podemos aspirar a comer buey de raza Waygu (o vaca o ternera o lo que sea que sea el bicho) cruzado con culaquiera otra raza y críado en las extensas praderas de Nebraska, Australia o Nueva Zelanda o incluso Burgos, pero seguro que nunca ha recibido los dulces y alcohólicos masajes de un ganadero nipón con judogui. Es más, lo del buey de Kobe parece más un mito que una realidad e incluso en el propio Japón es difícil que no te den gato por liebre.

Ahora tenemos el escándalo del Aceite de Oliva Virgen Extra, que resulta que en muchos casos no es ni tan virgen ni tan extra. Y antes tuvimos la mal llamada guerra del cava que destapó las tropelías que cometían las dos grandes maisons catalanas y sus miserias, mientras el consejo regulador de la propia DO, y eso si son gónadas Brut Nature, miraba hacia Cuenca. Y para rematar, el otro día veo en televisión un anuncio de una marca que fabrica embutidos de forma industrial que anuncia un jamón cocido como, agárrense lo machos (o las gónadas), ¡artesano!

Y nadie dice nada. Bueno sí, la OCU de vez en cuando. Pero exigir que a las cosas se las llame por su nombre, que en las cartas de los restaurantes no se pueda decir según qué barbaridades, que no valga cualquier cosa para vender lo que sea y de excentricidades como trazabilidad y saber con certeza qué comemos y de dónde viene, nasti de plasti.

Una última cosa. Amigos de toda España: eso del pantumaca, vosotros sabréis lo que es, pero en Catalunya siempre le hemos llamado (y escrito) pa amb tomàquet. Y eso es todo lo que tenía que decir. Gracias.

 

* Imagen: Jennifer Woodard Maderazo.

Acerca de Albert Molins

Me llamo Albert Molins Renter y, hasta donde recuerdo, siempre me ha gustado la comida y su mundo. Desde que acompañaba a mi madre al mercado y, después, compartía con ella tiempo y cazuelas en la cocina de casa, hasta que mi abuelo Joan me empezó a llevar a mis primeros restaurantes importantes o me perdía por la cocina y las cámaras frigoríficas del hotel que regentaban mis abuelos paternos. Será por eso que me gusta escribir sobre gastronomía en mi blog Homo Gastronomicus y, ahora, también aquí (donde publicaré mis caras B). Estudié Periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona porque quería contar historias y en eso sigo (lo gastro tiene su relato). También estudié Ciencias Políticas pero me quedé a dos asignaturas de licenciarme... Somos gente civilizada y no vamos a hablar de ello, ¿verdad?

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8 Comentarios


  1. De acuerdo con que las cosas se llamen por su nombre, pero ¿la culpa la tiene ese “restaurador” sencillo de “menú a 10″, o la tiene ese “restaurador” pretencioso, que para denominar un plato le pone más nombres que al heredero de la Corona?, total para que luego la presentación, sea de risa, ridícula, pretenciosa, snob…, eso sí “con maridaje”. Y no hablemos de la cuenta, que sí guarda relación, en el tamaño, con el nombre sobrecargado, del dichoso plato, perdón “bocado”. Y hablando de cuestiones étnicas (por lo del “pantumaca”) cuidado a qué se le denomina “paella”.

    • Carlos, gracias por tu comentario. Lo del pantumaca no es una cuestión étnica…. lo siento, pero no es ni tan sólo una cosa de nacionalismo gastronómico…. Se trata de que respetemos el nombre que tienen las cosas. Tan fácil como esto.

      En alta cocina, sobre todo en mala alta cocina, también se cometen barbaridades. Pero uno no quita lo otro. Y lo que no se puede es engañar. Y esos pulpitos engañaban.

      Y es cierto, tampoco todo lo que se comé como paella es tal cosa.

  2. Yo también soy catalán y, la verdad, no veo nada de malo en el uso castellano del palabro ‘pantumaca’. Ningún inglés se ha quejado por ‘beicon’ y creo que, tarde o temprano, la RAE acabará aceptando ‘plúmqueic’… A los hijos adptados también se les quiere, no? Pues eso ;)

    • Mira boss, yo no tendría inconveniente que en castellano se llamara pan con tomate, al pa amb tomàquet.

      Y la RAE, perdóname, no es infalible como el Papa. Como no lo es el propio Papa. También ha aceptado Iraq y no Irak y güisqui y no whisky. Y se equivoca.

  3. Estoy de acuerdo con el artículo. Yo he tenido la experiencia de ver hechos parecidos con mucha frecuenci, cada día mas….
    En cierta ocasion me encontraba en la provincia de Cadiz y me acerqué a la Capital y por deformacion prfesional me metí en el mercado de abastos. Al poco empecé a ver un cartel que se repetía en casi todos los puestos de pescado. Decía así: “De la bahia”. Allí todo era de la bahia, cuando por poco que entiendas sabes que algunas especies son de cientos de kilometros o millas, de allí. Donde yo vivo, en Asturias, pasa casi lo mismo. Casi todo lo pescado es de “Avilés o Gijón….ya, ya…..

    • Hazzio, gracias por tu comentario. Como mínimo en mi caso el precio se ajustaba a lo ofrecido. El auténtico drama es cuando además del nombre el precio también es el que correspondería a su orígen o calidad, pero en realidad lo que nos venden es de origen dudoso o de una calidad inferior.

  4. Cuanta razón Albert,

    Son ganas de dorar la píldora.
    Aunque de echo ofrecía “Pulpitos de la Costa” pero no decía de que costa ;-)

    • Ya pero en Catalunya todos entendemos lo mismo, cuando hablamos de pescado de la costa o pescado de playo. Exactamente lo mismo que comentaba Hazzio sobre el pescado de la bahía en Cádiz. Esos pulpitos, así anunciados eran un fraude en toda regla.

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