Vivir en la canela

por  |  5 de octubre de 2012
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“Para vivir no quiero / islas, palacios, torres. ¡Qué alegría más alta: vivir en”…  ¡la canela! Si Pedro Salinas la quería limpia (los pronombres), despojada de disfraces, hay quien prefiere edulcorar la alegría. Inquietante fascinación, la del rock and roll por la canela. No imagino al hirsuto Neil Young de finales de los sesenta y sus Caballo Loco hincando la cucharilla en un postre de leche merengada cubierto de una frondosa capa de motas marrones.

Pero él dice que quiere vivir con su chica de canela, que podría ser feliz el resto de su vida con su chica de canela. La metáfora, claro, está trillada. El plomizo mito del amor romántico. Y seamos sinceros: su capacidad de persuasión en la cultura popular se mantiene aún hoy casi intacta a través de estrofas facilonas y películas de Hollywood. Tan empalagosas y efímeras como un atracón de canela. La especia más sabrosa, dulce y picante, que colma súbitamente todos los anhelos de nuestro paladar.

“Antes de Sally no sabía lo que era la felicidad, los nubarrones negros solían atraparme. Venida del cielo, Sally Canela, tú eres mi mundo”, cantaba ufano un pre-lisérgico Ian Brown en Sally Cinnamon, uno de los primeros pildorazos del sonido Manchester.

Pero si el amor es, en cambio,  ese bocado paciente y profundo que nos permite escapar de la trampa de la identidad propia, saltar por encima de la neurosis y reconciliarnos con el misterio del otro; la canela es un fugaz espejismo. Un transformista que enmascara los sentidos con disfraces.

No por casualidad se usa a poquitos; para hacer el curry, para aromatizar el té. Pero ¡ay! ¿A quién no le ha pasado que en uno de esos días, con la cabeza obnubilada por él o ella, mientras preparas un arroz con leche… te pasas al espolvorear la especia de Ceilán? La canela atasca las papilas gustativas (el amor, decía Chesterton, es un gran atasco).

Acerca de David Marcial Pérez

Potaje de periodista con abogado. Añada un chorrito de politología y media cucharada de economía. Listo para emplatar con pasión por las Letras. De postre: Máster UAM/El País y posgrado de periodismo grastronómico por la UCM. Disfrutando de la sobremesa en el diario Cinco Días.

Archivado en: Gastrocanciones


2 Comentarios


  1. gastromusic? !qué gran acierto!, a la par que deleita la lectura, se escuchan con placer canciones casi olvidadas,

  2. con frecuencia me he preguntado qué sería la vida sin la canela, a la que soy adicta, por el simple placer del gusto. despues de leer el magnífico artículo,afirmo la vida sin canela, como sin amor, no sería vida y !arriba los atascos!. gracias.

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