Paso unos días en Cardiff, la capital de la muy desconocida Gales. Como en todo el Reino Unido,s e come de miedo, pero hay que saber buscar dónde. Creo que lo que acaba pasando con la gastronomía británica es algo así como un abandono. Se van abandonando en la vida diaria, atrapados entre sandwiches y la sección de comidas prefabricadas del Tesco, hasta que se descubren demasiado lejos como para volver. Aunque siempre hay camino de vuelta, por supuesto. Y el Reino Unido es tan grande y complejo que allí me he encontrado, sin duda, los mejores gourmets domésticos del mundo.
Es en estas periferias británicas dónde encontramos deliciosos platos del acervo cultural local, y donde el refinamiento gastronómico paisano supera el kitsch gastronómico con cierta rebeldía. En el pueblecito de Laugharne, así lo reza un cartel en el café local: “Este no es un café fast food. Cocinamos todo lo que servimos y disfrutamos haciéndolo“. La orgullosa proclama evidencia tanto el problema existente como que mucha gente se rebela contra él desde pueblos y ciudades de esta campiña. No hay más que probar el asequible menú que se ofrece en el Fresh Restaurant, en el corazón de Cardiff Bay, al ladito del Parlamento galés, en donde los productos locales, como el magnífico cordero, se ensalzan y realzan; el delicioso menú tiene tanto acento local que uno cogería el coche, tomaría peligrosamente las rotondas por la izquierda y se iría a descubrir otros platos ancestrales como las algas con berberechos en South Pembrokeshire, la pesca ahumada de las Black Mountains, los quesos del valle de Telfi…
Si en España la construcción de la imagen promocional de la gastronomía bascula alrededor de los chef estrella, aquí en Gales los productores (granjeros, pescadores, queseros) salen en las fotos con la misma frecuencia que las chaquetillas de los cocineros, en un mano a mano que concede a las verdes colinas y a sus granjas una oportunidad para lucirse por ellas mismas. Casi todos, unos y otros, están en la asociación Wales The True Taste. Una inteligente estrategia de promoción turística para un destino emergente en lo gastronómico. Aunque la moda del cocinero estrella pase, la pasión por los productos será tan eterna como nuestro propio apetito.
Foto (Manu Gago): Café en Laugharne (South Pembroke, Gales).
Acerca de Manuel Gago
Nací en Palmeira (Ribeira) en 1976, en pleno corazón de la Ría de Arousa. Desde esa me he dedicado a contar historias. Me gano la vida como periodista cultural, dirigiendo culturagalega.org y como profesor de periodismo en la Universidad de Santiago. Y llevo muchos años metido en esto del gastroperiodismo, del cual me interesa todo pero sobre todo lo auténtico y la raíz. He hecho exposiciones sobre la historia de la cocina, como 'Ao Pé do Lar', libros de gastronomía contemporánea como 'Rías Baixas Territorio Gastronómico' y desde el 2003 me dedico a estimular las papilas gustativas del personal con mis vinos, cocinas, cocineros, productos y productores preferidos en Capítulo Cero. He pasado de gourmet a activista en la cosa gastronómica: como Arguiñano, me gusta comer con fundamento, pero como diría David de Jorge, sin dar la tabarra.
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