En apenas dos meses y medio, la mitad de ellos de vacío tenístico, España ha pasado de acariciar la Copa Davis en Praga a desmoronarse en Canadá. Un lapso de tiempo muy corto como para una caída tan frenética y muy corto para encontrar una sola explicación acertada a este accidente.

Para entender el proceso de descomposición finalizado en el Thunderbird Sport Centre de Vancouver este fin de semana hay que remontarse a la final de 2011, la de Sevilla, justo al acabar. Allí, en pleno fervor, y con la ensaladera aún en la mano, la mayoría de los jugadores anuncian que la historia de amor con la Davis se está acabando, que priorizarán sus carreras personales una vez ganada la quinta.

Hasta Albert Costa, capitán de ese equipo, salta un escalón en la Federación y deja libre el banquillo. Tras unas duras negociaciones, Álex Corretja se convierte en nuevo seleccionador, su única condición es disponer de dos años. ¿Por qué dos años? Con las declaraciones de los jugadores, 2012 se presumía horrible y Álex quería disponer al menos de una segunda opción por si la primera tentativa fallaba.

Sin embargo todo sale al revés. Un muy agradecido sorteo con tres rondas seguidas en casa y el sensacional trabajo de Corretja –convenciendo a los jugadores- devuelve la ilusión a los tenistas, que poco a poco se van subiendo al carro. Almagro toma las riendas del equipo, Ferrero echa una mano en su último año, y por si fuera poco, a David Ferrer le vuelve el gusanillo y terminado volviendo.

De un cambio de ciclo se pasa a una final, difícil pero ganable, en Praga. Es noviembre y Ferrero, ya retirado, pasea por el puente de Carlos, Ferrer está en el mejor momento de su carrera y solo la duda de si jugará Almagro o Feliciano empaña la armonía del equipo. Casi sin querer, España acaricia su sexta Copa Davis. Corretja se decide por Nico, que pierde a los puntos frente a Berdych, pero naufraga en el punto decisivo ante Stepanek.

En 2013 el rival que sale del bombo es Canadá, a domicilio, a 22.000 kilómetros de Australia, donde se juega la semana anterior, y con un cambio horario de más de 15 horas. Almagro se lesiona frente a Ferrer en Melbourne, este anuncia que necesita descanso. Feliciano, descartado en Praga, se convierte en un tabú. Y Verdasco, más de lo mismo. Por si fuera poco, Roberto Bautista, explota y juega como nunca, pero se lesiona cuando ya estaba convocado. Solo el equipo de doble se sostiene.

El segundo año, por el que Corretja negoció hasta la extenuación, se convierte en un caramelo envenenado, en un horror. El equipo que viajó era el mejor posible, pero necesitaban un milagro y algo de suerte…  y no hubo ninguna de las dos cosas.