Richard Gasquet lleva el tenis en la sangre. Sus padres han sido profesores de este deporte. Estaba claro que su futuro pasaba por el mundo de la raqueta. Se trata de un tenista de mucho talento, con un estilo ofensivo. Tiene un buen juego desde el fondo de pista y su calidad le permite ejecutar golpes de gran dificultad. Junto a Federer posee uno de los reveses a una mano más estéticos del circuito, pero la elegancia no da triunfos.

El domingo fue derrotado en la final del Maters 1000 de Toronto frente a Novak Djokovic. El francés perdió la oportunidad de ganar su primer Masters. Es la segunda final de este torneo que se le escapa. La primera fue en 2006. Cayó ante Roger Federer. A ello hay que añadir otra en el Masters Series de Hamburgo en 2005. Después de ganar la medalla de bronce en Londres 2012 en dobles junto a Julien Bennetau, daba la sensación de que un buen partido contra el serbio podría suponer el despegue que muchos esperaban de él. Sin embargo, no estuvo a la altura y el martes volvió a caer en primera ronda del torneo de Cincinnati contra el canadiense Milos Raonic. Una decepción más. Y ya van unas cuantas.

Gasquet es un tenista completo. El actual número trece de la ATP ha ganado en todas las superficies. En tierra (Gstaad 2006 y Niza 2010) en pista dura (Mumbai 2007), en fibra sintética bajo techo (Lyon 2006) y en hierba (Nottingham 2005 y 2006). Sin embargo, no son torneos de mucho nivel. Se esperaba mucho más.  Posiblemente le ha podido la presión por lo que prometía. En su momento fue de los tenistas con más éxito en categoría júnior, en la que fue número uno del mundo y se proclamó campeón de Roland Garros y del US Open. En 2002, debutó en el Grand Slam galo con 15 años y 11 meses.

Uno de sus problemas es que siempre ha tenido que luchar contra el fantasma de Rafa Nadal. Ambos tienen la misma edad y prometían carreras de notoriedad. No obstante, el desarrollo ha sido bien diferente. De los diez enfrentamientos entre el francés y el mallorquín, Gasquet los ha perdido todos.  En esa decena de encuentros solo ha sido capaz de arrebatarle cuatro sets. Estaba destinado a ser el máximo exponente del tenis francés, pero ha visto cómo Jo-Wilfried Tsonga y, en ocasiones, Gilles Simon han sido superiores a él.

Tal vez su mejor año fue en 2007, en el que por primera vez entró entre los diez primeros y ocupó el puesto más alto de su carrera, el séptimo. También llegó a su primera semifinal de Grand Slam. Fue en Wimbledon 2007, cuando cayó frente a Roger Federer. Ese mismo año logró el último puesto a la Copa Masters. Desde entonces ha tenido un bajón en su rendimiento. En 2009 fue acusado de consumir cocaína, pero finalmente el TAS le retiró la sanción al considerar que no tomó la sustancia conscientemente. Desde entonces alterna buenas y malas rachas. Tiene capacidad de sobra, pero le falta la fortaleza mental que tienen los campeones, como el zurdo de Manacor. A sus 26 años, todavía puede dar el despegue definitivo, pero para ello necesita ganar un título importante.