La temporada tenística suele atravesar en febrero una especie de desierto de torneos de gran entidad. Entre el frío del hemisferio norte y la temprana fase del curso, los tenistas tienen que elegir entre hacer las ‘Américas’ en torneos menores de tierra en Iberoamérica o ganarse las habichuelas en las rapidísimas pistas indoor europeas.

Esta elección es un arma de doble filo para muchos jugadores especialistas en tierra, pues la opción de viajar a Sudamérica suele obligarles a llegar a los Masters de Miami e Indian Wells o sin apenas preparación en superficie rápida. Los jugadores españoles siempre han elegido cruzar el Atlántico, donde son siempre favoritos y suelen triunfar en torneos como Viña del Mar o Acapulco.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, cada vez son más los que deciden quedarse en la helada Europa para jugar en Rotterdam o Marsella. Aun sabiendo que las estadísticas dicen que son tierra prohibida para especialistas en tierra batida.

El caso más flagrante es el de la ciudad holandesa de Rotterdam. De categoría ATP 500, es el más importante de cuantos se disputan en febrero. La ciudad que alberga el mayor puerto de Europa también acoge el último gran refugio para sacadores y jugadores de ataque. Nunca un español ha ganado allí, y solo dos fuera de serie como Bjorn Borg y Guillermo Vilas han sido capaces de vencer en Holanda siendo especialistas en polvo de ladrillo.

Krajicek, Ivanisevic, Mirnyi, Stepanek, Youznhy (menos sacador que los anteriores, pero igualmente atacante) o Llodra, han sido algunos de los últimos vencedores, todos ellos jugadores chapados a la vieja usanza y que basan (o basaban en el caso de estar ya retirados) en el servicio y la volea su juego. Todo ello que Róterdam siga siendo la cuna del ‘otro’ tenis.