A Rafa Nadal no se le resiste casi nada. Cincinnati es ese casi. El torneo que acaba de arrancar en la América profunda es junto a Paris Berçy, el Masters 1000 que peor se le da al jugador de Manacor.  Las razones, varias: su mala situación en el calendario, entre dos grandes torneos como Montreal y el US Open  se suma a la rápida y acalorada pista.

Nadal nunca ha jugado una final en Cincinnati. El año pasado se presentaba en la estepa americana como número uno indiscutible, atravesando su mejor momento. Entonces se le cruzó Baghdatis en cuartos de final, que precisamente le ganó un partido muy similar al que el balear perdió el pasado.

Más preocupante resulta echar la mirada aún más atrás. En 2008 y 2009 Rafa no llegó en su mejor momento, está fase de la temporada es la que tradicionalmente más le cuesta. En aquellas ocasiones perdió dos veces en semifinales y casi por idéntico resultado frente a Novak Djokovic. Que luego tampoco llegó a ganar el torneo en ninguna ocasión.

La lectura está clara, las estadísticas valen para poco en el tenis. Y menos cuando entramos en esta fase de la temporada en la que el cansancio y los ‘picos’ de forma hacen estragos entre muchos de los favoritos. Tampoco Nadal había jugado nunca una final del US Open,  y cuando lo ganó llegó a la final sin perder un solo set. Lo que sí se puede asegurar es que el torneo está abierto, quizás Nadal vuelva a doblegar a su pasado, otra vez.