El Ministro Cañete se está planteando modificar la legislación en materia de caducidad de los productos, y los yogures podrían ser el “laboratorio de ensayos”. Para ello se podrían ampliar los plazos legales ahora establecidos para que un yogur caduque al mes en lugar de a los 28 días.

En teoría, se trata de evitar, entre otras cosas, de despilfarrar, pues como dice un estudio conocido estos días, la mitad de los alimentos que se producen terminan en el cubo de la basura, cuando esos mismos alimentos servirían ni más ni menos que para acabar con el hambre en el mundo: se producen 4.000 millones de toneladas de alimentos al año y se tiran entre 1.200 y 2.000.

Ahora se trata de que entre agricultores, distribuidores, grandes empresas alimentarias y el propio Ministerio de Arias Cañete cambien las cosas y mejoren lo actual.

Supongo que se buscará, por ejemplo, que no tiremos alimentos que están bien; además, sacar un valor añadido a esos muchos productos que, sin necesidad, se retiran de la cadena alimentaria, como ocurre con muchas frutas y verduras; por ejemplo, que vuelvan a la cadena a precios mucho más baratos y se utilicen de alguna manera para ciertas industrias o para los consumidores que quieran gastarse menos dinero – una naranja en perfecto estado pero con alguna tara -, siempre que se garantice al milímetro la seguridad de las personas que luego lo van a consumir.

Yo no tengo muy claro que esto de ampliar los plazos vaya a ser una solución, y sí veo más factible el que los productores, envasadores o distribuidores cambien ciertas políticas comerciales para adaptarse plenamente – ya se hacen algunos avances – a los nuevos hábitos: en el mundo de todo envasado, posibilitar compras para casas monoparentales o familias con pocos miembros. Por ejemplo, paquetes de menos de seis yogures, envasados de frutas y verduras, o carne, o pescados de menos de un kilo…Y en eso hay quien seguramente pondrá reparos porque lo que le interesa es vender y no tanto que buena parte de ellos terminen en el cubo.

Pero sobre todo, una cosa fundamental para evitar tanto despilfarro de alimentos, lo que lleva aparejado un gran despilfarro de dinero, es montar grandes campañas de información y concienciación al consumidor, desde las institucionales y desde los sectores más proclives a cambios, por ejemplo, el de los lácteos, las frutas… Y también información mucho más detallada, precisa, en los propios productos y envases para que la gente sepa hasta dónde puede consumir un producto. Lo primero, que muchos aprendan a distinguir entre una fecha de caducidad y una fecha de consumo preferente. Que es algo que sigue generando muchas dudas en millones de usuarios. Los consumidores tenemos muchas dudas, y pocos etiquetados nos las solventan en el etiquetado. Necesitamos mucha formación en materia de congelación, descongelación, conservación, tratamiento de los alimentos, comprobación del estado de muchos alimentos… Y claro, en muchos casos, va a la basura. Claro que de esto, algunos hasta se benefician.