José Miguel Rodríguez, director de la Fundación para la Salud Geoambiental

Arranca el curso escolar y de nuevo miles de alumnos estarán expuestos a las radiaciones del WiFi. A pesar de las recomendaciones del Consejo de Europa de limitar la exposición de niños y jóvenes a esta tecnología, en España no está haciendo nada por retirarla de las aulas y sustituir las conexiones inalámbricas por instalaciones más seguras para la salud, como el cableado. Ante esta inacción, la plataforma ‘Escuela sin wifi’ va a destinar 100.000 euros a becas para que docentes de más de 500 colegios puedan formarse sobre los riesgos que entraña esta forma de comunicación. Los fondos serán aportados por la Fundación Vivo Sano, una de las organizaciones que impulsan esta campaña junto con la Organización para la Defensa de la Salud y la Fundación para la Salud Geoambiental.

En contra de la creencia generalizada, la antena wifi del ordenador o portátil emite más radiaciones que el router en sí. Cuando el aparato está recibiendo o emitiendo datos, la antena del portátil está emitiendo 10 veces por encima de los límites recomendados como seguros por los científicos que firmaron la Convención de Salzburgo o por los estudios científicos recogidos en el Informe Bioinitiative.

Los profesores de Primaria y Secundaria, los alumnos y sus padres tienen que saber que cualquier persona que esté trabajando con su portátil conectado a internet está sometida a una radiación más intensa que si se coloca a 100 metros de una antena de telefonía. Sin embargo, la gente sí es consciente del riesgo que supone una antena de telefonía, mientras que no percibe el portátil como una fuente de riesgo.

Los niños además son una población muy vulnerable, al estar en pleno desarrollo. Son muchas horas al día durante muchos días durante muchos meses los que están expuestos a unos efectos que, aunque muchos se empeñen en minimizarlos, la realidad es que aún no los podemos cuantificar. Es urgente apelar al principio de precaución y evitar que nuestros niños estén bajo su influencia tanto tiempo.

Somos conscientes de que la atención ahora mismo está en otros frentes, pero no podemos descuidar esta amenaza invisible, que sin duda en un futuro pagaremos muy caro. Desoír las alertas tempranas tiene altos costes tanto para la salud como para la economía. No se trata de renunciar a internet ni a las nuevas tecnologías, sino de utilizar el cableado, una opción limpia y segura.