Lata de conservasCuando compro algo, me gusta saber qué compro. Estos días el nuevo estudio de OCU ha puesto de manifiesto la diferencia entre elegir bien o mal, con ahorros importantes si opostamos por mirar nuestro bolsillo o somos más ‘descuidados’. Incluso ahora las tecnologías nos permiten saber si la cerveza que vamos a comprar, o la pizza tres quesos, o las cervezas, están más o menos baratas donde estás comprando o hay una oferta mejor en el súper que hay a la vuelta de la esquina.

Pero hay otra cosa que me gusta saber –como a muchos de vosotros- y es el origen de los productos.

Quiero saber el origen de un tablero que voy a comprar, si las maderas son de un tipo, si no provienen de determinadas zonas, si son ecológicas, etc.

De la ropa también se puede saber si pertenece a empresas denunciadas por prácticas irregulares en su fabricación, como la explotación de los niños, de los adultos.

Si los vaqueros han sido tratados con un método de envejecimiento peculiar, como el ‘sandblasting’, que es muy perjudicial para los trabajadores, incluso mortal por el polvo ‘mortal’ que genera en su tratamiento.

O, simplemente, me gusta saber que el alimento tiene un origen que me da mucha más confianza, que su sabor o su textura es más agradable. No es lo mismo un pescado de una zona del mundo que de otra, o unas frutas, o unos embutidos, o unas legumbres.

Por eso no me gusta que el Europarlamento haya dado “manga ancha” para que en las conservas de pescado se pueda hurtar a los consumidores un dato tan importante como el origen, de dónde son, dónde se han envasado. Y ya hay muchos casos en otro tipo de productos.

Y no me gusta que podamos comprar mejillones, o navajas, o sandiníllas o erizos de mar sin saber si son de Galicia, de Asturias o de Andalucía… o bien de Perú, de Ecuador, de Argentina o sabe Dios de dónde. Sin ánimo de comparar las calidades de unos y otros. Pero es obvio que hay diferencias más que notables. Entre otras cosas porque además de parecerme que es una información vital, puede darse a prácticas fraudulentas. Y porque me parece un desprecio al consumidor.

Además, extraña que alguna diputada europea española, gallega para más señas, haya defendido el planteamiento, y mucho más que Europa ‘trague’, sobre todo cuando vamos a todo lo contrario, la máxima información, la mejor información para el consumidor.

Claro que todo esto probablemente tenga mucho que ver con ciertos “lobbys” interesados en que algunos fabricantes salgan beneficiados, que pueden potenciar lel que algunas industrias se deslocalicen – ya lo están – y puedan montar su fábricas en lugares más baratos, con productos más baratos, con mano de obra más barata… Y un freno para ello, para no para vender sus productos, estaría en tener que dar fe del origen del producto, de dónde se hace, de la especialización… Tapando cierta información, todo es más fácil. Incluso se favorece un mercado en auge como el de las marcas blancas.. Y si no sabemos de dónde vienen los chipirones, las almejas, los mejillones, mejor que mejor… El negocio, por encima de los consumiodres. Mandan los que mandan. ¡Qué asco!