Cada vez es más habitual encontrar movimientos para evitar que cada día se tiren a la basura muchos alimentos que podrían tener otros usos, salvar vidas incluso: hasta 300 niños mueren ¡cada día! en el mundo por falta de alimentos. Aquí ya hay niños que no comen bien por culpa de la dichosa crisis.

Por eso me ha gustado el plan del gobierno, anunciado esta semana, para reducir un grave problema. Se calcula que en Europa se desechan cada año 69 millones de toneladas de alimentos que son perfectamente aptos para el consumo, cifra que asciende hasta las 9 toneladas en nuestro país. Un desperdicio intolerable siempre y mucho más en los tiempos que vivimos. Y a veces es por puro consumismo, falta de organización, pero también fruto en muchos casos de medidas de seguridad a veces excesivas. Me refiero a esos alimentos que todos sabemos que se pueden consumir perfectamente aunque la fecha de caducidad haya pasado unos días, pero que por falsos miedos acabamos poniendo en la basura. No pasa nada en unos yogures si han estado bien conservados, en los aceites, incluso en ciertos alimentos envasados, latas…

Esta situación va a llevar a revisar las circunstancias reales en los casos de las fechas de consumo preferente y fecha de caducidad, que todavía tiene descolocada a muchos consumidores, vamos, que los confunden por falta de información. Esto no se mueve desde hace décadas y las nuevas tecnologías probablemente han cambiado mucho las cosas en los últimos tiempos. Muchos alimentos ponen una fecha ‘por decreto’, pero su vida útil es mucho mayor. Naturalmente, cambios necesarios, pero sobre todo con todas las garantías para el consumidor y con la puesta en marcha de potentes campañas informativas que permitan a los usuarios hacer un consumo responsable, saber cómo actuar con unos y otros alimentos. Eso sí, medidas para acabar con un problema, no para favorecer a algunos…

Porque nadie quiere tirar comida la basura, y menos con la que está cayendo. Y eso que casi la mitad de las toneladas de alimentos que terminan en la basura innecesariamente proceden de los hogares, frente al 40% que se desecha en la industria alimentaria y el 14% de la restauración y el 5% del comercio. También aquí, fuera de los hogares, hay que buscar salidas a esos desperdicios de alimentos perfectamente válidos que tienen otras salidas mucho más dignas. Está claro que a este problema hay que ponerle fecha de caducidad. Y cuanto más corta, mejor.