Cambio de hábitos a dos bandas
David Hurtado, responsable del área de comunicación de CECU
Durante estos días se celebra un año más la Semana Europea de la Movilidad y si bien el objetivo de este año se centra en cuestiones más técnicas relacionadas con los Planes de Movilidad de la UE, desde las entidades sociales no podemos perder la oportunidad de recordar la finalidad última de estas jornadas: promover un cambio radical en la concepción de la movilidad de nuestras ciudades con la idea de conseguir hacer de ellas entornos más agradables y habitables.
Se trata, al fin y al cabo, de valorar si las ciudades en las que muchos vivimos son como nos gustarían, si estamos satisfechos con sus ruidos, sus humos y su tráfico o si preferiríamos disfrutar de más calles peatonales, vías para ciclistas, zonas verdes… La elección parece sencilla, pero conlleva una importante transformación de hábitos en dos direcciones: por parte de los usuarios del transporte y por parte de las administraciones.
Por la parte del ciudadano, la decisión de convertirse en peatón, ciclista o usuario del transporte público no resulta sencilla: suele ser más cómodo y, en ocasiones, más rápido coger nuestro coche y desplazarnos a donde queramos, aunque no solemos ser conscientes del precio que pagamos en contaminación, ruido, gasolina, tiempo de aparcamiento… La primera necesaria transformación tiene que ser la de los hábitos de transporte de los usuarios, la de la elección, siempre que se pueda, de un transporte más limpio y la de ser conscientes de lo que ocurre en una ciudad cuando cogemos nuestro coche.
Sin embargo, no nos lo ponen nada fácil. Por desgracia, las administraciones y, especialmente los ayuntamientos, no han sido los mejores aliados para ayudar en ese necesario cambio de mentalidad. Las habituales políticas del corto plazo, la planificación inadecuada de las ciudades y, ahora, el manido argumento de la crisis están consiguiendo, más bien, lo contrario: poner palos en la rueda de esta transformación social.
Se requiere por tanto, el compromiso real de las administraciones y, por tanto, un cambio también en la forma en la que ellas se enfrentan al transporte en las ciudades. Deben ser conscientes de que es su deber poner a disposición de los usuarios unas ciudades más habitables y, para ello, proporcionar un transporte público eficiente, rápido y amplio y gestionarlo de forma eficaz para que también resulte económico. Igualmente se debe optar por la movilidad limpia que proporciona el transporte en bicicleta y abrir espacios en las ciudades para que este transporte no sólo sea posible, sino también seguro.
Con el Día Sin Coches, que cierra la semana el próximo sábado, los ayuntamientos tienen la posibilidad de informar a los ciudadanos de sus opciones, de acercarles al transporte público con la apertura de puertas durante ese día y de animarles a utilizarlo; los usuarios también tenemos la oportunidad, casi la obligación, de aprovechar la ocasión para conocer otras formas de transporte y darnos cuenta de que nos dará muchos beneficios, también para el futuro.











