Hace no muchas semanas, la Defensora del Pueblo en funciones propuso “marcar”  todos los papeleos más o menos importantes de los usuarios con los bancos por colores. Se me ocurre: Por ejemplo, verde si no eran arriesgados; amarillos, de relativo riesgo; rojos, cuando el riesgo es alto. Algunos consideraron la propuesta como simple, sin valorar que en un mundo como el financiero, con muchos que no sabemos por un lado y pocos que manejan los hilos y, no pocas veces, con pocos escrúpulos, podría ser una fórmula para evitar más que un descalabro financiero familiar.  Por ejemplo, muchos de las que cayeron  en la redes de “La Tapadera” de las preferentes  no hubieran picado en semejante engaño.

Pero esta propuesta, que tiene voces a favor de “hacer algo” para evitar situaciones que demasiado a menudo afectan a  los consumidores,  tiene otras propuestas  que ya han debido llegar incluso a la Moncloa. Por ejemplo, la de OCU, Organización de Consumidores y Usuarios, que pidió recientemente a Rajoy que creara una Agencia de Protección del Consumidor Financiero.  Lo hizo a raíz de la cumbre del G-20, donde y ya se habló de la necesidad de mayor protección al consumidor, aunque, curiosamente, la protección real, con más o menos éxito, llega a la otra parte, los bancos. Nada nuevo. Lo que no quita que, como dice OCU, ” España es un fiel reflejo de la necesidad de reforzar la protección a lo consumidores. Son miles los consumidores afectados por los abusos de las entidades financieras”. Desde las cláusulas abusivas, como las “hipotecas suelo”,  los SWAP,  o las recientes participaciones preferentes. Como dice la propia OCU, todo “ante la pasividad del Banco de España, incapaz destajar estas prácticas abusivas”, cuya actividad de control de las entidades bancarias y sus desaguisados merece tanto crédito como las palabras de Gunilla Von Bismarck, mujer trabajadora donde las haya, que se permite  decir que “los españoles tienen que gastar menos y trabajar más”, justo en la misma entrevista en la que reconoce que en toda su vida ha ido dos veces al supermercado…

Y es que viendo, leyendo y estudiando mínimamente  los manejos de algunos directivos bancarios, todavía no me explico que alguien todavía hoy se permita no reconocer que a los defraudados, como los de las preferentes, hay que darles lo suyo, ni más ni menos. Y a los defraudadores, también, claro. Ya está  en ello la justicia.  Se agradecen los perdones antes las malas prácticas, pero no basta. Con los colorines en los papeles, que podría ser una idea que retomara la Defensora del Pueblo, Soledad Becerril; con el defensor del consumidor financiero que propugna OCU, quizá muchos de estos problemas, muchos de estos abusos no serían vergonzosa portada una día sí y otro también. El problema es que esto de controlar a los que manejan los dineros solo nos interesa a la mayoría, pero no a una minoría que es la que manda. Quizá eso explique las causas por las que aquí, de toda la vida más reciente,  tenemos el doble de fraude fiscal que en la mayoría de los países de nuestro entorno.