Pero, ¿qué es la contaminación electromagnética?
El pasado día 24 de junio se celebró el día internacional contra la contaminación electromagnética. Hablamos de radiaciones que emiten muchos aparatos que hemos incorporado a la vida cotidiana y cuyos efectos desconocemos. Esta fecha es importante porque invita a pararse y reflexionar sobre este entramado invisible que nos rodea y que, según muchos científicos, no es inocuo.
La última voz de alarma la dio la OMS, que en el año 2011 clasificó las radiaciones electromagnéticas de alta frecuencia como posibles cancerígenos tipo 2B. Antes de esa fecha se han publicado centenares de estudios científicos que relacionan la contaminación electromagnética con un amplio rango de dolencias: desde el simple trastorno en el descanso, cefaleas, hasta desequilibrios importantes en el sistema inmunológico.
Estas evidencias llevaron al Consejo de Europa a recomendar en su resolución 1815 del 27 de mayo del 2011 “adoptar todas las medidas razonables para reducir la exposición a los campos electromagnéticos” y “dar preferencia para los/as niños/as en general, y en especial en los centros de enseñanza y en las aulas, a las conexiones a Internet por cable”.
Esto fue lo que motivó nuestra decisión de comenzar con la campaña ‘Escuela sin wifi’, a fin de dar a conocer los potenciales riesgos de las tecnologías inalámbricas en las aulas, máxime considerando que los niños (y otros grupos de riesgo como embarazadas o enfermos) son particularmente sensibles a estos agentes.
Las fuentes cotidianas de contaminación electromagnética son múltiples. La base de los teléfonos inalámbricos DECT es una antena que emite una radiación considerable, el teléfono móvil es igualmente una fuente de emisión… Es aconsejable hacer un uso racional del móvil, limitando el tiempo de llamadas y manteniéndolo alejado de la cabeza (manos libres o auriculares con cámara de aire). En cuanto al teléfono inalámbrico, el riesgo procede de la base, que emite constantemente. Es conveniente no colocarlo en lugares en los que pasemos mucho tiempo, como la mesilla de noche o la mesa de trabajo. Si tiene una antena de telefonía que puede ver desde su ventana a lo mejor es aconsejable hacer un estudio para determinar el nivel de radiación que le está entrando en la habitación.
Mención especial merece el caso de las personas electrosensibles; en ellos, la sintomatología es tan fuerte y aguda que les impide, literalmente, realizar su vida cotidiana en entornos con contaminación electromagnética.
La Agencia Europea del Medio Ambiente, en su publicación ‘Lecciones tardías de alertas tempranas’, hace un repaso a situaciones en las que las primeras advertencias relacionadas con nuevas tecnologías o productos se han desoído, y cómo las consecuencias han sido nefastas para la salud y el medio ambiente. En dicha publicación se establece un paralelismo entre los rayos X (hoy de probado efecto cancerígeno, no así durante muchos años) y la creciente contaminación electromagnética actual. Y termina con una pregunta que nos deberíamos hacer todos: ¿Cuál será el panorama de los campos electromagnéticos en 2020?
Alfredo Suárez
Director de la Fundación Vivo Sano
Para saber más:












hay un comentario.
No hay evidencias dice,
No hay fundamento alguno que sostenga que las ondas electromagnéticas no ionizantes tengan perjuicios. Y es de muy mal gusto meter miedo a la gente y crear alarma social.
De ser así, la luz, que también son ondas electromagnéticas y de mucha mayor frecuencia, también serían perjudiciales.
Además, se habría detectado ya alguna correlación entre enfermedades y gente que duerme con la radio al oído.
Desde siempre se han dicho que las nuevas tecnologías son malas, como los iluminados que hace 200 años decían que nos íbamos a volver locos por viajar a más de 100 km/h.