Ya sabemos que cada vez somos más europeos. Lo último ha sido poner el IVA a la altura delos países de nuestro entorno, lógicamente sin tener en cuenta lo que estamos viviendo, el estancamiento del consumo, los sueldos, los recortes de los últimos tiempos… La mayoría, incultos de nosotros, no entendemos que se pretenda activar la economía subiendo los precios, bajando los sueldos, acojonando al personal… Quizá esos economistas de renombre que casi nunca dan con las claves de los problemas tengan otra visión…

El caso es que así las cosas, la realidad de los consumidores, todos, va de sobresalto en sobresalto en los últimos tiempos y la mayoría se plantean lo que ya es conocido como la ”economía de guerra”. Por ejemplo, mí amigo Juanfran, que es funcionario, ya ha dejado de comer en el comedor de su trabajo – 6,50 euros – y cada día acude ya con su tupper… cinco euros de ahorro al día, 25 a la semana, son 100 euros al mes… Los responsables de la cafetería se han puesto a temblar… 15-20 comidas menos al mes es un trabajador que se irá a la calle…

El responsable de una agencia de viajes me ha dicho que le han comenzado a anular algunos viajes, que otros renegocian los días, eliminan “extras”, como algunas excursiones… Otros se plantean volver a otras opciones de hoteles con menos estrellas… Teniendo mar al lado tampoco es necesario tener piscina, mueble-bar… El volumen de negocio baja y algunos empleados se ven de vacaciones ¡ en su casa! Hay quien dice que van a salir ganando los pueblos.

El bar de enfrente lleva tiempo notando como la gente ha reducido el consumo, los dobles han pasado a cañas, las cañas a cortos, las aceitunas son suficientes y pocos recurren a la “tostita extra”, las rondas se han quedado en ronda, las raciones cada día escasean más…

En el italiano que hay junto al trabajo llevan tiempo percibiendo que los “primeros” se caen de muchas mesas y se pasa directamente a la pasta como plato único con la disculpa de las “dietas”, la operación bikini” o cualquier otro recurso más o menos recurrente… Se imponen las jarras de agua, las copas de vino… Se teme que con la subida del IVA la cosa va a empeorar sustancialmente. El italiano se empieza a plantear que no necesita tanto personal…

La tienda de moda ya no sabe que ofertas hacer. Ni con las rebajas el nivel de compradores supera al de mirones… Noe puede vender más barato, dice.

Los taxistas también tiemblan… Si ya tenían escasa clientela, si pasan horas y horas gastando combustible en busca de un alma caritativa, asumen que van a pasar muchas horas en las paradas y que tendrán que hacer dos horitas más de jornal cada día para sacar lo que ganaban hace años…

Juan, un vendedor de coches, que hace más horas cruzado de brazos que atendiendo clientes, está buscando alternativas para pasar el tiempo y sabe que tiene muchas papeletas para que el jefe de el portazo…Y eso que, probablemente, nunca vamos a encontrar mejores ofertas de vehículos. Pero los 500-600 euros de media que van a subir – aunque algunos lo asuman – va a ser el golpe definitivo… El sector dice que las ventas caerán el 10%. Además, en el súper notan que hay cierta “inclinación” por las cervezas clásicas, o la del propio establecimiento y que tienen poca salida “premiun”… La “baguette” cae en beneficio de la barra tradicional… 50 céntimos menos cada día.

La marca blanca se va a disparar todavía más y va a ahogar a muchas marcas de prestigio y se comerá mucho I+D, tan necesario en la alimentación…

Hay quien dice, con no poca retranca, que todo esto tiene algo positivo: los niveles de obesidad y sobrepeso van a bajar…

Yo confío en que los amnistiados fiscales, lo saqueadores de bancos, los ricos, los directivos de las empresas del IBEX, que incluso en plena crisis han visto crecer sus sueldos, vamos, los que tienen liquidez, los que ni siquiera deben recurrir a la ordinariez de las tarjetas, sean los que puedan sacarnos de esta. Son los que podrán comprarse coches y relojes de lujo más baratos que nunca, podrán adquirir apartamentos en las playas a precio de ganga para luego especular, podrán permitirse el lujo de seguir comprándose camisas de 100 euros, pantalones, trajes, zapatos, seguirán desayunando fuera, comiendo en buenos restaurantes, tomándose buenas “pintas” donde siempre, cogiendo taxis… ¡ Qué sería de nosotros sin ellos !