La crisis se refleja en muchas cosas y también en determinados cambios en nuestra sociedad. Por ejemplo, en el aumento de la picaresca.

No me refiero solo a esos grandes descuentos que encontramos ahora en todos los escaparates, tiendas, mercados… Muchos reales, pero otros muchos, bastante engañosos…

 Hay otros muchos. Una asociación de consumidores como Irache, Navarra, ha detectado que se está disparando el número de talleres clandestinos de reparación de coches. Quizá amparados  en el crecimiento – también por la crisis – del parque de vehículos de segunda mano, del propio “estiramiento” en la vida de los coches, algunos han buscado la salida de los talleres low cost, pero no por la vía legal, sino clandestinamente. Talleres más baratos, sí,  pero que no ofrecen al consumidor ninguna garantía. Más económicos, sí, pero sin factura, sin posibilidades de reclamar si la reparación no es correcta, si nos ocasionan algún problema colateral… ¿Sabemos, además, en que manos nos ponemos o ponemos nuestros coches?

Algo similar está pasando con ciertas contrataciones “extrañas” en las compañías eléctricas. Algunos comerciales abusan de consumidores escudados en supuestas mejoras, ahorros, mejores condiciones, servicios añadidos, y se engaña al usuario para cambiarle de compañía. Y lo que es peor, como denuncian algunas asociaciones de consumidores, se les piden datos del contrato anterior “para supuestamente estudiar las mejoras”, circunstancia que se aprovecha  para tomar los datos básicos y hacer, ¡sin consentimiento del usuario!, un nuevo contrato con otra comercializadora. A veces, con todo descaro, hasta se le pide al cliente que firme un papel, supuestamente para “justificar” ante el “jefe” la visita: cuidado que lo estás es firmando realmente un nuevo contrato.

Es obvio que las autoridades de consumo y las propias empresas, como en el caso de las compañías eléctricas, se deben buscar mecanismos eficaces para acabar con estos pícaros. Tomárselo en serio, muy en serio. No nos vale la excusa, ante las reclamaciones de los usuarios, de que se trata – en el caso de las comercializadoras – de empresas ”colaboradoras” y que se escapan de su control. Estas contrataciones engañosas deben cortarse de raíz y nada mejor que  hacer seguimiento de las contrataciones sospechosas, mirar con lupa las reclamaciones de los usuarios denunciantes, respetar la decisión final del usuario, facilitarle todos los trámites para que decida sin presiones… Y desde luego, erradicar sin paños calientes a esos “piratas” capaces de hacer lo que sea con tal de conseguir una comisión. Nada, ni tan siquiera la crisis, lo justifica. No es de recibo que, cuando se descubren estas malas prácticas, algunos miren para otro lado… Y pasa en muchos casos. Es muy injusto para el usuario, le sume en desasosiego, le hace perder tiempo, le cuesta dinero en llamadas, en gestiones, le genera mucha inseguridad… Es, además, a mi modo de ver, muy poco inteligente por parte de las empresas: en los tiempos que vivimos, el “boca a boca”, con la red de por medio, un consumidor enfadado pueden ser muchos consumidores indignados…

Tanto, que a veces  las “guerras” comerciales llegan a los tribunales. La captación de clientes se hace a costa de abaratar por todos lados, incluso llegando a extremos de  limitar derechos. Es el caso de  Vueling, como antes fueron otras compañías, a la que una sentencia obliga a retirar – tras la denuncia de OCU- algunas cláusulas de sus contratos consideradas por el juzgado como “abusivas”.  Estas son algunas:

- Posible aumento del precio del billete si las tasas aumentan después de hacer la reserva.

- Si hay una intervención quirúrgica o defunción de algún familiar, se cambian fechas pero no se puede resolver el contrato.

- No se indemniza si se suspende un vuelo por una huelga.

- Vueling no responderá ni se hará cargo de posibles perjuicios si un vuelo se cancela o no llega a la hora

Esta es la triste realidad: los consumidores pagamos, pero somos el pim pam pum de casi todos. De los pícaros, los listos, los piratas, los charlatanes…  Y los hay por todos lados. Quienes viven de nosotros, nos miman por delante, pero muchas veces nos maltratan por detrás… Y los tiempos en los que estamos no nos invitan al optimismo. Muchos quieren salvar el culo a nuestra costa. Y, precisamente por la falta de medios en plena crisis, probablemente sufriremos, ya lo estamos sufriendo, unos altos niveles de indefensión. ¿Qué administración se atreverá a tocar las narices a tantos y tantos colectivos y empresas tramposas en esta situación si apenas lo hicieron antes, cuando las cosas marchaban bien? Por eso hay que tener los ojos más abiertos que nunca. Y frente a los abusos, no plegarnos, no renunciar a nuestros derechos: denunciar, denunciar y denunciar.

Es nuestra arma más poderosa frente a una picaresca que va a seguir. Ya sabéis, si cuela, cuela. Y, lamentablemente, cuela demasiadas veces…