No nos gusta nada que nos engañen y por más que luchamos por evitar que sigan no siempre conseguimos que paren los fraudes. Hoy me refiero a estas pulseras que ofrecen milagros con solo ponerselas, pero que realmente no hay nada demostrado ni tampoco investigado sobre esto. En teoría estas pulseras te dan fuerzas y te curan de diversas enfermedades, pero no es cierto. Rubén Sánchez, portavoz de FACUA nos comenta en esta entrevista, como llevan varias denuncias contra estas empresas y como de momento no han conseguido que surgan efecto en las administraciones que siguen permitiendo, sin poner siquiera alguna multa, que algunas empresas sigan vendiendolas y estas empresas siguen ganando millones de euros a nuestra costa.

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En el mercado podemos comprar de todo y, en teoría, todos deben ofrecernos niveles máximos de seguridad. Pero no es así. Ahí están, ahí siguen los llamados “productos milagro”. Lo último son las famosas pulseras holográficas. Se siguen vendiendo como churros y no es que nos vaya a pasar nada grave por ponerlos en la muñeca, pero si que vamos a sufrir sus efectos en nuestro bolsillo. Ni combaten los dolores, ni el insomnio, ni la potencia sexual ni nada.
Nadie ha podido demostrar científicamente que mejoren nada de nada en nuestro organismo. Por eso Facua habla esta semana en su web de que “medio año después de las denuncias presentadas por Facua-Consumidores en Acción el fraude de las pulseras milagro continua ante la inoperancia de las autoridades sanitarias”.
Al responsable de una de las empresas que las fabrica-comercializa le dije en el Hoy x Hoy hace ya algunos meses que cuando me enseñe algún documento serio, con respaldo científico, de sus bondades en nuestra salud, equilibrio, etc, dejaría de decir que no sirven para nada. Me contestó que lo tendría. Lo sigo esperando.
No me dejo impresionar por los famosos que las llevan -¿creen que algunos lo hacen previo paso por caja? – ni aunque  esté en las mesas de importantes ejecutivos o, incluso, quien sabe, en el mismísimo Consejo de Ministros. Alguna ministra andaba por ahí despistada…