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“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”.
Pocas cosas pueden emocionar más que leer un libro. Cuando leí “100 años de soledad” no pensé que un día estaría, junto a 250 ruteros de la Quetzal BBVA 2012, en la casa que vió nacer a García MArquez, en la calle donde se enamoraron sus padres.
Esta mañana, cuando paseaba por Aracataca, ciudad natal de “El gabo”, como dicen sus habitantes, he visto dos mariposas amarillas revoloteando frente a mi y, de repente, he pensado que el calor me iba a hacer volar como a Amaranta o que vería a Melquiades trayendo el hielo.
La casa en si misma no es gran cosa. Es una recuperación de las habitaciones donde vivió su infancia García Marquez adornadas con fragmentos de sus obras cumbre. Lo que si he disfrutado ha sido la charla y el paseo con los habitantes de Aracataca. Gente con aspecto de haber sido sacados de una novela, o que te hacen entrar en una de ellas.
PD: Nos ha pasado una cosa más en Aracataca. Es bien bonita, pero no puedo contarla porque si lo hiciera desvelaría los regalos que les llevo de Colombia a mi tía Paqui y a mi madre. Son dos de las personas que me hicieron amar la literatura y se lo merecen… Pronto tendrán sus regalos en casa.





hay un comentario.
Carmen dice,
Una sugerencia: sería posible enlazar unos posts con otros? si no tienen etiqueta me resulta difícil buscarlos! bastaría con poner entrada anterior o posterior. Gracias!