Me gusta mucho el momento de la comida. Los chavales se reúnen en grupos y, entre gritos, cargados de mochilas, se sientan a comer. Torpeza adolescente, risas y a veces conversaciones trascendentes entre plato y plato. Aquí están comiendo “chupao” sin plato, envuelto en hojas.

La ruta Quetzal BBVA les sirve para aprender a compartir, a esperar al compañero que llega tarde a la “mesa”, a socializarse, a respetar el sitio de los demás, a ganarse un sitio en la vida.