Croacia quiere su trozo del pastel
La tercera jornada de la Eurocopa nos ha dejado, probablemente y en líneas generales, la mejor tarde de fútbol de lo que llevamos de torneo. Empate en un partido interesante, bonito y emocionante entre España e Italia, que firmaron las tablas con los tantos de Di Natale y Cesc Fàbregas. Y, ya oscureciendo, aparecieron Luka Modric y los delanteros croatas para vencer (1-3) a la República de Irlanda y dejar claro a Italia y España que, probablemente, deberán sufrir hasta el final para clasificarse.
Fue un partido un tanto raro el de la selección española. Muchos, equivocadamente, esperaban una Italia mucho más encerrada, creyendo que el concepto del catenaccio histórico debía acompañar por siempre a la azzurra: Y no es así Italia. Ya no. Muchos dudamos si la entrada de tres centrales podía hacer cambiar la mentalidad del equipo de Cesare Prandelli, que en la fase de clasificación trató de ser un equipo alegre y ganar a través del balón. Con todo el respeto y admiración a los grandes defensas y centrocampistas defensivos italianos, el líder, el termómetro de Italia, ya no es Genaro Gatusso ni Fabio Cannavaro. Il cavaliere es un Andrea Pirlo al que el Milan subestimó de manera lamentable y que ha encontrado un nuevo habitat en el que envejecer feliz en la Juventus de Antonio Conte y en Italia, mecido a los brazos de un Cesare Prandelli que lo mima al detalle, sabiendo que es la brújula de esta selección. Por las botas de Pirlo pasó lo mejor de Italia, entre otras cosas, el genial pase filtrado entre los defensas españoles para dejar sólo al veterano Di Natale, que batía a Casillas y hacía temblar a España entera.
Sin embargo llegó Iniesta. O mejor dicho, llegó Iniesta-Silva, Sociedad Ilimitada. Otra vez combinaron manchego y canario en el balcón del área hasta que el del Manchester City vio un gesto de Cesc, supo donde ponérsela para que el catalán acallara en parte el aluvión de críticas que iba a llevarse Del Bosque por jugar sin delantero centro al uso. En la jugada participaron los tres, pero sin duda el mejor con camiseta roja fue Andrés Iniesta. Frase genial de Kiko Narváez en Carrusel Deportivo que definió cómo se mueve Don Andrés con el balón. “Parece que va en patines”, soltó el jerezano. Y así es. Da la sensación que Iniesta, cuando conduce el balón, se desliza más que camina o corre. Así las cosas, lo más justo quizá era el empate, a pesar de que el arreón final de España con las ocasiones de Fernando Torres dejaron la sensación de ocasión perdida.
Buena tarde para volver a enamorarse del fútbol. Los protagonistas fueron los centrocampistas jugones y no los defensas duros ni los centrocampistas defensivos. Porque, pese a los dos goles de Mario Mandzukic, probablemente, lo mejor de la noche lo vimos salir de las botas de Luka Modric. El centrocampista del Tottenham, al que siempre decimos que le sobra calidad y le falta regularidad tuvo 50 minutos brillantes. Se echó a Croacia a las espaldas tras el gol del empate irlandés y generó superioridades con cada pase filtrado o cada apertura a la banda. Y Croacia, pese a algún despiste al final, ganó bien a la República de Irlanda.
Tras unas jornadas iniciales que nos hacían ser algo escépticos, Pirlo, Iniesta y Modric nos vuelven a hacer soñar en una gran Eurocopa en lo futbolístico. Un torneo en el que reine el fútbol por encima del miedo. Y los buenos y valientes por encima de los mediocres y rácanos. Y osada fue Croacia que no se conformará con ser tercera en un grupo en el que parecían ultrafavoritas España e Italia. Croacia quiere su trozo del pastel.




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