10 marzo, 2008 - 18:15 - Pcom_cadenaser
The Cure en Madrid, revival y mucho futuro
POR MÓNICA ORDÓÑEZ
Viendo a Robert Smith abrumado, con la mano en el pecho, volviendo hasta cuatro veces al escenario para agradecer con sus canciones el calor y la entrega del público madrileño, cualquiera diría que Madrid es uno de los lugares del mundo que mejor acoge a esta mítica banda que ya sobrepasa los treinta años de vida.
Longevo, como su trayectoria, es gran parte de su público, y en muchos casos, inclasificable como su música: en la misma bolsa, jóvenes que parecían haber hecho el descubrimiento de su vida, “cincuentañeros” acomodados que se emocionaban como adolescentes, diversas tribus con sus correspondientes etiquetas… todos comulgaron armoniosamente con The Cure.
En el Palacio de Deportes, abarrotado de suelo a techo (las entradas se agotaron en diciembre y no eran baratas), revivimos la historia de un grupo de culto que sigue en primera línea y que marca el ritmo de nuevas bandas que se arropan con su influencia musical y estética. The Cure nos llevó de paseo por sus inicios, interpretando varias canciones seguidas de su primer disco Three Imaginary Boys; recuperó algunos de sus grandes éxitos más pegadizos y bailables como Friday I’m in love o himnos como The Forest. Tres horas de directo bien estructuradas en estadios que provocaban en unas ocasiones excitación colectiva, y en otras reflexión introspectiva.
El decimotercer disco de The Cure no verá la luz hasta mayo, aunque la banda está tocando algunas de las canciones que formarán parte de él en sus conciertos. Esta noche finaliza su gira española en el Palau Sant Jordi de Barcelona.
*Foto: Josep Maria Palou

PIE DE FOTO
Esa expresión de maestro de ceremonias, de creador de sinergias, de romanticismo en la era de la incomunicación hiperfalseada, de sinceridad y esencia bajo densidades sonoras, ese gesto de conciencia del control absoluto resume lo que hizo Robert Smith trascender sobre quince mil pacíficas cabezas con el aura cardada, amantes de una sensibilidad TimBartiana,
Ese poder me arrastró con él hacia el mundo pasado de los descubrimientos frescos y confusos, de los deleites y tormentos que preceden y continúan en la adultez.
Me llevó al olor que acompañaba a su “Mi primera cinta de Cassette” en un verano tórrido de 1989, me abdujo a mi actitud de curioso respeto, al ritual de la lengua hueca del estéreo Elbe (con grasa de la cocina; robado como el cofre del tesoro a una madre pendiente de las salpicaduras del aceite ), al sonido mecánico que anticipaba la puesta en marcha de algo esperado (llevando con un boli bic la unión del celo transparente al magnetizado) cruzadas; al desconcierto primero y al deleite después
Veinte años después, con la barba ya cerrada, uniforme oscuro para la ocasión e íntimo disfrute de la soterrada cura, acudimos (acudí) y todo fue deleite
Y así fue desde la larga espera alrededor del templo:
Frío, tiempo, recuerdos, constatación de cambios propios y ajenos, murmullo y miradas cruzadas salpicadas de destellos de complicidad absurda y deliciosa….
Desde que, a medida que entras, descubres que la función ha comenzado provocando un golpe de corazón en el pecho, desencadenando la urgencia del asiento antes de que suene el siguiente acorde y
el viaje
la conciencia
el lloro
la esperanza
la catarsis
por todas las fotos que no podemos tirar del album del recuerdo,
de las sendas oscuras entre bosques de atrezo
de besos, besos, besos,
de Fe,
de pornografía,
de niños que no lloran,
de tres pequeños imaginarios,
de campanadas,
de canción de cuna para niños que juegan con sus fantasmas del armario,
de gatos,
de orugas
de un universo del que de luego volvimos a formar parte, todos juntos, sin perder un ápice de conciencia, cucarachas soñadoras, sonriendo, lamentando, añorando, buscando…
Mi beso del pasado
Publicado por: velveteen | 21/03/2008 19:14:26