La máquina tiene hambre. La máquina quiere comer. Quiere más. Una vez más. El sistema, el sacrosanto sistema, el necrosado sistema tiene ganas de papear. Carne humana. Carne de cañón. Carnaza.
Esta semana el animal, el monstruo, la bestia, ha abierto de nuevo su bocaza. La boca de los mercados ha abierto sus fauces en Europa y ha vuelto a eructar. Ha eructado que no tiene suficiente, que no es bastante nuestra reforma laboral, que no le sacia que le hayamos cebado con nuestros derechos laborales, días de indemnización por despido, días de subsidio de paro, más flexibilidad para echarnos del trabajo y menos convenios laborales para defender a los trabajadores. Quiere más.
El comisario europeo de empleo ha sugerido que España podría adoptar una medida desmedida más: el “contrato único”. Una única forma de contrato que no diferenciaría contrato indefinido de contrato temporal, es decir, un contrato único que convierte la temporalidad en indefinida. No nos vamos a engañar ahora, no nos vamos a dejar engañar una vez más.
Ya no nos engaña esta bestia parda. Cuando dice que quiere un poco sabemos que quiere todo. Cuando abre su boca sabemos que no es para hablar, es para ladrar, para pedir, es para morder, para devorar. El gobierno español ha dicho que no habrá contrato único porque es inconstitucional. No se fíen. El gobierno no va a necesitar imponer el contrato único porque con su reforma laboral va a conseguir que haya un ÚNICO CONTRATO. El gobierno no necesita contrato único porque tiene una gran variedad de contratos abusivos.
Cada vez que el gobierno habla es para engañar, así que no nos fiemos. Para este y el anterior gobierno, la Constitución es una coartada para no hacer nada, para no ayudar. Pero pueden reformarla de la noche a la mañana cuando hay que darle de comer al Capital. Y el Capital tiene hambre.
Alemania quiere más austeridad de España. Angela Merkel tiene unas elecciones que ganar. Tiene unos votantes que compraron basura española y ahora la quieren ventilar. Compran mierda para convertirla en oro. Pero para convertir la mierda en oro alguien tiene que comerse la mierda. Y esos somos nosotros. Y eso los inversores alemanes y Angela lo saben.
Angela tiene unas elecciones que ganar y suelta a sus perros de presa para que hagan sugerencias de tortura: contratos únicos o más reforma laboral. Hoy le pide a España que acepte más dinero de Europa, más rescate, más secuestro, más condiciones, menos derechos, menos vida, menos esperanza.
La máquina tiene hambre y nos pide otro sacrificio. Una vez más. Alemania, Europa, el gobierno español nos piden un sacrificio más. No son humanos que se sacrifican, son humanos que son sacrificados. Son sacrificios humanos. De cientos de miles, millones, de humanos. No somos carne humana. Somos la carnaza que se le echa a un financiero, a un inversor y a un político en campaña electoral.
Depende de nosotros que nos dejemos devorar. Depende de nosotros. De ellos no podemos esperarlo. Hay que repetirlo. Una, otra y otra vez más.
Un bebé de dos años les da una lección de democracia a sus padres. El 15M cumple hoy su segundo aniversario y en tan poco tiempo, está dejando en evidencia a esos padres que parieron esta democracia pero han terminado haciéndole un escrache y desahuciándola. Y está poniendo en ridículo a esos tertulianos, políticos y ciudadanos que lo insultan y menosprecian.
Mientras estos nos dan lecciones teóricas sobre democracia y se ríen de los indignados, el 15M está dando una lección práctica de democracia. Se ha organizado en mareas y plataformas, ha presentado iniciativas legislativas, ha movilizado a millones de personas por la protección de la educación y la sanidad de todos y para todos, ha evitado desahucios y muertes por desahucio, tragedias familiares de miles de personas derribadas por la crisis, ha sentado en los tribunales a los políticos y banqueros sospechosos de haber defraudado a sus clientes y al país, ha organizado foros que velan por la transparencia de las cuentas de nuestro país mucho mejor que el Tribunal de Cuentas y el Banco de España como ha quedado demostrado, ha puesto en la agenda mediática y política la denuncia irrenunciable de la corrupción, la necesidad de una reforma constituyente, nos ha concienciado y comprometido a muchos que no participábamos en la vida política tanto como ahora y ha canalizado el descontento y evitado la violencia. Ha hecho mucho más por el bienestar y la paz social de este país que los dos últimos gobiernos. Y ha hecho mucho por evitar que lo destruyan.
¿Y qué han hecho quienes critican al 15M desde el sofá o su tribuna? ¿Qué han hecho todos esos patriotas que enarbolan la bandera mientras venden el país al mejor postor, colaboran en los abusos financieros y la corrupción de todas las instituciones del sistema? ¿Qué han hecho los que se llaman “el sistema” sino destrozarlo? ¿Qué han hecho concretamente por este país los que le critican al 15M que no ha concretado nada?
A todos esos más hechos y más respeto por sus vecinos porque 15M somos muchos. Yo soy 15M. 15M es todo el que se manifiesta por la justicia social, el que se implica, el que pide responsabilidad política y ciudadana y democracia participativa. Y todas esas conciencias y acciones juntas han conseguido recordarnos que la democracia era esto.
Participación, responsabilidad, respeto y compromiso.
Ha muerto a consecuencia de las quemaduras la mujer que se prendió fuego a lo bonzo en su sucursal bancaria al grito de “¡Me lo habéis quitado todo!”. Os hablé de ella en febrero cuando sus angustias económicas y su desahucio la llevaron a quemarse viva. Se llamaba Inocencia y entonces escribí que era una trágica metáfora de lo que nos están haciendo: están quemando toda la inocencia, nos están quemando vivos.
Hoy me he enterado de su apellido y la metáfora se amplía: se llamaba Inocencia Lucha. Inocencia luchó con rabia y desesperación, aunque algunos me diréis que fue una irresponsable al dejar a tres niños huérfanos. Yo no me atrevo a juzgar a una mujer que lo ha perdido todo, hasta la cordura, porque no puede dar de comer a sus hijos. A costa de su vida, lo ha conseguido: el ayuntamiento y los servicios sociales de su localidad se han comprometido a hacerse cargo de ellos.
La muerte de Inocencia apenas ha salido publicada. Estamos demasiado ocupados hablando de que el presidente del Gobierno le ha dicho a Europa que está muy satisfecho con sus más de 6 millones de puestos de trabajo reducidos a cenizas. A la máquina de hacer dinero le hace muy feliz que desaparezcan los que no lo tienen.
Y me digo que los periodistas estamos corrompidos y equivocados si damos más importancia a las palabras huecas de un monigote que a una mujer que se quema viva porque ese monigote no hace nada para evitar su desahucio. Hablamos del precio pero no del valor de la vida. Y contribuimos a hacer una sociedad más podrida y equivocada, una sociedad más indiferente. Eso explica en parte por qué tanta gente sigue mirando la pantalla del televisor como si no pasara nada.
No podemos ser indiferentes. Una mujer se quema viva y deja tres huérfanos por un desahucio, más de 30 personas se han quitado la vida por esta misma causa en los dos últimos años, hay más de 6 millones de parados y el presidente dice que está satisfecho, Europa le pide más sacrificios, o sea, el Mercado pide más sacrificios humanos, Urdangarín multiplicó sus ingresos por 20 en 7 años, 32.000 personas perdieron su casa por impago solo en 2012, casi un millón de inmigrantes se han quedado sin atención médica, uno ha muerto, el gobierno ha abandonado a los dependientes, me escribe un amigo para decirme que el hospital donde trabaja su padre lo quieren privatizar, que si les puedo echar una mano, a mi hermano le quieren cerrar la universidad pública en la que da clases, el portero nocturno de mi casa antes trabajaba en un despacho de arquitectos…
Los periodistas no podemos ser neutrales ante esto. Si no haces periodismo de denuncia, no sé qué estás haciendo, escribió la periodista Elena Ponitowska a la que leo en el libro “Contra la Neutralidad” de Pascual Serrano que se abre con estas palabras de Antonio Gramsci:
Odio a los indiferentes. Vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no debe dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son bellaquería. Por eso odio a los indiferentes.
Los ciudadanos no podemos ser indiferentes, no podemos dejar que nos quemen vivos sin aullar. Tenemos que ser partisanos, como decía Gramsci, como cantaba Leonard Cohen. Inocencia Lucha. La revolución de Túnez que prendió la primavera árabe empezó así, con un hombre que se quemó a lo bonzo porque las autoridades le habían robado por enésima vez la pobre mercancía que tenía para vender y dar de comer a su familia, toda ella en paro. Como tantas familias españolas.
Me pueden decir que el 15M no se repetirá ni ha conseguido acabar ni acabará con este sistema. No lo sé. Solo sé que no puedo se indiferente. No puedo dejar de creer en lo que dice Leonard Cohen en su poema “Cualquier sistema”: “Cualquier sistema que montéis sin nosotros, será derribado”. Inocencia Lucha.
Un millón de personas han votado en Madrid en una consulta popular para dar su parecer sobre la sanidad pública que quieren para su comunidad. El 99,4% ha dado su apoyo a un modelo público. El consejero de Sanidad madrileño, Javier Fernández Lasquetty, ha calificado la consulta como “parodia”, “simulación” y “simulacro de referéndum”. Los que saben de simulacros y simulaciones son los miembros de su partido, no los ciudadanos que ejercen su derecho a la libertad de expresión.
Al gobierno, al PP, le parece una parodia que los ciudadanos expresen libremente su opinión. Le parece una parodia que votemos cuando ellos no piden el voto. Le parece una parodia que 1 millón de personas le pidan una sanidad pública como le pareció una parodia que 1 millón y medio le pidiera la dación en pago. Le parece una parodia que la gente haga democracia. Al gobierno le parece que la democracia participativa es un simulacro y una parodia, por eso este simulacro de democracia que tenemos es una parodia.
Una parodia democrática es reducir la democracia al voto cada cuatro años. Una parodia de democracia es reprimir violentamente la legítima protesta ciudadana. Una parodia de democracia es ganar una mayoría absoluta engañando a tus votantes y gobernar haciendo lo contrario de aquello para lo que fuiste elegido. Una parodia es vender la sanidad a empresas privadas ocupadas por miembros y familiares del Partido Popular. Una parodia es decirle a más de 6 millones de parados que vamos por el buen camino. Una parodia son las simulaciones de contrato en diferido. Una parodia es un partido liberal que sube los impuestos. Una parodia es una justicia y unos medios de comunicación públicos manipulados por el gobierno. Una parodia es que España la gobierne Alemania.
Eso es una parodia. Nuestra democracia es una parodia. Una parodia nacional. Es para morirse de risa. Por no llorar.
Rajoy, un presidente que no ha cumplido una sola promesa, nos pide que creamos en su palabra. En su última intervención en el Congreso, nos pidió, una vez más, que creamos en él, un hombre que solo se deja ver a través de una pantalla de televisión en la que parece un holograma. Nos pide fe ciega. Quiere que creamos en un presidente al que no vemos y en unos resultados que no vemos. Nos pide que creamos que sus políticas están “empezando a funcionar” aunque lo que veamos a nuestro alrededor es que nada funciona, aunque veamos a más de 6 millones de parados y miles de empresas que cierran.
Floriano nos dice que no nos dejemos cegar por el cataclismo que vemos porque detrás nos espera un mundo maravilloso que solo el gobierno y el PP son capaces de ver. Nos dice que no nos ceguemos pero también nos pide fe ciega. Como el presidente. Fe ciega en Mariano Rajoy. Fe mariana. Pero esto no lo arregla una aparición de la Virgen María como cree Fátima Báñez. Rajoy nos dice que no hay soluciones milagrosas pero nos pide que creamos en los milagros de Fátima.
Quiere que creamos lo que ni sus socios europeos se creen. Nos dice que vamos por el buen camino aunque veamos a gente caer por un precipicio. Es más, nos dice que los 6 millones que caen por el precipicio son la prueba evidente de que hay que seguir en la misma dirección. Estamos al borde del abismo y nos piden que cerremos los ojos y sigamos caminando en línea recta. ¡Es de locos, de suicidas, de fanáticos religiosos suicidas!
El gobierno recuerda a esas sectas apocalípticas que prometían el paraíso al otro lado de la muerte. El presidente es un suicida y nos lleva a un suicidio colectivo.
Dos años ya desde aquel mayo indignado del 2011. Casi dos años desde el 15M. Han pasado tan rápidos como angustiosamente lentos parecen los cambios, cómo angustiosamente irreversibles parecen los retrocesos. Y sin embargo, hemos cambiado tanto y hemos avanzado tanto que, si nos lo hubieran dicho hace dos años, no lo hubiéramos creído. Muchos hemos cambiado como personas, como trabajadores, como ciudadanos. Muchos han cambiado muchas conciencias y han opuesto el compromiso a la falta de conciencia de unos pocos. Muchos han conseguido poner freno a la pendiente por la que nos empuja el 1%. Muchos se han movido. Mucho se ha movido. Mucho se ha removido, aunque algunos no lo vean, aunque algunos lo nieguen.
Y ese movimiento es el movimiento 15M, llámalo espíritu del 15M, llámalo despertar, indignación, cabreo, hartura, protesta, compromiso, participación. Llámalo como quieras, es política. Es la política que estalló en el 15M aunque venía fraguándose durante años incluso. Mucho se le ha criticado al movimiento que no se haya metido en política. ¡Pero si el 15M no ha sido otra cosa que política, política pura, política de base, política de barrio, política hasta el tuétano, política participativa, política política! Se hace mucha más y mejor política en el 15M que en el Congreso.
El 15M es como el zapatismo. Todos somos Marcos. Todo es 15M. Incluso los que no han participado en el 15M y se mueven, están haciendo 15M. Incluso los que lo denigran, están haciendo que se hable del 15M. Los que lo quieren destruir lo ayudan a crecer. Le critican al 15M que no haya conseguido apenas nada pero el 15M ha conseguido evitar que ahora mismo estemos en la nada. Y ha conseguido, hemos conseguido, mucho.
Hemos conseguido unirnos en mareas que pelean con un impulso contagioso. Se han evitado privatizaciones de hospitales y venta de universidades. Se ha puesto al descubierto la maniobra de privatización del gobierno. Se han evitado cientos de desahucios y se ha logrado que la mayoría de la sociedad clame para que se detengan. Se ha conseguido llevar una iniciativa popular con millón y medio de firmas al Congreso y se ha obtenido una sentencia del tribunal europeo contra la abusiva ley hipotecaria española. Se ha sentado a Rato y a los 33 de Bankia en el banquillo. Se ha redoblado la vigilancia sobre los chorizos que nos roban el pan. Se está consiguiendo minar el bipartidismo. Se están impulsando nuevas formas de participación y mayor transparencia. Se han tomado las plazas, las calles y los barrios. Han surgido nuevos periódicos más independientes y comprometidos con el ciudadano. Hemos descubierto que SÍ SE PUEDE. Y hemos recordado que SE DEBE. ¿Qué más queréis?
Sí, se puede pedir más y algunos días, lo reconozco, me vence el desánimo ante la avalancha de retrocesos, ante la parálisis, apatía, cobardía de una parte muy numerosa de esta sociedad, cómplice del robo. Pero esos días me digo que aún queda mucho por hacer, que cuanto peor estemos más razones para seguir tenemos. El 15M no es ayer, no es hace 2 años. El 15M sigue hoy. Y nos sigue cambiando.
Cuánto hemos cambiado. Cuánto hemos conseguido cambiar algunas cosas. Y cuánto nos queda por cambiar. No somos los mismos. Somos mejores que antes. Somos mejores que ellos.
No somos los mismos. Somos más. Somos muchos más que ellos. A ver si nos damos cuenta de una puñetera vez.
España ha hecho flashback, como aquel pueblo surrealista de la película de José Luis Cuerda, “Amanece que no es poco”. Hemos hecho un flashback y nos hemos plantado en la España gris del pasado, en la España de nuestros abuelos, la España del “Vente a Alemania, Pepe”. Casi 30.000 españoles emigraron a tierras alemanas en 2012, un 45% más que el año anterior, publicaba hoy EL PAIS en su portada digital. España ha vuelto a ese pasado en el que los españoles se iban del país a buscar un futuro.
Miles de españoles se marchan a países avanzados para no seguir retrocediendo. Les echa el viaje al pasado en el que nos han metido nuestros gobiernos, Europa y los mercados. Huyen de esa época pretérita en la que España se dividía entre señoritos y criados, patronos y obreros, muy ricos y muy pobres. Huyen de las dos Españas en la que quiere separarnos este gobierno.
Hemos hecho un flashback a las dos Españas, la España de las escuelas de curas subvencionadas y la España de la enseñanza pública a la que se recorta, un país dividido entre los que pueden pagarse una mejor Educación, Sanidad y Justicia y los que no pueden pagarse un juicio, pasan frío en el colegio o se quedan sin profesores, no pueden comprar medicinas o se mueren por falta de asistencia médica. A un muchacho le han quitado una prótesis en la Sanidad Pública porque no podía pagarla. Un joven senegalés ha muerto de tuberculosis porque no tiene tarjeta sanitaria.
Es un flashback a un país oscuro, retrógrado, insolidario y clasista. En pleno siglo XXI, estamos retrocediendo a lo peor de la Historia de España del siglo XX. Hemos vuelto al país de las desigualdades, los abusos de poder y la miseria en las calles, del 20% de pobreza, la caridad de los comedores sociales, la gente buscando comida en la basura, el poderoso comiendo a cuerpo de rey mientras esconden su basura y el rey comportándose como el señor de un feudo.
Hemos vuelto a una época feudal en la que el trabajador está cada vez más indefenso frente al empresario, a las condiciones de precariedad laboral y el subempleo del franquismo, al caciquismo y la represión, a correr delante de la policía, a la impunidad del político y al abuso impune del banquero. Vivimos en una España en la que rige una ley hipotecaria de 1909 que el gobierno no quiere cambiar. ¡Es un flashback de más de un siglo, qué mareo, qué miedo!
Ahora el ministro de Justicia quiere hacer un flashback a los 70 con una ley del aborto de aquellas épocas en las que la moral del pueblo la dictaba la Iglesia, las madres viajaban a Londres para abortar o morían por un aborto clandestino mal hecho. Ahora la Infanta Cristina ha dejado de estar imputada por los dudosos negocios que compartía con su marido al que sí han imputado junto a otros socios. Es un flashback a la época en la que había reyes y vasallos.
España ha hecho flashback, como en “Amanece que no es poco”, a una época en la que oscurece demasiado. Más que un flashback, es un viaje sin retorno.
Las autoridades sanitarias les advierten de que el gobierno podría matarles. El gobierno, con sus decisiones o su falta de decisión, está provocando muertes. El gobierno ha dejado sin asistencia sanitaria a 900.000 inmigrantes indocumentados. Este fin de semana, ha muerto la primera persona que podría ser víctima de esa falta de atención médica. Según han denunciado Médicos del Mundo y la coalición de izquierda balear, Mès per Mallorca, ha muerto de tuberculosis un joven senegalés de 28 años que no recibió los cuidados adecuados por no tener la tarjeta sanitaria. Mejor dicho, por no tener tarjeta de crédito. Si hubiera sido un banco, si hubiera sido rico, ahora estaría vivo.
Hoy se ha suicidado otra persona cuando iba a ser desahuciada. Si hubiera sido un banco, le habrían rescatado. Alrededor de 20 personas se han quitado la vida por culpa de los desahucios en los últimos dos años. Y probablemente hay más que no hemos conocido. Jueces españoles y europeos han establecido que los desahucios en España son abusivos. El gobierno no solo puede sino que debe detener estos desahucios mortales en una época de emergencia nacional como la que vivimos, digo, sobrevivimos. A veces no dar la mano al que está al borde del precipicio es lo mismo que empujarle al vacío.
Este gobierno dice defender el derecho a la vida por encima de todo, por encima incluso del derecho de una madre a dar vida. Pero recortan 2000 millones de euros a la dependencia en tres años. No quieren que las madres den vida, quieren que las madres den su vida. Quieren enterrar en vida a esas madres, a esos padres y a sus hijos. Quieren que esas madres se jueguen la vida. Eso también es delito. Al menos delito moral.
No siempre el que mata es el que aprieta el gatillo. Se puede encargar la muerte. Se puede matar en diferido. Los ciudadanos advertimos: este gobierno podría matarte en diferido. Pero no son simulaciones de muerte. Los muertos son reales.
Bonita forma de celebrar el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Ahora la culpa de que no salgamos de la crisis es de los periodistas. Antes fue de la herencia recibida, después de los manifestantes que dan mala imagen en el exterior, ahora la culpa es de “la prensa fatalista que inunda España de pesimismo”, según ha dicho en twitter Iñaki Oyarzábal, secretario general del PP vasco y secretario de Derechos y Libertades de este partido. Entre esos derechos y libertades, no contempla el derecho a informar y la libertad de opinión.
Esta semana también nos ha echado un rapapolvo la vicepresidenta del gobierno. En un encuentro con periodistas, criticó duramente que informemos sobre los escraches y nos culpó del éxito de las convocatorias. Si no habláramos de ellos, desaparecerían, afirmó. No solo no quieren que lo llamemos “acoso” en lugar de “escrache”, no solo le ordenan a la policía que lo llame “coacción”, también quieren que los periodistas no lo llamemos de ninguna manera, que los hagamos desaparecer como Cospedal eliminó la palabra “desahucio”. El gobierno no es capaz de acabar con los problemas, así que los mete debajo de la alfombra.
Pero los catastróficos datos de su gestión no desaparecen por mucho que los escondan. No somos los periodistas los fatalistas: hoy una vez más la Unión Europea ha empeorado y ha puesto en duda las estimaciones de Rajoy. El PP preferiría que no lo contáramos. El PP no quiere la verdad, quiere ruedas de prensa sin preguntas. Le tomaré prestada la idea a la vicepresidenta: si no fuéramos a estos actos de promoción, desaparecerían. Esa sí sería una bonita forma de celebrar este Día Mundial de la libertad de prensa.
El PP no quiere periodistas, quiere palmeros. No quiere ciudadanos, quiere súbditos. También le sobra el parlamento, al que jamás escucha. Al gobierno solo le falta decir: ¡Se callen, coño!
Hay formas de abortar a una persona en vida que no se llaman aborto. Hay formas de matar que te dejan muerto en vida. Hay formas de eugenesia que apartan a los diferentes de la vida sin matarlos. Y el gobierno actual las practica todas. Sus víctimas son los dependientes, las familias de los dependientes y los emigrantes indocumentados que viven en este país. Y también, más lejanamente, las personas pobres de países subdesarrollados.
El gobierno actual que quiere promulgar una ley del aborto anterior a la de 1985, que defiende a muerte el derecho a la vida del nonato aunque tenga malformaciones, ha decretado un recorte inhumano y mortal a la ayuda a los dependientes. El año pasado les recortó más de 500 millones, este año más de 1000 millones de euros, y el año que viene más de 400. En 3 años, más de 2000 millones menos de ayuda. Este ha sido el mayor recorte que ha ofrecido la semana pasada el gobierno a los mercados. Los mercados comen personas y el gobierno se las regala como carnaza a los tiburones.
El gobierno quiere obligar a las madres a parir personas dependientes de las que se desentiende. El gobierno te obliga a vivir para enterrarte en vida a ti y a tu familia. Eso es sadismo, es tortura de Estado. A algunos les parecerán demasiado brutales estas palabras, a mí me parece demasiado brutal lo que hace este gobierno.
Para este gobierno atroz los derechos de un ser no nacido están por encima de los derechos de los vivos. Para este gobierno, el poder del Estado está por encima del derecho de la madre y su familia. Eso no es una democracia, es una forma de dictadura. Y eso no es estar en contra del aborto, es un aborto en vida.
Eso es abortar la vida de más de 1 millón de dependientes que hay en España y de sus familias, especialmente las mujeres, que suman muchas más personas. Es un aborto en diferido, pero es un aborto mucho más cruel. Y es eugenesia en vida: es segregar a los diferentes, tirarlos al cubo de la basura como si fueran fetos no nacidos.
Al mismo cubo de basura han tirado a 900.000 inmigrantes indocumentados a los que ha dejado sin tarjeta sanitaria, como han reconocido esta semana fuentes gubernamentales. Al mismo contenedor han echado 1300 millones en cooperación para el desarrollo. No les importa que los muertos de hambre se mueran de hambre pero aumentan un 52% el presupuesto para fomentar la presencia de España en extranjero cuando las cifras demuestran que la cooperación al desarrollo sirve precisamente para eso y genera negocio al país que ayuda.
Este gobierno que tanto comulga con la cúpula de la Iglesia católica española en el aborto, no es en absoluto cristiano. Es inmisericorde, insolidario y cruel. Este gobierno deja morir. Aborta la vida de los vivos. Entierra a los dependientes, a los necesitados, a los más pobres. El gobierno, mata.
