La ley y la política

24 de septiembre de 2012  | por Iñaki Gabilondo |  , , , , , , , , ,  |  5 Comentarios
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La ley puede ser la primera respuesta pero no puede ser la única. Con ella se detuvo el Estatuto, el plan Ibarretxe y la petición del pacto fiscal catalán pero desde hace tiempo se está cuarteando la arquitectura del Estado de las autonomías. Muchas voces reclaman algo más que la ley, un pacto respecto a esta situación y que los grandes partidos, no sólo los nacionalistas, clarifiquen su posición. Debemos ocuparnos de pensar cómo debe ser el actual Estado.

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5 Comentarios


  1. Efectivamente, las cosas no están en un punto débil en el que se pueda permitir que sea la ley la única herramienta que regule el Estado constitucional. Los hechos demuestran que el rumbo trazado por los partidos nacionalistas es muy determinado y determinante.
    Pero nos encontramos (como pueblo) con la incapacidad de sensibilizar a los partidos tanto del gobierno como de la oposición sobre la cuestión federal o confederal, de la misma forma que nos encontramos impotentes con otras políticas adoptadas que merman considerablemente el estado de bienestar.
    Cierto es que la asunción de una España vertebrada en confederaciones es una tarea ardua de afrontar, pero cuando existe una determinación tan clara y potente por parte de las ciudadanías nacionalistas hay que coger el toro por los cuernos, y mucho me temo que en el gobierno se estén planteando centralizar si cabe más el Estado democrático.
    Es cierto que no tenemos información clara de los partidos democráticos, los informativos y los medios de comunicación solo muestran una cacofonía de intenciones, tampoco se ha abordado el problema en sede parlamentaria, aun cuando hay motivos sólidos y estridentes que conminan a hacerlo.
    La ciudadanía se encuentra demasiado ensimismada en los problemas que repercuten sobre ella derivados de las recientes iniciativas de recortes económicos, es por lo tanto el momento de un pacto político de envergadura que resuelva la situación nacionalista para poder afrontar un futuro vertebrado ante el desarrollo económico, o eso, o España se va a encontrar con muy serios y severos problemas de desarrollo.

  2. Imaginemos que no somos españoles. Es más, imaginemos que ni siquiera vivimos en la Tierra, imaginemos que somos aliens… para variar no está mal. Imaginemos además que aparecemos con nuestra nave espacial y nos quedamos orbitando justo en la parte extrena de la capa de ozono, la que da al espacio exterior. Y nos quedamos allí a tomar un café… galáctico por supuesto (si queréis imaginar cómo sabría el café también podéis hacerlo) para hacer tiempo mientras observamos España y a sus políticos. Como ni nos va ni nos viene lo tomamos como un mero entretenimiento. ¿Qué veríamos? ¿Qué impresión nos llevaríamos?

    Yo popondré mi punto de vista de la impresión llevada por nuestro vecinos espaciales.

    Me da la sensación de que simplemente verían unos cuantos políticos desesperados por arreglar el patio de sus casas con el presupuesto reducido al mínimo. Políticos a los que en el fondo no les importa tanto su soberanía política o nacional como su autonomía presupuestaria. Políticos a los que solo entienden una nación asociada a sus posibilidades económicas. Verían políticos peleándose por adaptar la situación política y soberana a aquella que les permita obtener una mejor solución a sus problemas económicos.
    Nuestros vecinos de ojos saltones verían además a políticos incapaces de encontrar soluciones a los problemas que originan sus tribulaciones… la pobre financiación. Verían a políticos que en vez de enfrentarse a quienes le generan los problemas para financiarse, se enfrentan los unos a los otros por las nmigajas disponibles. Y qué decir de la impresión de los aliens hacia nosotros… “la tierra se invade en dos patás (o dos aletazos…)”. Mr ojos saltones pensaría como Asterix “estos romanos están locos”.

  3. La mayoría de las últimos post de este blog han estado concentrados en el tema de cataluña..única y exclusivamente. No hay problemas en españa más importantes? Quizás algunos de los que están influyendo, en cierta medida, en estas exacerbaciones del independentismo!

  4. La situación actual nos ha venido, por una clase politica mediocre que solo se ha interesado por llenar los bolsos aumque fuera fraudolentamente; y por eso se ha llegado a este fracaso y suben los nacionalismos que nos llevaran a un fracaso mayor, hace falta politicas con imaginación y muy solidarias para salir todos de la crisis, el recurso al nacionalismo es la mejor muestra de la mediocrdad e incompetencia

  5. Centrar el asunto a tiempo es vital. ¿Pero, sinceramente, Iñaki, para cuando era eso? ¿No estamos demasiado a destiempo? ¿Y no es lo que se debe pedir y exigir siempre en un estado democràtico, que los políticos no sean cobardes, mediocres, trilleros, dejen de marear la perdiz y sólo esconder sus cartas y fullerías? Una respuesta positiva a caminar hacia el federalismo era lo que la sociedad y los políticos catalanes (no debemos olvidar esto, los catalanes pasamos por las urnas, y las urnas es lo más serio que existe) pedian cuando impulsaron el proceso del Estatut. Aquella era un una época de bonanza económica y de sosiego político, con un gobierno con un sobrado margen de maniobra de no haber estado supongo solo pendiente de la oposición del PP y avasallado por sus alardes centralistas y su nacionalismo tóxico; aunque para mi en Cataluña el federalismo o el despliegue máximo de las autonomías tuvo carácter urgente y irrenunciable después de los sucesivos gobiernos de Aznar, de su pulso recentralizador y de sus fantochadas y salidas de tono. Ahí se rompieron todos los puentes, y se hundieron con aparatosidad aplastante, con notas de “castigo ejemplar”, incluso sorna, las posibilidades de respeto y entendimiento. Y el remate lo hizo el Tribunal Constitucional a petición del PP. Pero se hundió algo más probablemente también: la legalidad vigente, la legitimidad de la Constitución Española en su conjunto en tanto que marco de convivencia. La independencia es una apuesta por la democracia.

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