Una vez más las cámaras se alejan del cine de autor y se centran en un atraco de película en el corazón del festival de Cannes. La noche del pasado jueves al viernes fueron robadas joyas valoradas en un millón de euros y cedidas por la joyería Choppard para que las estrellas las luciesen en la alfombra roja del festival. El robo se produjo en el poco glamuroso hotel Novotel, donde estaban custodiadas por guardias de seguridad de la joyería. Y la noticia salta cuando ayer mismo desfilaron las protagonistas de ‘The Bling Ring’, la película de Sofia Coppola que cuenta la historia real de una banda de adolescentes americanas que robaron 3 millones de dólares entre joyas y ropa a estrellas como Paris Hilton y Orlando Bloom.
Esta es la comidilla de Cannes, en un día en el que el director iraní Asghar Farhadi – el realizador de la multipremiada ‘Nader y Simin, una separación’- presenta otro drama familiar titulado ‘Le Passé’ y rodado en francés, que no llega a la altura aquella, pero hace alarde de su dominio para narrar conflictos emocionales con una pasmosa naturalidad. La protagonista de ‘The Artist, Bérénice Bejoy el actor de ‘Un Profeta’, Tahar Rahim interpretan a una pareja a punto de casarse, cuya matrimonio peligra por la fragilidad de las relaciones con sus hijos y ex parejas.
‘Le Passé‘ es la segunda película rodada en francés por Farhadi, quien no habla una palabra de este idioma y utilizó un intérprete durante los meses de ensayos y rodaje, sin que ningún actor sintiera problemas de comunicación: “De hecho, Asghar es un director que increíblemente tranquilo y seguro de sí mismo. Tiene toda la película en la cabeza. Nunca tuvimos ninguna duda”, asegura Bejo.
‘Le Passé’ es la primera película de la sección oficial que tiene posibilidades de premio. El hecho de que Steven Spielberg sea presidente del jurado hace que a la salida de todas las proyecciones los corrillos de periodistas se pregunten si ésta o aquella película pudiera gustarle. Sin duda, Le Passé es un drama intimista que emociona y se acerca a la piel y a las contradicciones de todos los personajes. A Farhadino le importa reconocer que sus películas siempre son sobre la familia. “No hay nada más cercano al espectador. No se necesita explicar nada sobre los sentimientos de las familias. Todos los conocemos”.
Sin embargo, a pesar de su portentosa maestría para meter su cámara literalmente en la cotidianidad de una familia en crisis, Farhadi se ha quedado lejos del milagro sobriedad sentimental que desplegó en la multipremiada ‘Nader y Simin: una separación’.
La cara de Leonardo Di Capriolo dice todo. No ha sido una sorpresa que El Gran Gatsby se podría dar de bruces con Cannes. Se veía venir que al exuberante estilo del director australiano Baz Lurhmann no le pegaba nada a una novela tan sutil como El Gran Gatsby. El director australiano ha hecho una adaptación visualmente apabullante en 3D: un tiovivo de canciones, juergas y borracheras que han asfixiado literalmente el trabajo de los protagonistas Leonardo Di cario y Carey Mulligan.
La primera jornada de Cannes ha estado pasada por agua. Lluvia para el común de los mortales y un jarro de agua fría para el equipo de esta superproducción que ha defendido su apuesta con rígida profesionalidad. Salvo el director australiano que ha contado emocionado cómo la mismísima nieta del Francis Scott Fitzgerald le dio las bendiciones a su película en el estreno americano: “Se me acercó una señora muy distinguida, que se parecía a Katharine Hepburb en El estanque dorado, y me dijo que había venido de Vermont para decirme a su abuelo le habría gustado mi Gatsby”.
Di Caprio – serio, algo distante y con perilla- se ha limitado a decir que Luhrmann es un hombre apasionado y que siempre sueña “a lo grande”. Es cierto, pero la magnitud de la cáscara y el volumen de los decibelios ha aplastado el alma de los personajes, a pesar de que Carey Mulligan ha compuesto una magnífica y frágil Daisy, superando a un más que correcto de Di Caprio.
Pero que nadie se inquiete porque El Gran Gatsby, está fuera de concurso, y solo ha venido a Cannes a hacer promoción para su estreno planetario de mañana. Y ahora vamos con los miembros del jurado.
SPEILBERG FOR PRESIDENT
Se lo han pedido en muchas ocasiones, pero esta es la primera vez que Steven Spielberg acepta ser presidente del jurado: “Bueno, no me lo han pedido mil veces, algunas sí, pero siempre estoy muy ocupado rodando en primavera y esta es la primera vez que puedo venir. Es un honor y un placer”, ha dicho el director de ET rodeado de sus compañeros de misión como Nicole Kidman o el taiwanés Ang Lee.
Spielberg nunca ha presentado una de sus películas a la sección oficial de este festival, y por tanto, no tiene Palma de Oro: “Las películas compiten siempre por tener más público, más audiencia. En este caso, me tomo este festival como la oportunidad de ver el cine de varias culturas”.
A su lado, Nicole Kidman ha confesado que ella quería compartir dos semanas con Spielberg y se ha reído cuando le han preguntado por los consejos que le ha dado su marido, Keith Urban, que en unos días termina su trabajo como jurado del concurso American Idol: “Nos gusta lo que hacemos” ha justificado la australiana, escurriendo el bulto a una pregunta con mucha retranca.
Con este cartel de un inolvidable beso de tornillo entre Paul Newman y Joanne Woodward, hoy se pone en marcha la 66ª edición el mayor escaparate del mundo del cine: un festival de 13 días en el que el Gobierno francés y los ayuntamientos de la Costa Azul invierten 20 millones de euros. Entre el mercado y las diferentes secciones oficiales se proyectan 1100 películas y 3.500 periodistas cubren el certamen del que saldrán las grandes películas de la próxima temporada: Amour de Haneke fue la Palma de la pasada edición, consiguió 5 nominaciones al Oscar, y ganó el premio a la mejor película extranjera. Pero claro, el glamour también tiene su cara b, sus líos de organización y desmadres que han alcanzado la categoría de clásico.
Rauuuuuuuuuuuuuuuuuuúl et …. je suis désolé
El festival vivido dentro la limusina de las estrellas es un trajín de alfombras rojas, cámaras y guardias de seguridad que protegen a Leonardo di Caprio de la chusma de la prensa. Pero si uno es chusma, es decir, si eres prensa, no hay alfombra roja ni limusina que valga. Esta ciudad de ricos – donde los hoteles más cutres cobran 200 euros la noche y un café cuesta 5 – es un laberinto dominado por una férrea organización que da más acreditaciones de la cuenta y deja fuera de las ruedas de prensa a un 20 % de periodistas. Por toda respuesta uno se encuentra la cara cuadrada de un guardia de seguridad king size que masculla: “je suis désolé”. Y te fastidias.
Otra tortura de Cannes para los plumillas son los madrugones: las proyecciones de las películas más importantes son a las ocho y media de la mañana, pero como aquí hay más colas que en tiempos de la URSS, hay que hacer cola desde las 7:45 para asegurarse ver la película de Polanski o los Coen.
Pero no todo es maltrato y humillaciones en Cannes: hay una ancestral y simpática costumbre que se mantiene con los años. Al comienzo de las proyecciones, o en el momento más tedioso de la película turca de turno – esa que siempre gana premio- alguien grita en la oscuridad Rauuuuuuuuuuuuuuuúl a pleno pulmón. Hay risas y luego se vuelve a la seriedad del festival más importante del mundo. No hay explicación: “Je suis désolé”.
Leo de Caprio y la apisonadora de Hollywood
Los franceses son los grandes vendedores de su cine y anfitriones perfectos para el cine americano que desembarca en Cannes con un apabullante poderío. Cinco de las veinte películas que optan a la Palma de Oro son americanas: los hermanos Coen, Jim Jarmusch, Alexander Payne, James Grey y Steven Soderbergh presentan sus últimos trabajos con el consiguiente desembarco de estrellas como Michael Douglas, Matt Damon y Ryan Gosling. Pero también el jurado lleva bandera americana: Steven Spielberg es el presidente de un jurado compuesto por nombres de estrellas aupadas por Hollywood como Nicole Kidman, Ang Lee y Christoph Waltz. Y por si fuera poco, Leonardo Di Caprio llega hoy con la apisonadora de ‘El Gran Gatsby’: una superproducción dirigida por el colorista Baz Luhrmann que abre inaugura el festival a bombo y platillo. Apabullante, auque ya veremos si hay aplausos o abucheos.
Los anfitriones franceses, con su clásica habilidad de barrer para casa, también han colocado otras cinco películas suyas en la competición, incluyendo al venerado Polanski, François Ozon, Arnaud des Palliéres, Arnaud de Desplechin, Valeria Bruni Tedeschi y han producido otras tantas obras de directores consagrados como el danés Nicolas Winding Refn que repite en Only God Forvides el reparto de Drive (Gosling/ Mulligan) tras su éxito en Cannes. El resto de la sección oficial la componen grandes nombres del cine oriental y árabe desde Asghar Farhadi, Abdellatif Kechiche y el japonés Kore-eda Hirokazu.
El cine español: “Con la pata quebrada” y en casa
Otro clásico que se repite este año es la ausencia de cine español en Cannes. Si Almodóvar no trae película, no hay director español que entre en la preciada veintena de la sección oficial. Después de una década sin faltar a la cita francesa, Pedro Almodóvar – a pesar de que fue invitado- ha declinado la invitación de participar con la alocada comedia Los Amantes pasajeros. Tan sólo dos directores de nuestro país han entrado en las selectas secciones del festival: Diego Galán con su documental, montado con escenas de películas, sobre las mujeres españolas y su imagen en el cine español titulado ‘Con la pata quebrada’ y el burgalés Diego Quemada-Díez presenta su ópera prima ‘La Jaula de Oro’, de producción y ambientada en México, que participa en la sección Una cierta mirada y compite por el premio a las óperas primas, la Cámara de Oro.
La única película en castellano de la sección oficial es ‘Heli’ de Amat Escalante, nacido en Barcelona y formado en México, que trae una historia rodada y producida en ese país.
‘Lincoln’. Otra lección de historia de Spielberg / María Guerra
A Steven Spielberg le duele la esclavitud por encima de todas las injusticias de la historia americana. ‘Lincoln‘ es su tercera película sobre el tema tras ‘El color púrpura’ (1985) y ‘Amistad‘ (1997). En su afán por ser preciso y no simplificar la envergadura de la doble empresa de Lincoln en el año 1865 – acabar la Guerra Civil y abolir la esclavitud- Spielberg se embarra en un guion prolijo que hace eterna la película.
Ya pasada la primera hora de zafarrancho leguleyo en el Congreso de la época, dividido por la aprobación de la décimo tercera enmienda a la Constitución, la película cobra emoción y vida. Solo cuando se centra en la dimensión humana del personaje al que Daniel Day Lewis resucita literalmente, Lincoln despega y se convierte en el monumento al que Spielberg aspiraba, pero en el que se ha quedado a medias. Un espectador neutro, sin antecedentes o especial interés por la época, queda sepultado por la multitud de datos y personajes, subtramas políticas que hacen desconectar y llegar agotados a la verdadera historia que conmueve: la humanidad de Lincoln y su nada perfecta vida familiar.
Entre las 12 candidaturas a los Oscar, sin duda Sally Field y Day Lewis se merecen el que sería su respectivo tercer Oscar. La rabia de la esposa del prohombre está delicadamente retratada por Spielberg, que fiel a sí mismo, se pone inútilmente lacrimógeno. Muy larga y demasiado didáctica, Lincoln transmite su mensaje político – machacado y largo-. Se trata de un error de enfoque, le sobra política y el Lincoln humano sabe a poco.
‘Django desencadenado’. Memoria histórica de Tarantino / Pepa Blanes
Es curioso que llegue el mismo día la cartelera dos películas que hablan sobre un mismo tema: la esclavitud en la América de finales del siglo XIX, y que a la vez sean completamente diferentes. Tarantino tenía dos pretensiones antes de rodar ‘Django desencadenado‘. Primero, hacer un spaghetti western. Y firma uno redondo a pesar de su duración. Es cierto que no innova en el género y en cuanto a la historia, traslada la esencia de ‘Malditos bastardos‘ a las plantaciones de algodón de los estados sureños. Y aquí aparece otra de sus pretensiones: hacer memoria histórica de la esclavitud en la incipiente democracia de Estados Unidos. Como no podía ser de otra manera, su forma de hacer justicia es la venganza vestida de estética pop.
En cuanto a lo formal, no hay narraciones paralelas, hay menos diálogos tarantinanos y, en su lugar, más monólogos que en otras cintas, pero si en algo es experto el director de ‘Pulp fiction‘ es en dejarnos momentos memorables en sus películas y en ésta no se queda corto. Y hasta aquí podemos leer para mantener el efecto sorpresa. Capítulo aparte merece el tema de la violencia. Tarantinomuestra el pasado violento y sanguinario del pueblo americano con su estilo hiperbólico. Como novedad, que esa violencia, marca de la casa, genere por primera vez repulsión, al menos la que se ejerce hacía los negros.
De los actores, Jamie Foxx muestra su alma de vaquero y se convierte en el primer héroe con podería de un western negro. Christoph Waltz -flamante ganador del Globo de Oro- está magnífico de cazarecompensas alemán. Dicaprioes otro actor que brilla en ‘Django desencadenado‘ con su interpretación de amo y señor de la plantación ‘Candyland’. Atentos también a los secundarios: Samuel L. Jackson y Don Johnson -en una de las escenas más divertidas parodiando al Ku Kux Klan (¿parodia también a Griffith?)-. En definitiva, cine lleno de excesos, de adrenalina y de diversión, esta vez con mensaje, que solo Tarantino puede hacer. La guinda es la banda sonora, como siempre en su cine, perfecta
‘Nameless Gangster’. Mafias coreanas
Convertida en una de las películas más taquilleras del año en Corea del Sur, con más de 4 millones y medio de espectadores y 32 millones de dólares recaudados en taquilla, ‘Nameless Gangster‘ representa la segunda colaboración entre el actor Ha Jung-woo y el director Yun Jong-bin tras ‘The Unforgiven’ y ‘Beastie Boys’. La cinta, que fue presentada en el Festival de Sitges, está ambientada en las luchas de poder y contrapoder entre gánsters y gobierno en los ochenta y noventa.
‘El corazón del roble’. Animación española
Una serie de extraños acontecimientos están cambiando el clima de la colina del Dragón. Las temperaturas han bajado escandalosamente y sus habitantes viven inmersoso en el frío y la oscuridad. Por eso, el guardián del bosque suplica ayuda a los dioses. Estos atenderán la plegaria, pero de una forma muy sorprendente. Ricardo Ramón y Ángel Izquierdo dirigen esta cinta, ‘El corazón del guerrero‘ que ha logrado una nominación al Goya como Mejor Película de Animación.
‘Tabú’. Murnau resucita en portugués
Desde Portugal nos llega esta historia, la de una vieja y temperamental señora, su criada de Cabo Verde y una vecina entregada a las causas sociales. Tras la muerte de la primera, las otras dos se enteran de un episodio de su pasado: una historia de amor, crimen y aventuras ambientada en África. Miguel Gomes -uno de los cienastas lusos con mayor producción- firma esta triste historia de amor que supone el remake de la cinta que Murnaudirigió en 1931.
‘Caballo de batalla’. Una guerra para toda la familia / María Guerra
Steven Spielberg tiene algo de amable profesor, de esos que encandilan a los alumnos y les muestran el mundo a su manera. Al margen de sus películas de entretenimiento puro y duro, Spielberg tiene una amplia filmografía histórica: la esclavitud (‘Amistad’, 1997), la opresión de las mujeres afroamericanas (‘El Color Púrpura’, 1985), el Holocausto (‘La Lista de Schindler’, 1993), la Segunda Guerra Mundial (‘Salvar al Soldado Ryan’, 1998) y las acciones del servicio secreto israelí (‘Munich’, 2005). En todas ellas toma partido, y sin duda, las mejores son las más descarnadas -’La Lista de Schindler’ y ‘Salvar al Soldado Ryan’- precisamente porque enfocan al corazón de la tragedia sin afán paternalista y sin taparle los ojos a los espectadores.
‘Caballo de batalla’ es una bella impostura. Una mirada distante y censurada hacia una guerra con lágrimas pero sin sangre, y que protagoniza un caballo por el que sentimos una ternura infinita. Spielberg nos presenta la Primera Guerra Mundial como una contienda que da pena, pero no rabia.
Se trata de otra película de un director que, a veces, decide tratar a su público como menor de edad y llevarlo por el camino de las emociones blandas, la lágrima fácil. De hecho, él mismo ha reconocido que esta película está dirigida al público familiar y que ha querido apartarse de las cruentas escenas de batalla. Y lo hace, precisamente, retratando la última guerra en la que todavía se luchaba con bayonetas y cuerpo a cuerpo.
Los defensores de Spielberg apelarán a su monumental puesta en escena. Impecable e irreprochable de principio a fin, aunque resulte de una belleza relamida. Sin embargo, los avatares de este caballo que pasa de mano en mano, entre patadas y cañonazos, durante los años de la Primera Guerra Mundial son previsibles y cansinos desde el principio. En efecto, es una película de simplificación. Para quienes quieran llorar por un caballo un rato y olvidarlo a continuación.
‘El invitado’. Acción sin guión / María Guerra
A sus 57 años, Denzel Washington es consciente de que le queda poco tiempo de galán protagonista y la semana pasada, en su visita a Madrid, confesaba abiertamente: “Ahora busco variedad. Sé que cada vez me ofrecerán menos papeles, así que intento hacer trabajos de calidad y de los que me pueda sentir orgulloso”. En ‘El Invitado’, Washington es productor y protagonista. Se ha reservado el personaje de un exespía de la CIA que vende secretos al mejor postor, y tras ser detenido, cae en un piso franco vigilado por el agente novato Ryan Reynolds. Velocidad, tiros, golpes, navajazos, peleas y más peleas. Dos horas. Sin aliento.
Dirige el sueco (de ascendencia chilena) Daniel Espinosa, que debuta en Hollywood tras el éxito internacional de su tercer film, ‘Dinero Fácil’ (2010). Espinosa rueda la acción con una naturalidad frenética y pasmosa, pero le traicionan las trampas de un guión lleno de milagros que mantienen con vida a los protagonistas.
Sin embargo, ‘El invitado’ se aleja de la irrelevancia gracias a la imponente presencia escénica de Washington, que interpreta a un personaje poco creíble, pero que él dota de una mirada taladradora, que somete y humilla al también correcto, aunque apabullado, Ryan Reynolds. También es un acierto el casting de grandes actores para personajes secundarios como Sham Shepard, Vera Farmiga y Brendan Gleeson. Son los pilares de una película de acción que funciona por la atmósfera opresiva, pero se hunde en un guión facilón.
‘Lo mejor de Eva’. Lo mejor es Watling / María Guerra
Mariano Barroso es un director que se mueve bien en los márgenes emocionales. Sus personajes son rugosos y matizados. Ese es uno de sus puntos fuertes que demostró, sobre todo, en sus primeras películas: ‘Mi hermano del alma’ (1994), ‘Éxtasis’ (1996) y ‘Los lobos de Washington’ (1999).
‘Lo mejor de Eva’ propone un viaje a la infelicidad de una jueza magistralmente interpretada por Leonor Watling. Su fortaleza basada en el dogmatismo y el autocontrol se resquebraja cuando aparece en su vida un gigoló al que da vida Miguel Ángel Silvestre, un actor con un atractivo sexual tan potente que le perjudica en este papel, que hubiera necesitado menos contundencia erótica. Era muy arriesgado plantear una relación sutil entre una jueza y un gigoló sin caerse al abismo.
Pese a un cierto descalabro, ‘Lo mejor de Eva’ consigue momentos de gran pureza gracias al talento y la contención de Watling que pisa con delicadeza el quebranto de su personaje, lleno de misterios e insinuaciones no desveladas.
‘Declaración de guerra’. La reacción Mac / David Martos
Es un hecho. Debemos admitir que vivimos en la ‘Generación Mac’, y que se hacen películas que hablan de hombres y mujeres que superan la treintena y que no saben qué hacer con sus vidas. No queremos decir que el fallecido Steve Jobs sea el responsable directo del despiste monumental de todos los treintañeros, pero nos sirve como símbolo de una época que -dadas las turbulencias- se refugia en lo estético y en lo funcional… y huye de lo esencial. Ya hemos dicho en este blog que las últimas películas de Sarah Polley -’Take this waltz’- y de Miranda July -’El futuro’- nos parecen claros ejemplos de la ‘Generación Mac’, con protagonistas bloqueados, jóvenes por quienes pasa la vida sin dejar ni rastro. ‘Declaración de guerra’, la película elegida por Francia para representar su cine en los Oscar, y que finalmente ha quedado fuera de la carrera, tiene algunos matices distintos.
Valérie Donzelli dirige y protagoniza la historia de una pareja joven que tiene un hijo, y que ve trastornada su vida cuando al pequeño le diagnostican un tumor cerebral. El coprotagonista y coguionista es el actor Jérémie Elkaïm, su pareja, y ambos decidieron basar la historia en su caso personal. Romeo y Juliette -así se llaman sus personajes- salen del paroxismo vital en el que orbitaban con la llegada de la enfermedad del pequeño Adam -siguen las referencias bíblicas-, y aquí encontramos la diferencia de ‘Declaración de guerra’ con el resto de películas de la ‘Generación Mac’. Los jóvenes protagonistas… reaccionan. Dejan su letargo y se ponen a buscar desesperadamente la curación para el niño. Podemos discutir cómo lo hacen, podemos pensar que su reacción es cursi -los actores cantan una emotiva canción en mitad de la cinta o duermen cariñosamente abrazados, con pijamas ‘trendy’, en su cama del hospital-, pero el hecho es que reaccionan.
‘Declaración de guerra’ consigue, a ratos, ser el relato conmovedor de unos padres que luchan desesperadamente por salvar a su hijo; el resto de la película confirma que el cine -curiosamente de la mano de directoras- comienza a mirar a esa generación perdida de treintañeros que mandan mails con el Mac sobre las piernas.
‘Drei’. ¿En serio? / David Martos
Terminar de ver ‘Drei’ -’tres’ en alemán- y enfrentarse con la pantalla en blanco… supone tomar una decisión muy complicada: ¿Nos tomamos la película en serio o en broma? La decisión no es accesoria, y puede cambiar completamente nuestro juicio sobre la película. Vamos a tomárnosla en serio. ‘Drei’ es la historia de una pareja adulta, pongamos que recién llegada a la cuarentena, que se ha aburrido de su rutina común. Fingen en la cama, evitan pasar más tiempo juntos que el estrictamente necesario, se consideran anodinos… pero se quieren. En esto, aparece el tercer elemento en discordia. Un hombre jovial y sonriente que trastoca la vida amorosa de ella… pero también de él. Los dos integrantes de la pareja comienzan una relación sexual -que poco a poco se va adentrando en lo afectivo- con este perfecto desconocido [después profundizaremos en lo de 'perfecto']. La película pretende explorar los límites de la pareja en pleno siglo XXI, cuando las barreras de la moral sexual están por los suelos.
Supongamos ahora que no nos hemos tomado la película en serio. Lo que hemos visto en la pantalla es la historia de una mujer -la actriz Sophie Rois- que, con el aspecto de Glenn Close y Antonia San Juan, deambula por las calles de Berlín con cara de colegiala enamorada; lo que hemos visto es la historia de un hombre -el actor Sebastian Schipper- que, escondido tras el traje bohemio de ingeniero de arte, descubre la homosexualidad en una piscina como el que descubre que ha cogido hongos en un pie; es la historia, por fin, de ese ‘hombre perfecto’ a quien todos deberíamos envidiar -Devid Striesow-, de ese soltero de oro que se acuesta con hombres y mujeres en su apartamento perfectamente decorado [en el que no hay ningún libro, porque presume de no leer]. Y es curioso este tercer personaje, porque se nos presenta como el ideal, como el símbolo de la liberación sexual… y como prueba irrefutable de la superación de la familia.
‘Drei’, de Tom Tykwer -’Corre, Lola, Corre’, ‘El perfume’, ‘The international’-, se estreno en septiembre de 2010 en el marco de la Mostra de Venecia. Juega con planos artísticos fuera de contexto, en los que muestra a los personajes, pensativos, con un fondo blanquísimo; o nos sorprende con estampas en blanco y negro, como si fueran fotografías antiguas, para redondear los sentimientos de los actores. La cinta se diluye fácilmente cuando termina, y nos deja una reflexión: ¿Cuántas películas más utilizarán ‘Space Oddity’ de David Bowie para su banda sonora?
‘The French kissers’. Niños con granos que se besan / David Martos
Los niños con granos, con ese olor tan característico que despiden los adolescentes -no, madres y padres, no es dejadez por vuestra parte, son las hormonas- también se besan. Es la principal tesis de esta enésima película sobre el descubrimiento de la sexualidad y de las relaciones amorosas. En ‘The French Kissers’ -Riad Sattouf-, los jóvenes protagonistas parecen llevar inoculado el veneno del cine, porque sin una sola referencia al Séptimo Arte, parecen dramatizar cada segundo como si vivieran en una película -dentro de su propia película, ahora me explico. Todos los sentimientos y las situaciones se desbordan. Si muere el abuelo de un compañero de la clase, las lágrimas son infinitas; si dos adolescentes se masturban mirando por la ventana a su vecina de enfrente, es que ella está interpretando una verdadera película porno en su salón -con las cortinas descorridas, claro; si el joven protagonista va a su primera fiesta, allí se presenta su madre para avergonzarlo delante de sus amigos. Mucho exceso para un tema tan trillado.
Dice María Guerra que, en el rodaje de una película, 'la script' es la persona que apunta y detalla la continuidad de las tomas, siempre armada con lápiz y papel. Ese mismo espíritu tiene este blog: el de contar los entresijos de los festivales, estrenos y rodajes de cine