3 ago 2012
Las críticas de ‘La Script’. ‘Prometheus’ sale de la nevera en la cartelera de agosto
‘Prometheus’. Un ‘reboot’ precuelizado / David Martos
¿Es importante que lo que se estrena en las pantallas este 3 de agosto sea una precuela o un ‘reboot’? ¿De verdad tiene importancia? Seguro que las legiones de fans de ‘Alien’ responderán a estas preguntas con un sonoro ‘sí’, pero nosotros estamos convencidos de lo contrario. No, no tiene tanta importancia. En la mente y la voluntad de Ridley Scott, que llevaba 30 años sin firmar una película de ciencia-ficción, ‘Prometheus’ nació como una precuela de la saga ‘Alien’; como una explicación de la procedencia del Jinete Espacial, esa criatura con el vientre reventado que lleva en nuestra retina desde 1979. Es verdad, ese fue el punto de partida de la cinta según su director… pero con la maduración del proyecto llegaron los cambios, los símbolos se fueron multiplicando… y el universo de ‘Prometheus’ se convirtió en independiente, en autorreferencial, en algo distinto a la idea primigenia.
En la película, un grupo de arqueólogos encuentra -a finales de un siglo XXI que se parece bastante a los días que ahora vivimos- un vínculo patente entre las civilizaciones antiguas que poblaron la Tierra y una raza extraterrestre que intentaba comunicarse con ellas. De hecho, les transmitían un mapa estelar plasmado en decenas de obras de arte. Los científicos, con Noomi Rapace y Logan Marshall-Green a la cabeza, convencen a una importante corporación para que emprenda un viaje espacial siguiendo ese mapa. En la nave, Charlize Theron actúa como maestra de ceremonias de la empresa que dirige Guy Pierce; también a bordo, un Michael Fassbender que borda el papel -cuál no borda- de androide prácticamente humano.
Cuando la expedición llega a su destino, encuentra algo muy distinto a la raza amigable que esperaba, a esos divinos creadores que propiciaron la vida humana con su aliento. Ridley Scott firma una película muy entretenida, visualmente irreprochable -es su primera cinta en 3D- y que gustará a los amantes del género. Sin embargo, las grandes preguntas filosóficas que plantea no casan completamente con las pequeñas historias de los personajes que vehiculan la trama. En otras palabras… queremos saber más del origen de la Humanidad y menos de las relaciones amorosas de los protagonistas. ‘Alien’ está en el ADN de ‘Prometheus’, pero realmente no importa que esta última cinta no encaje con la saga. Está en su misma órbita, pero es un producto evolucionado. Así es el arte.
‘Pollo con ciruelas’. A medio cocinar / David Martos
A finales del verano de 2011, cuando ya arreciaba esta gripe económica que nos tiene a todos contagiados, ‘Pollo con ciruelas’ se estrenaba en la Mostra de Venecia con un perfil más bien discreto. Y eso que llegaba apadrinada por los dos directores -Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud- que hicieron de ‘Persépolis’ un gran canto contra la intolerancia. Pero en este caso no, en este caso su cine no es de denuncia, en este caso es precisamente el contexto el que ha empujado a estos cineastas a refugiarse en lo artístico. “Con toda esa mierda que nos venden sobre el choque de civilizaciones… ¿No es 10.000 veces más interesante la historia de un hombre que se moría por una mujer en 1958? Es hora de celebrar el arte, la belleza, el arte por el arte… y no solo la realidad”, nos decía Satrapi en el Festival de Toronto el pasado septiembre.
Y sin embargo, la película es un paradigma de multiculturalidad. Rodada en francés, rodada en Alemania, rodada con actores italianos, e iraníes… Pero quizá es un pollo que se ha quedado a medio cocinar. La belleza visual que envuelve la historia del violinista a quien encarna Mathieu Amalric no es suficiente para sostener la historia, que se pierde en un meloso envoltorio. Una fría María de Medeiros y una breve aparición de Isabella Rossellini -que deja con ganas de más- tampoco ayudan. La banda sonora es deliciosa, y se nota que Satrapi y Paronnaud saben rodar con buen pulso, pero echamos de menos la fuerza del condimento político, quizá el ingrediente que le falta al plato.
‘La felicidad nunca viene sola’. Comedia sin dobleces / David Martos
Ambientada en la alta sociedad francesa, ‘La felicidad nunca viene sola’ es la comedia gala de la semana. Una Sophie Marceau muy patosa, emparejada con un gran magnate de la comunicación publicitaria, se enamora de uno de sus emplados… un compositor musical que trabaja ideando sintonías de anuncios, que vive en un piso desastroso y al que su madre hace la compra cada mañana. El personaje del actor de origen marroquí Gad Elmaleh entra en la vida de su nueva novia y en la de los hijos de esta, a quienes intenta evitar. Una comedia sencilla que se va ganando el corazón de quien la ve a medida que pasan los minutos, es de esas películas que mantienen al espectador en la butaca por la mera curiosidad de ver ‘qué pasará al final’. ¿Creen que acaba bien?
‘Sin rastro’. No deja huellas / David Martos
A la actriz Amanda Seyfried le esperan dos estrenos de relumbrón. Dentro de unos meses la veremos protagonizar ‘Lovelace’, la historia de la actriz porno llamada así; además, está entre el cast protagonista de ‘Los miserables’, por lo que todo apunta a que volverá a cantar… como lo hizo en ‘Mamma mía’, la película que lanzó su nombre a la fama. Sin embargo, entre aquel primer éxito y los éxitos que vendrán, Seyfried ha hecho algunas películas que no destacan por su originalidad. Es el caso de ‘Sin rastro’, que llega esta semana a la cartelera. La actriz interpreta a una chica llena de miedos -ha sobrevivido al secuestro de un psicópata- que ve con terror cómo desaparece su hermana. Entonces emprende una increíble persecución para encontrar a la desaparecida y a su captor. No se puede decir que la película del brasileño Heitor Dhalla esté mal rodada, pero el argumento está tan trillado y los diálogos son tan facilones… que las otras calidades palidecen.







