9 mar 2012
Las críticas de ‘La Script’. George Clooney simplifica las traiciones de la política norteamericana
‘Los idus de marzo’. Clooney, en las cloacas políticas / María Guerra
En su cuarto largometraje como director, George Clooney se lanza a las alcantarillas de la política. Y además lo hace donde más le podría doler a un artista progresista como él mismo: ‘Los idus de marzo’ es un retrato ficticio de las sórdidas entrañas del Partido Demócrata en plenas elecciones primarias de los republicanos. Tan duro es el reflejo de la podredumbre moral de los políticos, que Clooney retrasó el comienzo del rodaje para que no coincidiera con la llegada al poder de Obama: “Todo el mundo estaba tan ilusionado, que no queríamos ser aguafiestas con una película tan cínica. Así que esperamos un año de la presidencia de Obama para que se pasará la euforia y arrancar nuestro proyecto”, contaba Clooney en el pasado Festival de Venecia, donde se estrenó su película.
Como ya hizo en ‘Buenas noches y buena suerte’, George Clooney se reserva un personaje secundario -el gobernador que aspira a candidato- y cede el protagonismo a Ryan Gosling, que interpreta a una joven promesa de las maquinaciones… que descubre que las entrañas de las campañas políticas están manejadas por auténticas hienas, dispuestas a todo para conseguir que su candidato llegue a la Casa Blanca. Uno de los aciertos de la película, sin duda, es el despliegue de actores tan curtidos como Philip Seymour Hoffman, Paul Giamatti y Marisa Tomei, que interpretan con magistral sobriedad a los intermediarios sin escrúpulos que mueven los hilos de la política y el periodismo. A veces, traicionan; otras veces, ellos reciben la puñalada trapera. Sin aspavientos.
Basada en la obra de teatro ‘Farragut North’ de Beau Willimon –quien también ha participado en el guion y ha compartido la única candidatura a los Oscar de esta película-, el mayor defecto de ‘Los idus de marzo’ es precisamente el giro inexplicable de la trama de lucha de poder hacia un escándalo sexual (mal explicado) que debilita y la desinfla la historia. Pese a su endeble parte final, es una película llena de aristas que mete el dedo en la llaga de muchos tabúes políticos americanos -como la omnipresente religión en la vida pública-, y tiene magnificas interpretaciones que la convierten en un largometraje interesante, aunque muy lejos de la brillantez de ‘Buenas noches y buena suerte’.
‘De tu ventana a la mía’. Fuerza visual y excesos poéticos / María Guerra
Paula Ortiz (Zaragoza, 1979) debuta con contundencia con ‘De tu ventana a la mía’, un largometraje que teje las historias de tres mujeres en distintos momentos el siglo XX: Leticia Dolera es una joven burguesa en los años 20; Maribel Verdú interpreta a una campesina, esposa de un preso republicano, en 1941; y Luisa Gavasa da vida a una enferma de cáncer en 1975. Impresiona la potencia visual y la seguridad de esta joven directora, que a través de una elaborada trenza narrativa construye un discurso de libertad de mujeres sometidas por la inercia social y la represión política franquista. Debajo de un caparazón de paternalismo, estas mujeres –cuyas vidas no se cruzan jamás- encuentran una rebeldía interior que se convierte en el motor de esperanza.
Se trata de una película elaborada con muchísimo detenimiento, una suerte de encaje de bolillos que visualmente es deslumbrante, pero que narrativamente resulta empalagosa. Lo que aparentemente es su mayor virtud se convierte a la vez en un lastre, ya que la sobriedad daría mucha más potencia a su acertada denuncia de invisibilidad y a la celebración de la fuerza de las mujeres, que debajo de cualquier bota, a lo largo de los siglos, han batallado de una manera silenciosa por su dignidad. De las tres historias… es la de la solterona amargada que interpreta Luisa Gavasa la más brillante, quizá por ser también la menos primorosa.
‘Dictado’. Lo inquietante pierde el equilibrio / María Guerra
El director Antonio Chavarrías desarrolla la idea de que “la infancia te marca para siempre”. Juan Diego Botto y Bárbara Lennie son una pareja sin hijos con una vida plácida, que queda bruscamente alterada por la llegada de una niña en régimen de acogida [Mágica Pérez]. Es una presencia vinculada a una tragedia del pasado de Botto que hace evolucionar al personaje por todos los matices, del drama psicológico hasta el thriller fantasmagórico.
‘Dictado’ parte de una idea original del dramaturgo catalán Sergi Belbel sobre la maldad de la infancia, que resulta insuperable en la edad adulta. Chavarrías acierta en el tono inicial de la historia como un cuento oscuro lleno de momentos inquietantes, sobre los que camina de puntillas con acierto… hasta que cae y pierde el equilibrio, convirtiéndose en un thriller de terror ya trillado.
‘Intocable’. Vivir para olvidar / David Martos
No cabe duda de que 2012 está siendo un gran año para la proyección internacional del cine francés. Nicolás Sarkozy acaba de otorgar la Legión de Honor al productor y distribuidor estadounidense Harvey Weinstein, uno de los principales artífices de que ‘The artist’ haya conseguido el Oscar a la Mejor Película. El gran éxito de esa cinta muda y en blanco y negro, de ese gran logro auspiciado por Michel Hazanavicius… puede tener un segundo capítulo, porque los Weinstein van a distribuir también en USA la película ‘Intocable’, la segunda más taquillera de la historia en Francia con casi 20 millones de entradas vendidas. Ha sido un auténtico torbellino, en parte gracias a un rostro conocidísimo en el país galo gracias a la televisión, el cómico Omar Sy. De origen tan humilde como el de su personaje, Sy acaba de hacerse con el premio César al Mejor Actor gracias al papel de Driss, un joven de los ‘banlieue’ [los suburbios de París] que consigue un trabajo como cuidador de un millonario en silla de ruedas [interpretado por el veterano François Cluzet, recientemente en 'Pequeñas mentiras sin importancia'].
Olivier Nakache y Eric Toledano, un dúo de directores casi inseparable, vieron en 2003 el documental ‘A la vie, a la mort’ ['En la vida, en la muerte']. Contaba la historia de un hombre rico que se quedó en silla de ruedas y que contrató a un chico árabe, procedente de una barriada, para encargarse de sus cuidados. Ese fue el origen de ‘Intocable’. Nakache y Toledano conocieron al personaje real en Marruecos -donde vive-, que ya había recibido varias peticiones para llevar su historia al cine. Conectaron… y la película se hizo, a condición de que fuese divertida, de que reflejase con humor el choque entre el París pudiente y el París trabajador. ‘Intocable’ no es solo una ‘feel good movie’, es una historia que se sostiene sobre un guión sutil, un texto que nos permite olvidarnos de las circunstancias -por ejemplo de la silla de ruedas- para dejarnos en manos de dos amigos que se ayudan y se necesitan. Por cierto, regresando a Omar Sy… ese ídolo de la televisión… es curioso que haya ganado el César. Aquí su equivalente podría ser José Mota, y se quedó sentado en la butaca en los últimos Premios Goya. ¿Cuál es el prestigio de la televisión en España?
‘John Carter’. Marciana pero eficaz / David Martos
El hijo pródigo de Pixar -Andrew Stanton, que dirigió ‘Buscando a Nemo’ o ‘Wall-E’- ha conseguido, después de décadas de proyectos, llevar a la gran pantalla la historia de Edgar Rice Burroughs ‘A princess of Mars’. Es la historia de un renegado que, en los Estados Unidos de mediados del siglo XIX, encuentra un extraño medallón que le permite viajar hasta Marte. ‘John Carter’ se desarrolla en dos planetas distintos -la Tierra y Marte- y en dos tiempos distintos, conectados por esos viajes intergalácticos que solo una especie de monjes con oscuras intenciones pueden realizar. Cuando el capitán Carter pisa Marte, se ve envuelto en un enfrentamiento mitad racial, mitad político, en el que encontrará el amor.
Es muy sencillo tomar ‘John Carter’ a broma, porque sus fallos de tono y de forma -con diálogos, vestuario y efectos impropios de las circunstancias que retrata- son evidentes. Y sin embargo, cuando la retina mental se ajusta a lo histriónico, el espectador descubre que la cinta parece reírse de sí misma y parodiar los cines fantástico e histórico. Entretiene y tiene algún número cómico -propio del ‘slapstick’- que la convierten en una buena opción para desconectar.































