15 jun 2012
Las críticas de ‘La Script’. Letargo preveraniego

‘Moonrise Kingdom’. El paraíso perdido del primer amor
Wes Anderson ha vuelto a sacar su varita mágica y nos lanza al mundo del primer amor en ‘Moonrise Kingdom’: Dos niños de 12 años (Jared Gilman y Kara Hayward) se escapan juntos para casarse y huir del estúpido mundo de los adultos. Anderson pone un espejo de distorsión e infelicidad ante los adultos, los magistrales Bill Murray y Frances Mac Dormand (interpretan a los padres de la niña ), Edward Norton como jefe torpe del campamento de los Boys Scout de donde se escapa el chaval, y Bruce Willis de policía local, un tipo entre retrasado y amoroso. Todos representan el mosaico de la desquiciante sociedad que supuestamente educa niños.
Mágica y visualmente deliciosa, ‘Moonrise Kingdom’ tiene momentos de inmensa ternura, especialmente en la relación física y la complicidad de los dos niños, pero arrastra los pies en un guion fatigoso y que avanza a trompicones. En realidad, da la sensación de que no hay destino posterior, ni reflexión que vaya más allá del deleite de ese primer amor. El guion, escrito a medias entre Roman Coppola (hijo del director de ‘El Padrino’) y el propio Anderson, se enrosca en torno a la impecable y vacía casita de muñecas. El director se queda encerrado en una burbuja infantiloide, que él relaciona con la inocencia que América pierde definitivamente a en los años 60. Sin embargo, ‘Moonrise Kingdom’ no ofrece lecturas universales, sino melancolía y autocompasión por un paraíso perdido.
‘Hysteria’. Orgasmos remilgados
La directora británica Tanya Wexler se zambulle en la estirada sociedad victoriana para ambientar una comedia sexual sobre doctores que remedian los nervios de sus pacientes femeninas masajeándoles el clítoris. La anécdota es tan delirante como histórica. En 1880 el doctor Grandville inventó un artilugio eléctrico -el actual vibrador- que estimulaba las partes íntimas de las mujeres que padecían una patología tan amplia, difusa y machista como la histeria –útero en griego-. Este es el arranque de una comedia romántica que aborda con flema y humor británico el paternalismo con el que la sociedad decimonónica trataba a las mujeres.
En lugar de elegir un enfoque feminista solemne, Wexler apuesta por la farsa a lo Wilde, aunque muy superficial y sin carga de profundidad, ni en la forma ni en el fondo. A la media hora, el argumento entra en lo previsible y se desarrolla sin mayor novedad, explotando el contraste entre puritanismo y la catarata de orgasmos que los doctores provocan a sus remilgadas pacientes. Se trata de una comedia que basa su corrección en el oficio de los actores que le dan gracia y brío a los tópicos ingleses. Hugh Dancy, Maggie Gyllenhaal (con un forzado acento inglés), Jonathan Price y un irreconocible Rupert Everett deformado por el botox, solventan con dignidad esta comedia ligera y fácilmente olvidable.
‘Sácame del paraíso’. ¿Qué necesidad?
Es una pregunta que nos formulamos en ‘La Script’ de forma recurrente. Tiene muchas respuestas, entre las que se encuentran ‘hacer caja’, ‘hacer taquilla’ y ‘hacer dinero’… pero vamos a formularla una vez más: ¿Qué necesidad había de hacer esta película? Jennifer Aniston y Paul Rudd son un matrimonio que atraviesa muchas dificultades, y ambos se quedan sin trabajo unas horas después de realizar un desembolso millonario en un ‘minipiso’ de la zona más chic de Nueva York. Como no pueden seguir pagándolo, deciden refugiarse en casa del hermano de Rudd -un ser despreciable-, pero durante el camino deciden pasar la noche en un motel rural que resulta ser algo así como una comuna hippy.
En tan peculiar grupo humano, el veterano y siempre solvente Alan Alda interpreta a un anciano procedente de la época del ‘flower power’, la ascendente Malin Akerman es una joven desinhibida… y la extelevisiva Lauren Ambrose ['A dos metros bajo tierra'] es una mística embarazada. En ‘Sácame del paraíso’, este mosaico de personajes compone una historia sin pies ni cabeza, en la que la rutinaria vida de ciudad permanece como modelo imbatible de vida… frente a los experimentos campestres. Comedieta veraniega donde las haya.
‘Ríndete mañana’. Una verdad incómoda
En 1997, dos adolescentes filipinas -las hermanas Chiong- desaparecieron en su camino a casa. A más de 300 kilómetros de distancia, el español Francisco Larrañaga -junto a otros jóvenes- fue detenido por secuestrarlas y asesinarlas. ‘Ríndete mañana’ [Michael Collins] retrata mediante el género documental el absurdo proceso judicial al que fue sometido, los aspectos más extraños de la denuncia, el circo mediático que rodeó su encarcelamiento… y que aún hoy lo mantiene recluido en España. El testimonio de los padres y la hermana de Paco, de la madre de aquellas niñas y de las organizaciones internacionales de Derechos Humanos que impulsaron la acción diplomática de España tejen un manto de sospecha en torno al sistema judicial filipino.
Debemos saber de dónde partimos. El productor del documental tiene vínculos familiares con los Larrañaga, y la propia producción deja claro en uno de los intertextos finales que el caso de Paco fue utilizado por resultar el más mediático… del grupo con el que fue arrestado. Y en ‘Ríndete mañana’ se orienta al espectador hacia la inocencia del preso. Estas circunstancias no empañan la denuncia ni la fuerza visual [y argumental] del trabajo, porque… ¿quién ha dicho que un documental no puede tener una posición de partida, una tesis? En este caso la tiene, y Michael Collins la utiliza con eficacia.
‘MS1. Máxima seguridad’. Un western -sin Tosar- en el espacio
Imaginemos la película de dos debutantes en la dirección. Imaginemos que nos proponen un futuro apocalíptico -porque seguimos la línea que llevamos- y que nos encontramos en los Estados Unidos de finales del siglo XXI. En ese momento y en ese tiempo, el presidente de los Estados Unidos tiene el Despacho Oval bajo tierra, y los presos más peligrosos son confinados a MS1, una cárcel espacial de máxima seguridad que los mantiene congelados a mucha distancia de la superficie terrestre. Imaginemos también que la cárcel sufre un motín justo el día en que la hija del presidente se encuentra de visita oficial… y que solo un hombre, Guy Pierce, puede hacer frente a los rebeldes.
Esta ‘Celda 211′ sin Luis Tosar -y sin la maestría en la dirección de Daniel Monzón- repite los esquemas más clásicos del género carcelario [con el preso violento y metepatas que hace avanzar la trama incluido], pero también de típico western, que nos ofrece la ayuda de un renegado extranjero que llega al lugar de la trama para ‘desfacer el entuerto’. Entretenimiento galáctico de muy poco recorrido.


