25 may 2012
Las críticas de ‘La Script’. Will Smith vuelve a enfundarse el traje antimarcianos

‘MIB III’. Los hombres de negro viajan al pasado / Daniel de la Fuente
En 1997, el director de ‘La Familia Addams’, Barry Sonnenfeld, nos sorprendía gratamente con una pareja de lujo: Will Smith y Tommy Lee Jones juntos para proteger la Tierra de algunos alienígenas perversos. Nos sorprendió con un gran poderío de efectos especiales, aderezados con una buena mezcla de acción y comedia. Sonnenfeld volvió cinco años después con la segunda parte de ‘Los Hombres de Negro’, mucho más aburrida que la anterior. Ante este fracaso, reconoce el regidor, ha esperado 10 años más para dar con una nueva idea original que le motivase a rodar la tercera parte.
En esta nueva aventura nos cuenta cómo un villano alienígena, Boris El Animal, escapa de una prisión lunar para vengarse del Agente K (Lee Jones), consiguiendo regresar al pasado para matarlo. El Agente J (Smith) salta también en el tiempo para impedirlo. La acción se centra en el año 1969. Sin caer en tópicos sobre aquellos años, es acertada la crítica que hace al racismo imperante en los Estados Unidos. La escena en The Factory con Andy Warhol tiene su gracia (aunque no esté a la altura de ‘La Muerte os Sienta tan bien’, de Robert Zemeckis) y es simpático ver a los agentes pelear en las instalaciones de la NASA, minutos antes del lanzamiento del Apolo XI (ojo a la bandera española que ondea en pleno franquismo). Pero todo lo demás falla: el guión es aburrido; a Tommy Lee Jones se le ve más cansado, aunque Josh Brolin (Agente K de joven) sea un sustituto genial. Will Smith en su salsa, defendiendo un 3-D con el que se presenta la cinta, absolutamente innecesario.
‘Los niños salvajes’. La mirada lúcida / María Guerra
Los Niños Salvajes de Patricia Ferreira ganó con justicia la Biznaga de Oro del pasado festival de Málaga por la clarividencia con la que retrata a tres quinceañeros a la deriva, abandonados por unos adultos que están tan confundidos como ellos mismos.
Ferreira no se pone dramática: su cámara fría sigue a tres chavales de 15 años (Marina Comas, Àlex Monner y Albert Baró) desde el desayuno familiar, al instituto y al botellón. Son de clases sociales diferentes, pero los tres se sienten igualmente extraños en sus casas donde hay dramas no resueltos y espesos silencios en torno a lo sentimental. Sus padres sólo ven en ellos lo superficial: las notas y la rebeldía. El resto es incomunicación y silencio.
Cruzando las tres familias y sus conflictos, Ferreira trenza un thriller de gran complejidad emocional, y a la vez, muy sobrio en lo formal. Casi desnudo. Los actores están maravillosamente dirigidos, con pulso firme, hacia un final inesperado que apunta a los padres por su rotundo fracaso a la hora de asumir su responsabilidad, no sólo como padres sino como adultos.
Sin hacer grandes alegatos morales ni discursos, Los Niños Salvajes desvela la inmadurez de este tiempo, en el que todos vivimos encerrados en nosotros mismos sin ver a los demás, ni siquiera a nuestros hijos. Resulta una interesante metáfora de la confusión e infantilismo que reina en esta quejumbrosa sociedad en crisis, donde nadie asume responsabilidad –ni padres, ni políticos, ni ciudadanos- y donde echar la culpa a los demás se ha convertido en un refugio habitual.
‘El arte de amar’. Leve distracción / David Martos
Desde los tiempos de Ovidio han cambiado muchas cosas en la práctica amorosa. Desde los años 80, no ha cambiado tanto en el cine francés. El actor y director Emmanuel Mouret estrena esta semana en España ‘El arte de amar’, una cinta que muestra cinco historias cruzadas de amor… y cuyo máximo contenido publicitario resulta ser François Cluzet, lanzado al estrellato de la fama y la taquilla en nuestro país desde el estreno de la correcta ‘Intocable’.
En la historia que le toca protagonizar dentro de ‘El arte de amar’, Cluzet es un señor que ve en la figura de la nueva vecina la oportunidad de vivir una tórrida aventura; en otro de los episodios, una amiga convence a otra de que debe abandonar su abstinencia sexual, y para eso le ofrece a su propio marido… En definitiva, cinco historias leves, bien rodadas, que dejan media sonrisa de amargura al salir de la sala de cine. Para la distracción.

