16 mar 2012
Las críticas de ‘La Script’. Una semana de familias infelices y películas fallidas

‘Tan fuerte, tan cerca’. La orfandad de los atentados del 11-S, contada a golpe de cursilería / María Guerra
El director inglés Stephen Daldry se da su primer batacazo. Tan Fuerte tan cerca es su cuarta película tras Billy Elliot, Las Horas y El Lector. Todas ellas suponen arriesgados paseos por el filo de las emociones, pero en esta ocasión la pirueta ha terminado en traspiés.
Daldry se ha enredado en la cursi historia de un niño de 11 años (Thomas Horn) que tras perder a su padre (Tom Hanks) en los atentados de las Torres Gemelas, se lanza a buscar la cerradura que abre una misteriosa llave que ha encontrado entre sus cosas. Es otra vuelta de tuerca al viejo tema del huérfano que busca el legado de su padre en una retorcida misión con tintes de cuento de hadas.
El tono meloso ahoga la capacidad de los actores de matizar sus interpretaciones y tapa todos los resquicios para que el dolor de esta familia respire naturalidad: Tom Hanks aparece en los recuerdos del niño con una perfección exagerada y Sandra Bullock es una madre sufriente con la paciencia del santo Job. Tan sólo se libra de los excesos acaramelados el monumental Max von Sydow, que da vida a un misterioso anciano que se niega a hablar (y que, con justicia, fue candidato al oscar a mejor actor de reparto), que se llevó el también octogenario Christopher Plummer. La silenciosa y ajada presencia del actor sueco hace palidecer todo lo que le rodea. De hecho, en cuanto sale de plano la película se hunde irremediablemente en un sentimentalismo empalagoso.
‘Tenemos que hablar de Kevin’. Lo oscuro de la maternidad / María Guerra
Eres madre para siempre. Y a tumba abierta. Tenemos que hablar de Kevin es la película pesadilla sobre la maternidad. Es una historia extrema sobre el compromiso (sin retorno) en el que se embarca una mujer cuando tiene un hijo. La directora británica Lynne Ramsay plantea el caso extremo de parir a un ser patológicamente malvado, un niño odioso.
La película utiliza un tono chirriante, que desquicia al espectador, pero logra transmitir la atmósfera de delirante desesperación en la que vive Tilda Swinton. La actriz inglesa asume la responsabilidad de humanizar tanta desmesura, pero el exceso dramático –borracheras, tomatinas y pintura roja por doquier- acaba por arruinar la reflexión sobre la carga inmensa que conlleva tener un hijo patológico. Sin embargo, a pesar del histerismo del drama, Tenemos que hablar de Kevin plantea preguntas interesantes como el peso de culpa y el estigma que la sociedad y la propia mujer se impone por parir un hijo enfermo.
‘La montaña rusa’. Un trío fracasado / María Guerra
Emilio Martínez Lázaro (El Otro Lado de la cama, Amo tu cama Rica) vuelve con esta comedia de amor a tres bandas a uno de sus temas favoritos: la infidelidad. Sin embargo, el eterno dilema del bolero, de amar a dos hombres a la vez y no estar loca, se convierte en una trama vieja y aburrida. Sin excitación alguna. De tanto teorizar sobre el deseo sexual, resulta que la comedia ha salido frígida.
El trío de actores -Verónica Sánchez, Alberto San Juan y Ernesto Alterio- muestran una pavorosa falta de química. Da la sensación de que cada uno está inmerso en su propio mundo, recitando diálogos a su aire, sin ver a los demás.
Dice Martínez Lázaro que en esta ocasión ha huido del tono de farsa española de sus otras comedias, y que ha querido introducir “ironía y cinismo británico a la historia”. Quizá sus actores no hayan entendido ese matiz de los personajes, que se mueven sin gracia ni chispa, y se limitan a interpretar a unos treintañeros inmaduros que no consiguen salir del cascarón de los estereotipos.
‘Contraband’. Con pulso, con atmósfera, sin novedad / David Martos

Lo acabamos de ver con otro estreno muy reciente de Universal en España -’El invitado’. El fenómeno de los directores más o menos desconocidos en Hollywood que desembarcan en Estados Unidos para hacer películas al peso… está más vivo que nunca. Tienen muñeca para rodar, saben crear lo que se llama ‘atmósfera’, y la industria norteamericana los adopta como artesanos para envolver a sus estrellas en un producto más o menos sofisticado. Y sin embargo… este caso es un poco particular. El director de ‘Contraband’, el islandés Baltasar Kormákur, un cineasta de prestigio en los países escandinavos, protagonizó y produjo hace unos años la cinta ‘Reykjavik Rotterdam’, una historia de contrabando entre Islandia y Holanda. Meses después, el argumento interesó a una productora estadounidense, que contrato a Kormákur para que dirigiese el remake de la película que él mismo había protagonizado, con una estrella de Los Ángeles como primera figura: Mark Wahlberg.
El exmodelo y excantante -y no sabemos ‘excuántas’ cosas más- da vida a una especie de cerrajero que vive en Nueva Orleans con su mujer -Kate Beckinsale- y sus hijos. La historia de contrabando, como vemos, se traslada de las aguas europeas a las americanas, de las que Wahlberg se ha retirado para llevar una vida más tranquila y más legal. Sin embargo, una deuda contraída por su joven e inexperto cuñado le obliga -aunque parezca que lo esté deseando- a regresar al mundo del crimen. La película tiene pulso narrativo, tiene esa ‘atmósfera’ de la que hablábamos anteriormente, pero lo cierto es que no aporta mucha novedad al género. Destacan las escenas rodadas en el S.S. Bellatrix, una gigantesca mole de la Marina estadounidense que hace las veces de siniestro carguero. Otra curiosidad… Diego Luna en el papel de narcotraficante panameño. Tras ver ‘Contraband’ nos preguntamos por aquello de la coherencia en la carrera de los grandes actores. No olvidemos que la última imagen de Mark Wahlberg que conserva nuestra retina… es su excelente papel en ‘The fighter’…


