20 abr 2012
Las críticas de ‘La Script’. Llega ‘Los juegos del hambre’, ¿tenemos sucesora para ‘Crepúsculo’?

‘Los juegos del hambre’. Otro juguete sangriento / María Guerra
En una barroca y lujosa sociedad futura, una parte de la humanidad tiene esclavizadas y encerradas a miles de familias en 12 distritos con apariencia de campos de concentración. Cada año se elige a 24 menores, y se los entrena para que se asesinen entre ellos. Tan solo perdonan la vida al ganador. En definitiva, ‘Los juegos del hambre’ es una mezcla de pequeños gladiadores y un Gran Hermano televisivo protagonizado por Jennifer Lawrence, la joven actriz que fue candidata al Oscar por ‘The Winter´s Bone’ (2010).
El último éxito de la literatura juvenil es una distopía de aroma nazi de la escritora Suzanne Collins que Hollywood no ha dudado en llevar a la pantalla. Consiste en subir el listón de violencia y hacer a los menores participar de una cacería humana en toda regla: niños matan a niños (qué emocionante). Es una suerte de videojuego de estética hiperrealista que abre el camino a una próxima rebelión que justifica la morbosa carnicería infantil con la que proponen distraer a los adolescentes occidentales de esta generación. Moralinas aparte, la película de Gary Ross (‘Pleasantville’ y ‘Seabiscuit’) es una rutinaria historia de acción ambientada en los bosques que pretende hacer soltar chorros de adrenalina al espectador cuando muestra asesinatos entre menores. Hay poca originalidad en esta pesadilla de ciencia ficción.
El barroco mundo de los dominadores está habitado por actores de mucha experiencia como Stanley Tucci, Toby Jones, Woody Harrelson y Donald Sutherland, que resuelven con solvencia (y sin pasión) su trabajo. En el campo de los jóvenes asoma una dirección con vocación de videoclip: Jenniffer Lawrence se limita a apretar la mandíbula e intenta repetir a la heroína rural de Winter´s Bone.
‘La pesca del salmón en Yemen’. Picad el anzuelo / David Martos
‘La pesca del salmón en Yemen’, esa película de título imposible, tiene un barniz que puede conducirnos a clasificarla automáticamente en el grupo de las ‘feel good movies’. Lo es. Pero vamos a raspar ese barniz, a ver qué encontramos. El argumento parte de un libro bastante exitoso con el mismo nombre, la primera novela del escritor Paul Torday. Las críticas positivas fueron prácticamente unánimes en la prensa británica, que recomendó vivamente la lectura de este libro epistolar sobre… un imposible. La cosa es así. Un jeque yemení, riquísimo, dueño de un castillo-mansión típicamente escocés, tiene la secreta aspiración de trasladar su deporte favorito -nada menos que la pesca del salmón- a su desértica tierra natal.
La compañía que gestiona los fondos del jeque delega en Emily Blunt las negociaciones con el gobierno británico, y su interlocutor termina siendo Ewan McGregor, un funcionario del departamento de Medio Ambiente con síndrome de Asperger… y con bastante poco amor por el riesgo y la imaginación. A este cóctel debemos añadir la siempre eficaz interpretación de Kristin Scott-Thomas, la jefa de prensa del primer ministro, que ve en el asunto de los salmones la estratagema conunicativa perfecta para alejar al Reino Unido de los fangos de Afganistán (y los ecos de violencia que desde allí llegan).
Bajo ese barniz que decíamos, que no es más que un tinte cómico bastante resultón, encontramos en la cinta de Lasse Hallström un par de historias amargas de amor y una brutal crítica al laborismo de Tony Blair -se califica al jeque de ‘amigo del partido’, con todo lo que eso significa en los tiempos de Botswana. Ewan McGregor, radiante como siempre, encarna con soltura al taimado oficinista que descubre la fe… no tanto la fe religiosa como la que generan el entusiasmo y la ilusión. Una buenísima opción para una tarde de cine.
‘Kiseki’ (Milagro). Cine sin imposturas / María Guerra
El director japonés Hirokazu Kore-eda (‘Nadie sabe’, 2004) tiene un ojo especial para retratar los pliegues más sutiles de los dramas familiares. Es como si su cámara fuera un microcopio que registra los diminutos sentimientos que, con el tiempo, se transforman en surcos sobre la vida de los personajes. ‘Kiseki’ (Milagro) es un reto monumental porque cuenta la vida de dos hermanos separados por el divorcio de sus padres y que planean un milagro que reúna a la familia.
En manos de un director convencional, esta película podría ser un merengue de imposible digestión. Dos niños de entre 10 y 7 años pueden ser una bomba cargada de tópicos, que en manos de Kore-eda se convierte en una deliciosa historia de amor sin sentimentalismos. Los actores son dos hermanos, sin experiencia previa en el cine, que a través de su diferente personalidad abren el abanico de los arquetipos infantiles: el hermano sensato e responsable frente al ‘vivalavirgen’. Y lo hace con éxito. Conmueve y abre los poros de la felicidad.
‘Esto no es una película’. Diario de un prisionero / María Guerra
Sobre el director iraní Jafar Panahi pesa una condena de 6 años de arresto domiciliario y 20 años de inhabilitación para hacer cine. Es una condena que cumple sentado en un sofá de su casa con una iguana que se pasea por su salón, mientras espera el veredicto de la Corte de Apelaciones que finalmente confirmó la pena. Con la misma parsimonia de la iguana, la cámara de su colega Mojtaba Mirtahmasb retrata el encierro y la impotencia de un artista maniatado, pero no hundido.
Con la sobriedad de sus grandes películas (‘El círculo’, ‘El espejo’), Panahi muestra sin dramatismo su vida de prisionero. Este pequeño documental tiene la inmensa fuerza de retratar la dignidad de un artista que mira de frente a la cámara y se reafirma en sus convicciones. Es un director de cine sin poder rodar, pero que planifica en su alfombra una futura escena de una futura película que nadie le puede impedir imaginar. ‘This is not a film’ es un prodigioso acto de libertad que salió de Irán en un pen drive. Son 75 minutos de transparente dignidad.
‘Si quiero silbar, silbo’. Silencio opresor / David Martos
‘Si quiero silbar, silbo’ es la historia de los últimos días en prisión de Silviu, un joven rumano. Dos semanas antes de quedar en libertad tras cuatro años de cautiverio, su hermano pequeño va a visitarle, y le comunica que la madre de ambos, que los abandonó hace tiempo, ha regresado a casa para llevarse al pequeño a Italia. Silviu pide un permiso especial al director de la cárcel para impedirlo, pero la cercanía de su salida hace que ese permiso le sea denegado. La desesperación se apodera del chico, que intenta por todos los medios salir del centro penitenciario.
La cinta, que ganó el Premio Especial del Jurado en la Berlinale de 2010, está dirigida por el joven Florin Serban. Transmite con eficacia el ahogo de la cárcel a través de sus interminables silencios, que se convierten también en arduas y dolorosas pruebas para el espectador. Para ver bien despiertos.



