A sus 55 años y 40 películas a sus espaldas, José Coronado recogió anoche el premio Málaga Sur a toda su carrera con una cierta guasa: “Es un honor recibirlo, pero cuando me lo dijeron pensé, coño, me estoy haciendo viejo pero me tranquilicé al recordar que a Elena Anaya se lo distéis el año pasado”.
Con unas canas de maduro interesante, Coronado dijo que ya no añora sus tiempos de galán: “Ahora soy un tipo duro y me encanta”. Hoy presenta Hijo de Caín, la ópera prima del director catalán Jesús Monllaó en la que interpreta a un padre inquietante y oscuro: “Es un pequeño papel dentro de una película coral. De esas películas en las que hay gente que para hacerla ha hipotecado su casa”.
Coronado recordó sus 27 años en el mundo del cine, el teatro y la televisión: “Empecé casi a los 30. Era un empresario estresado que empecé a hacer clases de interpretación para relajarme y aquí estoy”. Reconoce que es un actor muy obsesivo y que se lleva el trabajo a casa: “He hecho cosas tan absurdas como comer con capa y corona cuando hice de Enrique VIII y mis hijos me llamaban Majestad”, comentaba ayer entre risas.
José Coronado dijo que es muy afortunado en una época crítica para el cine y la economía en general. Se siente muy agradecido por la suerte que ha tenido en los últimos años, sobretodo por el personaje de Santos Trinidad de No habrá paz para los malvados de Enrique Urbizu del que ya se está planeando un remake en Hollywood con Silvester Stallone como protagonista: “Ya tiene hecha la caracterización física”, decía Coronado entre risas. El próximo sábado en La Script entrevistaremos a José Coronado.
Oriol Paulo (Barcelona, 1975) pertenece a la nueva generación cineastas que se mueven con comodidad en el género de terror. Es una magnífica noticia para la industria del cine español que los directores se diversifiquen, ya que este delicado híbrido de arte e industria que es el cine necesita películas populares que generen beneficios y conecten con los paladares más variados.
Tras el éxito de su guión ‘Los Ojos de Julia‘ (2010), Paulo debuta dirigiendo este largometraje de misterio, en el que de entrada se anuncia la desaparición de un cadáver de la morgue. José Coronado, con un absurdo peinado de mayordomo decimonónico, interpreta a un atormentado comisario que investiga con saña al marido de la víctima, Hugo Silva. El guión es una suerte de montaña rusa de sobresaltos y giros inesperados, que acaba siendo resultón pero tramposo.
Paulo fuerza la máquina de la tensión, y aunque a ratos consigue despistar y sorprender, le falla la atmósfera demasiado teatral, acartonada en situaciones extremas. En definitiva, se ve al director mover los hilos de las marionetas. Sus actores se fajan a fondo en el trabajo: Coronado no consigue la hondura de ‘No habrá paz para los malvados‘ (2011), pero defiende a oscuro policía con oficio; Belén Rueda da un recital de patetismo y fiereza, y Hugo Silva, por debajo de sus compañeros, consigue un tono general de descomposción moral de su personaje.
‘Amor es todo lo que necesitas’. Comedia para maduritos / Pepa Blanes
‘Amor es todo lo que necesitas‘ supone la incursión de la danesa Susanne Bier, la directora y ganadora del Oscar por ‘En un mundo mejor‘ (2010), en la comedia. El tema del film no es original: una mujer de unos cincuenta años que, tras sufrir un cáncer y descubrir la infidelidad de su marido, decide dar un giro de 180 grados a su vida. Entonces aparece él, el elegante Pierce Brosnan, al que conoce camino de Italia donde sus hijos van a casarse.
La originalidad de la cinta está en la forma elegante y sobria en la que Bier firma una comedia donde los personajes parecen de verdad, son creíbles y están bien dibujados, un hecho que no abunda precisamente en este género de comedia romántica. Aunque podría calificarse de obra coral, destaca la protagonista, la madre de la novia, magníficamente interpretada por la actriz danesa Trine Dyrholm. También Pierce Brosnan, aunque más comedido hace un papel similar al de ‘Mamma Mía‘ (2008).
Entretenida, divertida y tierna. Esos son sus puntos fuertes que nos ofrece Bier y que mezcla con el dolor y la nostalgia. Lo mejor: cómo trata el cáncer de mama, con delicadeza y realidad. Los puntos débiles, que abarque demasiado: la historia de ella, la de él, la de los hijos, la cuñada, Italia.
‘Infancia clandestina’. Pureza en la cámara / María Guerra
El mayor acierto de ‘Infancia clandestina’ es mantener la pureza de la mirada y la percepción de un niño de 12 años, hijo de una pareja de guerrilleros montoneros en la clandestinidad en la convulsa Argentina de la dictadura de los años 70. El director Benjamín Ávila vuelca en la película su propia historia personal- su madre fue una desaparecida y su hermana pequeña secuestrada por los militares- y la combina hábilmente con las fantasías infantiles de un niño que vive con naturalidad el riesgo extremo del momento, y también, la ternura de su particular familia.
Más que una película política, ‘Infancia Clandestina‘ es un relato sentimental desde el punto de vista de un preadolescente arrollado por la brutal violencia de su entorno. El director no pierde en ningún momento el encuadre del niño: las escenas de tiroteo y masacre son magistralmente representadas por imágenes de comic que subjetivizan su vivencia.
Ávila se aleja del cine partidista y se centra en las sensaciones de un chaval al que le pasan cosas tan normales como enamorarse por primera vez, y otras tan extraordinarias, como camuflar balas y dinero en cajas de cacahuetes con chocolate. Todo ello narrado con absoluta naturalidad y a ras de suelo, sin subrayados grandilocuentes. La dirección de actores es otro de los pilares de esta historia cruel y tierna, en la que Ernesto Alterio interpreta al tío del niño protagonista (Teo Gutiérrez Moreno) que llena de magia y fantasía la cotidiana angustia de un crío obligado a ir al colegio bajo un nombre falso. Sorprende la falta de reproches hacia sus padres por haberle embarcado a sus hijos en semejante riesgo, y no se percibe como un ajuste de cuentas a su durísimo pasado sino como una tierna mirada a una infancia clandestina y dolorida.
‘El alucinante mundo de Norman’. El bullying infantil toma la animación / María Mur
‘El alucinante mundo de Norman’ es una historia más de zombis. O una historia más sobre el bullying infantil y los niños raritos e incomprendidos. Elijan la que más les guste. Las dos sirven por igual.
Los mismos que nos regalaron ‘Los mundos de Coraline’ (Focus Features y Laika Entertainment) firman esta película de la que se sacan dos conclusiones claras. Una: La obsesión de los estudios de animación por hacer cine de terror para niños (Hotel Transilvania y Frankenweenie, por ejemplo). ¡Cuántas camas se han debido mojar esta temporada con tanto monstruo!
Y dos: el momento inmejorable que atraviesa la animación en stop-motion, el famoso fotograma a fotograma. Las espingardas marionetas de la última aventura catártica de Tim Burton, los corsarios narizones de ‘¡Piratas!’ y los ancianos decrépitos de ‘O Apostolo’ no tienen precio. Los muñecos de ‘El alucinante mundo de Norman’ tampoco. Y sino, fíjense en el chándal rosa de la hermana choni y en los músculos del vecino con encefalograma plano; cobran vida propia. Lo mejor de toda la película, las charlas que Norman tiene en el salón de su casa con el fantasma de su abuela.
‘Las sesiones’. Como ‘Intocable’, pero con sexo / Pepa Blanes
John Hawkes encarna en ‘Las sesiones’ al escritor Mark O’Brien, postrado en cama por culpa de la polio y conectado a un pulmón artificial. Basada en un artículo del propio O’Brien -poeta y escritor- titulado ‘Cita con la terapeuta sexual’, esta cinta de Ben Lewin (‘Golpe de suerte’, 1994) retrata el empeño del protagonista por practicar sexo, lo que no siempre es fácil por su situación física y por la educación católica que el enfermo ha recibido.
‘Las sesiones’ trata uno de esos temas de los que la gente prefiere rehuir, como es ayudar a que los discapacitados puedan disfrutar del sexo. Lo trata con dulzura, con intimidad y con bastante realismo, sin que eso acabe convirtiendo la comedia en algo zafio y brusco. Los protagonistas sobresalen en una cinta que peca de dulcificadaca. Helent Hunt -nominada a los Globos de Oro- aparece tan natural como siempre y John Hawkes (camaleónico tras ‘Winter’s bone‘, de Debra Granik y ‘Martha Marcy May Marlene‘ de Sean Durkin) supera el reto de encarnar a un hombre enfermo y atormentado pero con un carisma asombroso.
Lo mejor de la cinta es el humor. Ese que aparece en las conversaciones con el cura (William H. Macy) o en las conversaciones con sus cuidadores. Y es que la cinta de Lewin es una de esas comedias que, como la francesa ‘Intocable‘ (2011), conecta con el público (ganó el premio del público en el Festival de Cine de San Sebastián) y abre las puertas a recibir premios por su simpático protagonista y por algunos de los secundarios.
‘Los días no vividos’. Apocalipsis urbano / María Mur
Si los mayas levantasen la cabeza, seguro que alucinarían con el pavor universal que se ha montado en torno al fin de los fines. Y todo, parece ser, porque se les acabó la piedra en donde escribían el calendario del mundo. El caso es que esta supuesta hecatombe, esta inquietante aniquilación de la humanidad no es la primera vez que se lleva al cine. Hay un largo etcétera de películas apocalípticas.
‘Los días no vividos’ es una historia de urbanitas modernos que afrontan la muerte fumando porros de marihuana a tamaño puro y lamentándose de no encontrar consuelo por no haber tenido una educación cristiana. Javier Godino salva con creces esta cinta de presupuesto humilde a la que siendo generosos le sobran minutos. Principalmente por la falta de ritmo y la falta de profundidad de los personajes.
‘El legado de Bourne’. Una digna heredera / David Martos
La saga que componen las tres películas protagonizadas por el agente Jason Bourne -’El caso Bourne’ (2002), ‘El mito de Bourne’ (2004) y ‘El ultimátum de Bourne’ (2007)- contribuyeron decisivamente a cambiar el panorama del cine de acción en Hollywood. De repente, las motivaciones y los sentimientos de los personajes también importaban en este género, y el nombre de Matt Damon no ha quedado asociado solo a los guantazos y a las persecuciones en coche, sino también a su búsqueda incansable de la identidad perdida, incluso a la pérdida del amor soñado. Tony Gilroy intentó que Damon estuviese también en la nueva entrega… pero la negociación fracasó, y el equipo de la película se encontró ante una disyuntiva interesante: ¿Terminar con la historia o buscar un recambio? El empuje de Gilroy -y seguramente la previsión de hacer sonar la caja registradora- inclinaron a los productores hacia la segunda opción, y el nombre elegido fue Jeremy Renner.
Después de participar con éxito en ‘Los Vengadores’, de aguantar el tirón de Tom Cruise en ‘Misión Imposible 4′ y de, no lo olvidemos, aguantar estoicamente en la carrera por el Oscar con ‘En tierra hostil’, Renner salta impecablemente al primer plano cinematográfico con una interpretación correcta, basada en un guión con una peculiaridad con respecto a los anteriores ‘Bourne’. En esta entrega, la acción cede aún más protagonismo al diálogo, al armazón intelectual que sostiene la búsqueda de Aaron Cross; en este caso, el agente protagonista persigue la supervivencia estrictamente física, por razones que no revelaremos, tras enterarse de que la CIA está cerrando todos sus programas clandestinos. Junto a él, una Rachel Weisz que se consolida como una actriz terriblemente eficaz -y que llora como nadie- interpreta a la doctora Martha Shearing, colaboradora del gobierno de Estados Unidos desde una farmacéutica.
‘El legado de Bourne’ es una película de acción, sí, pero lo es también de reflexión sobre el sistema político y sus cloacas. Es también una película de amor, y de persecuciones. Es todo eso a la vez… con un problema de ritmo que se nota hacia la mitad de la cinta, pero que no le resta interés. La saga Bourne mantiene la pátina de prestigio, y como Matt Damon no descarta reengancharse, podemos prever que hará todo lo posible por no perderla.
‘¡Piratas!’. Gran doblaje, floja historia / David Martos
Como no hemos tenido la oportunidad de ver ‘¡Piratas!’ en versión original no podemos juzgar esa languidez tan característica que luce en su voz Hugh Grant, el doblador del Capitán Pirata. En su lugar, tenemos en España a un actor capaz de meterse en la piel del inspector de policía más detestable… o del bucanero más adorable que pueda surcar los mares. José Coronado asegura que dobló la película en dos tardes -ahórrense la comparación con aquello de aprender sobre economía-, pero a él le bastó para meterse completamente en la piel del protagonista de la cinta, insuflándole un aliento muy especial que lo llena de vida y de características propias. A su lado, en la tripulación, pulula un pirata albino a quien pone voz el futbolista Andrés Iniesta. Muchos han levantado en los últimos días la liebre del debate sobre el doblaje por parte de actores no profesionales. En este caso, y sin que sirva como precedente, el personaje de Iniesta es tan cándido y tan dulce… que el doblador encaja perfectamente. Y se nota.
Gráficamente, la película es muy correcta. Se trata de la primera producción de ‘stop-motion’ en 3D de Aardman Animations, la compañía que ya firmó con Sony Pictures la comedia navideña ‘Arthur Christmas’ [una de las mejores películas del año 2011]. En este caso, Aardman ha mezclado esa filmación fotograma a fotograma, con ligeras variaciones en la posición de las marionetas, con efectos especiales generados por ordenador [por ejemplo, el que anima las olas del mar]. Lo más flojo de ‘¡Piratas!’ es la historia. Un capitán de barco bonachón se hace a la mar para conseguir su trofeo ansiado, el de Pirata del Año. En uno de sus atropellados abordajes se topa con Charles Darwin, que lo convence para llevar hasta Londres a su exótica mascota, un dodo llamado Polly. En la capital británica, donde la reina Victoria es retratada como una sanguinaria cazadora de animales exóticos, los piratas se disfrazarán de científicos para ganar un concurso. Con un guión irregular, el encanto de la cinta es la composición de personajes… y en la versión española, Coronado lleva el timón.
‘Café de Flore’. Puzzle inconexo / David Martos
‘Café de Flore’ cuenta dos historias paralelas que se desarrollan con cuarenta años de diferencia. Por un lado, Vanessa Paradis es una madre soltera luchadora, que trabaja como peluquera en París y que saca adelante a su hijo con síndrome de Down… en un momento en que la sociedad daba la espalda a la enfermedad; por otro lado, el actor debutante Kevin Parent interpreta a un DJ que se separa de su mujer en Canadá y se enfrenta a una nueva relación rodeado por sus dos hijas adolescentes. La única relación aparente entre dos mundos, el tema musical ‘Café de Flore’. Durante el metraje, las dos historias evolucionan hacia una posible conexión. De hecho -y esta dificultad fue reconocida por el director Jean-Marc Vallée en su rueda de prensa en Madrid- lo que se nos presenta es un complicado puzzle que tratamos de encajar en nuestras cabezas. Intentamos buscar los enlaces entre dos manifestaciones del amor muy distintas… y esos enlaces acaban manifestándose de una manera más mística que física.
El director de ‘C.R.A.Z.Y’ (2005), que en aquel momento sorprendió con una trama que mezclaba la realidad con la ensoñación, la música con el diálogo, ha intentado en cierto modo repetir ese esquema. A nuestro modo de ver, no lo ha conseguido. Sería bastante obvio afirmar que las dos historias no conectan con fluidez -de hecho, es muy posible que la intención del director lo persiguiese-, pero es que los dos argumentos son tan flojos que pierden el interés del espectador a la segunda curva de la carretera. La separación del matrimonio canadiense aparece dotada de una intensidad que no le corresponde, y las desventuras de Vanessa Paradis aparecen tan aisladas en la cinta que desconciertan. Eso sí, la interpretación de la también cantante y actriz es bastante eficaz. Recomendable para enfermos de amor en pleno agosto. O de desamor, quién sabe. La presencia de la música, avasalladora.
‘Hara-Kiri’. La sangre que embauca / David Martos
El prolífico director Takashi Miike -firma tres películas al año sin que le tiemble el pulso- ha estrenado esta semana en España ‘Hara-Kiri’, una historia de venganza ambientada en el siglo XVII. En el Japón feudal, un hombre llega a la casa de un noble con la intención de iniciar un ritual de suicidio; para disuadirle, el señor de la casa relata la historia de un joven que, tiempo atrás, llegó con la misma idea. ‘Hara-Kiri’ es una historia de venganza contada con una belleza visual innegable. Incluso las escenas más violentas -al estilo de ’13 asesinos’, lo último de Miike que hemos visto en España- no permiten al espectador apartar la vista de la pantalla. Para amantes, eso sí, de la intensidad del cine oriental.
La Unión de Actores celebra cada año su entrega de premios, una ceremonia que siempre transcurre entre los límites de la fiesta y los del mitin, una celebración en la que los aplausos y los gritos se confunden; no en vano se trata del sindicato español de actores, que aprovecha su convocatoria para lanzar mensajes muy políticos. La gala de esta noche no ha sido una excepción, y el discurso de Vicente Cuesta, el secretario general de la Unión, ha estado plagado de reivindicaciones de la profesión, de ataques contra los recortes del Gobierno de Mariano Rajoy y de llamamientos a la unidad y a la movilización en la calle: “Este momento es peor que el de ‘No a la Guerra’, no hemos dicho nada como actores. ¿No tenemos nada que decir?”, se preguntaba. Alguien lo ha increpado desde el público -”no hemos venido a oír política, hemos venido a una fiesta”- y el auditorio del Teatro Circo Price se ha puesto en pie para arropar a Cuesta. Y no ha terminado ahí, después venían los premios…
La gala 2011 han refrendado los Goya que entregó la Academia de Cine el pasado mes de febrero. José Coronado ha conseguido el galardón al Mejor Actor protagonista en cine gracias a Santos Trinidad, el oscuro personaje que encabeza el elenco de ‘No habrá paz para los malvados’. El intérprete elegido por Urbizu creía que ya no habría honores mayores tras el ‘cabezón’, y ha asegurado que “este tsunami que se ha producido con la película me ha hecho reflexionar mucho. Hay que relativizar esto de los premios, el azar influye mucho, y después de pensar mucho he llegado a la conclusión de que no hay mayor premio que levantarse cada día con la ilusión y los nervios con los que me levanto”. La Mejor Actriz protagonista ha sido María León, la ‘Pepi’ de ‘La voz dormida’, que en esta ceremonia ha saltado de la categoría de revelación a la principal. La intérprete no ha podido acudir a la gala por un problema en un pie, e Inma Cuesta -su hermana en la ficción- ha leído un mensaje en su nombre de apoyo a la Cultura.
Pero ‘La voz dormida’ de Benito Zambrano se llevado un galardón más, el de Ana Wagener, que se convierte en la Mejor Actriz secundaria. La película ‘Primos’, de Daniel Sánchez Arévalo, ha reportado premio a dos intérpretes masculinos. Raúl Arévalo ha sido el Mejor Actor secundario, y Antonio de la Torre el Mejor actor de reparto -”Juntos somos una fuerza imparable, y ellos lo saben”, ha dicho. Completa el grupo la veterana Petra Martínez, que, exultante, ha agradecido a gritos su galardón como Mejor Actriz de reparto por ‘Mientras duermes’, de Jaume Balagueró; incluso ha presumido de habérselo arrebatado a Marisa Paredes, presente en la ceremonia: “Tú ya tienes muchos, ¿verdad, Marisa? ¿A que te alegras de que me lo hayan dado?”. Jan Cornet se ha llevado el premio al Mejor Actor revelación por ‘La piel que habito’, y Rebeca Valls el de Mejor Actriz revelación por la obra ‘Burundanga’.
‘Crematorio’ arrasa en los premios de televisión
La serie ‘Crematorio’, que estrenó Canal + y que retrató el fenómeno de la corrupción urbanística en nuestro país, se ha llevado tres premios de interpretación en la gala de esta noche. Alicia Borrachero ha sido la Mejor Actriz protagonista, Juana Acosta ha sido la Mejor Actriz secundaria y Chusa Barbero, la Mejor Actriz de reparto. En el terreno de los hombres ha mandado ’14 de abril, La República’, con los premios de Mejor Actor de reparto (Álex Angulo) y secundario (Alejo Sauras). El Mejor Actor protagonista, por ‘Águila Roja’, ha sido Javier Gutiérrez. En este apartado ha continuado la tónica política de la ceremonia; de hecho, Sauras ha lamentado que no se pueda ver ‘La República’ en la televisión pública debido a los recortes. “Merecería la pena”, ha dicho.
En los premios de teatro hemos visto regresar a la pista del Price al Premio ‘Toda una vida’ del año pasado, Asunción Balaguer, que ha conseguido convertirse en la Mejor Actriz protagonista por ‘El pisito’; el Mejor Actor protagonista ha sido Asier Etxeandía por ‘La avería’, de Blanca Portillo. Los Mejores Actores secundarios han sido Elisabet Gelabert (‘Veraneantes’) y Daniel Grao (‘La avería’); los Mejores Actores de reparto han sido Chema Muñoz (‘Veraneantes’) y María Isasi (‘Incrementum’).
Concha Velasco, premio ‘Toda una vida’
Al ritmo de ‘Mamá, quiero ser artista’ y de la ‘Chica Ye-yé’, Concha Velasco ha salido al escenario para recoger su premio ‘Toda una vida’. “A mí me da vergüenza en este momento en que nuestro país y nuestra profesión lo están pasando tan mal… Los míos son los cómicos, los actores, la Unión de Actores. Querido Vicente Cuesta, te agradezco muchísimo este premio ahora que estamos pasando tan malos momentos. A mí me da vergüenza decir que hago tres trabajos a la vez“, reconocía. “Quiero declararos públicamente que, a lo largo de mi vida, he conseguido ser una de los vuestros”. En torno a la pista estaban sus hijos, Manuel y Paco, su sobrina la actriz Manuela Velasco, el actor José Sacristán o el director Pedro Olea, arropando a la actriz. La veterana intérprete, y cantante, y bailarina, le ha dedicado el premio a otra veterana, Pilar Bardem.
Salvo la rígida cara de José Mota, cuando escuchó que el Goya de actor revelación se lo llevaba Jan Cornet por La piel que habito, el resto de la ceremonia de ayer discurrió con placidez siguiendo el guión establecido. Nada que objetar a los 6 galardones de No habrá paz para los malvados, ni a los 4 premios que recogió la película de Almodóvar –especialmente acertado el de música (décimo Goya para el genial Alberto Iglesias) y el de Elena Anaya como protagonista.
Sin embargo, chirrió el hecho de que el guión adaptado recayese en Arrugas y no en Almodóvar (¿no suena a castigo?) que adaptó de una manera personalísima la novela de Thierry Jonquet, Tarántula. En general, fue una gala acertada en la adjudicación de premios, pero sosa y poco original como espectáculo televisivo.
Eva Hache fue una correcta maestra de ceremonias. Dominó la escena pero estuvo demasiado pegada al guión. Su presentación pecó de encorsetada y poco espontánea. Se le escaparon varias situaciones que pedían a gritos un requiebro – el muletilla de Extremadura, los enmascarados de Anonymous y por supuesto, los nuevos cargos del PP que se fueron de rositas sin llevarse una banderilla que corresponde a quien torea con la actualidad.
El capítulo de los agradecimientos tampoco hubo grandes momentos de emoción. Resultó tierno ver a Coronado perdiendo botones del smoking mientras daba las gracias con la voz ahogada, y el verboso de la noche resultó Lluis Homar que no dejó de nombrar a ningún conocido. Curiosamente, hubo un cómico mejor que Hache: Santiago Segura fue el monologuista más gracioso y acertado, cuando se quejó de “tener que gastarse el sueldo en psicólogos para superar el trauma de no haber tenido ninguna nominación” por Torrente 4.
Si se mira con distancia, hay que reconocer que los Goya ya son premios consolidados en los que se implica todo el cine español y no sólo los nominados. Cada vez parecen más americanos, son más profesionales y quizá, más sosos. Como la vida misma.
Dice María Guerra que, en el rodaje de una película, 'la script' es la persona que apunta y detalla la continuidad de las tomas, siempre armada con lápiz y papel. Ese mismo espíritu tiene este blog: el de contar los entresijos de los festivales, estrenos y rodajes de cine