4 abr 2012
Las críticas de ‘La Script’. La crisis en sus orígenes… y como metáfora meteorológica

‘Grupo 7′. Nuestra crisis empezó aquí / María Guerra
Un grupo de policías corruptos limpia de droga las chabolas sevillanas de los años anteriores a la Expo 92. El director Alberto Rodríguez (‘After’, ’7 vírgenes’, ‘El Traje’, ‘El Factor Pilgrim’) no se ha basado en hechos reales concretos, sino en situaciones difusas que fueron conocidas en la época y que alimentaron la impunidad en la policía y la prepotencia de los políticos que consintieron y animaron esta limpieza, que Rodriguez cree que “ahora mismo seguramente están pasando en el Londres preolímpico y en el Brasil del Mundial”.
El planteamiento es arriesgado, pues se presta a una ambientación tramposa de la época y llena de tópicos. Sin embargo, Alberto Rodriguez ha optado por el realismo extremo y el reflejo de una violencia sucia que resucita una España que alentó la corrupción desde abajo, una sociedad en la que todos miraban para otro lado. Ahora, con la explosión de la crisis y el final del despilfarro, esta película se ha vuelto dolorosamente actual y el sabor a fraude salta de la pantalla.
‘Grupo 7′ resulta una extraña combinación de cine comercial y social. Se presenta como un thriller ambientado en el chabolismo de los años 80. Su acierto se basa en tres aspectos: La sintonía perfecta del trío de actores sobrios y veteranos, Antonio de la Torre, José Manuel Poga y Joaquín Núñez. Arropan al televisivo Mario Casas, muy por debajo de sus compañeros, pero que consigue no desentonar gracias a una sobria dirección de sus excesivos arrebatos. El segundo acierto es la magnífica ambientación, una dirección artística que ha rescata una Sevilla que ya no existe. Y el tercero es un guion tenso y contenido en el que el realismo es el primer mandamiento. Sucede con ‘Grupo 7′ algo poco habitual en el cine español: Destila personajes verdaderos y explica, sin pontificar, el origen de la crisis actual.
‘Take shelter’. Casandra en Ohio / David Martos
Cuenta la mitología griega que Casandra, después de recibir el don de profetizar el futuro, rechazó el amor carnal de Apolo… y que eso le acarreó una amarga consecuencia. Nadie, jamás, volvería a creer en ninguna de sus profecías. Son muchas las películas que han basado la totalidad o parte de su argumento en ese viejo mito -pensamos en ’12 monos’ o, más explícitamente, en ‘El sueño de Casandra’ que firmó Woody Allen. Sin embargo, ‘Take shelter’ intenta dar una vuelta de tuerca al esquema. En esta ocasión, el claro mensaje que anuncia el apocalipsis y que recibe Curtis [el personaje de Michael Shannon] está tamizado por el historial médico de su madre, interna por un problema psiquiátrico. Curtis sufre cada vez más frecuentemente sus visiones, en las que una gigantesca tormenta se cierne sobre él y sobre su familia, pero para el espectador es difícil identificar en qué lado de la línea se encuentran esas visiones. ¿En el del sueño? ¿En el de la vigilia?
Su mujer, Samantha, es la viva imagen de la incomprensión. Ni recibe información de su marido ni comprende por qué comienza a arreglar el destartalado refugio antitornados que se encuentra en la parte de atrás de su casita rural, en el estado de Ohio. La actriz Jessica Chastain -que llegó a la cinta por recomendación del mismísimo Terrence Malick- borda su papel de compañera angustiada de ese hombre atormentado [valga el adjetivo] que Shannon interpreta también con brillantez. Como Casandra, Curtis sufre las iras de sus amigos y compañeros, y envuelve al espectador en una espiral que casi ahoga. ‘Take shelter’, ganadora de la Semana de la Crítica de Cannes 2011, es la segunda película del joven director Jeff Nichols, que da una lección de sencillez contando una historia conmovedora y trágica a la vez.
Por cierto, la película fue concebida en 2008, cuando Nichols -que acababa de ser padre- concebía el futuro como un tornado que podría abalanzarse sobre su familia. Eran los primeros nubarrones de la crisis. Ahora, esa tormenta está desatada sobre nuestras cabezas.
‘Los Infieles’. El machismo francés no es chic / María Guerra
‘Los infieles’ es el acto de chulería de un grupo de actores y siete directores que se creen chic. Jean Dujardin y Gilles Lellouche protagonizan un largometraje que encadena varias historias sobre la infidelidad masculina. Ellos dos interpretan sucesivos hombres obsesionados con la conquista de mujeres, en clave de cacería y comedia vulgar.
Resulta un chasco descubrir una faceta chabacana del protagonista de ‘The Artist’, que no sólo protagoniza sino que además co-dirige el segmento final junto a Lellouche, que resulta el más zafio de todos. Babosa, machista y altiva. Ese es el resumen de esta comedia que ha indignado en Francia y en Estados Unidos, allí incluso se especuló con la posibilidad de que perjudicara a Dujardin en su carrera a los Oscar.
Entre los realizadores que se han prestado a colaborar en este engendro, destaca Michel Hazanavicius (‘The Artist’) que ha dirigido uno de los segmentos menos tópicos, que no poco vulgar, y que muestra el patetismo de Dujardin como seductor, al que caracteriza con un entrecejo ridículo y lo pone en el papel de un viajante de comercio que, a falta de conquistas, se refugia en la masturbación.
Dujardin y Lellouche van de galanes maduritos, dispuestos en un alarde de humildad a mostrar su lado más primitivo. Y ellos mismos han caído en su propia trampa: Han consumado una historia gruesa y primitiva en la que enseñan su talante. Vamos, que se les ve el plumero. También les clarean las entradas. Aplicando su propio criterio, deberían saber que como galanes tienen los días contados. Como directores y guionistas ya están acabados.
‘La fría luz del día. Bochornoso telefilm / María Guerra
Llegamos al momento de los saldos de la cartelera. ‘La fría luz del día’ es un thriller internacional con Henry Cavill en el papel de un ejecutivo americano que viene de fin de semana a Ibiza y se ve envuelto en un ataque terrorista y el secuestro de su familia. Bruce Willis y Sigourney Weaver hacen interpretaciones mercenarias, con cara de palo y una ausencia mental preocupante. Verónica Echegui también se une a este frenético corre-que-te-pillo por las calles de Madrid con cara desencajada, y Oscar Jaenada tiene un pequeño pero inolvidable papel de macarra de discoteca.
Todo es histérico en este bochornoso telefilm de diálogos y situaciones que provocan risotadas en los momentos de supuesta tensión. Para el público madrileño, ‘La fría luz del día’ tiene el aliciente de ver carreras y persecuciones chapuceras delante de los principales monumentos de la ciudad. Desde la Plaza Mayor al Retiro, hay que reconocer que el gobierno de Madrid y la Comunidad han puesto alfombra roja a esta película que no va a tener una gran repercusión internacional.

