7 jun 2013
Las críticas de La Script. Adolescentes rebeldes y secretarias sumisas
’15 años y un día’. La sobriedad de los sentimientos / María Guerra
Gracia Querejeta es una cineasta sobria y profunda. Una directora que enfoca a lo más difícil de retratar: los conflictos emocionales sin hacer de ellos un espectáculo de fuegos artificiales. Esta es la historia de una familia entristecida por sus silencios: Maribel Verdú es la madre viuda de un adolescente intratable (Arón Piper), que incapaz de lidiar con su indisciplina decide mandarlo con el abuelo (Tito Valverde), un militar hermético y desabrido. El reto de esta película es desenmarañar el ovillo de agravios y heridas de una familia atrapada en un pasado no resuelto. Y con admirable sencillez, Querejeta lo consigue. Es el irritante adolescente el que hace saltar por los aires el estancamiento emocional del grupo, quien -a golpe de diálogos rápidos y miradas heladoras- tira de la manta de los secretos.
Magnífica dirección de actores, y muy acertada elección de dos veteranos monumentales como son Susi Sánchez y Tito Valverde. ’15 años y un día’ es una película magra, casi seca, que abre en canal las emociones más amargas y una vez abiertas inspira una esperanza nada ñoña. Gracia Querejeta domina con naturalidad y soltura la relojería de los sentimientos no declarados. Quizá son algo excesivos los giros truculentos del guion. Sin embargo, la gran victoria de ’15 años y un’ día es la atmósfera densa de una familia que se quiere y no sabe decírselo.
‘El mensajero’. El final hollywoodiense de ‘Cuéntame’ / María Mur
La película ‘El Mensajero’ parece sacada del último episodio de la serie ‘Cuéntame’. Y no valen caras raras: los Alcántara marcan tendencia en Hollywood. Imagínense por un casual que Antonio (Inmanol Arias) se ha machacado más de la cuenta en el gimnasio, que a Merche (Ana Duato) le han crecido las curvas y que Carlitos, en vez de estar en una cárcel postfranquista rodeado de yonquis, se encuentra recluido por error en una prisión norteamericana compartiendo celda con un grupo de latin kings. Como dos gotas aguas. Aunque echándole un ojo a las páginas del papel couché, ‘El Mensajero’ podría también darse un aire al drama familiar que está viviendo Michael Douglas, cuyo hijo mayor está en la cárcel acusado de tráfico de narcóticos. Hasta en las mejores familias, ¡vaya!.
El eterno cachas Dwayne Johnson protagoniza este thriller, plano pero entretenido, que le humaniza, le aparca (relativamente) de la pose de tipo duro y le obliga a echar incluso alguna lagrimilla. Ver para creer. Basada en hechos reales, ‘El Mensajero’ es la historia de un padre que se infiltra en uno de los cárteles más peligrosos de América para delatar a un importante capo. Es la única manera de que liberen a su hijo, condenado por error a 10 años de cárcel. Padre coraje allí donde los haya, pero nada que ver con el gran Juan Diego.
Es el tercer largometraje de Ric Roman Waugh (‘La sombra del crimen’ y ‘Criminal’), que es además coguionista junto con Justin Haythe (responsable de la adaptación cinematográfica de ‘Revolutionary Road’). Waugh le ahorra al espectador la acción extrema, la tralla gratuita y el supermanismo de ‘Fast and Furious’, pero no consigue zafarse del tufillo a telefilme americano. Además, inexplicablemente junta en una misma película a dos actores antagónicos, Dwayne Johnson y Susan Sarandon, que es algo así como intentar mezclar en un mismo vaso agua y aceite.
‘Populaire’. Mad Men en versión francesa / Pepa Blanes
La serie Mad Men abrió la veda. Fue la culpable de que sintiéramos atracción por esos años 50, por la estética, por la música, por esos hombres y esas mujeres… Ahora el francés Régis Roinsard recurre a esa época para ubicar su primer largometraje, ‘Populaire‘. Una comedia romántica que mezcla la historia de amor, de chica pueblerina conoce a un gruñón y bonachón hombre de negocios, con el ritmo épico de las películas de competiciones deportivas, en este caso, los torneos de mecanografía.
Con estética retro y mucha luminosidad, esa que encontrábamos en la lograda ‘8 mujeres‘ de Ozon o en ‘Potiche‘, esta comedia mantiene el ritmo pero peca de ligera y de superficial. La cinta intenta despojarse de cierto conservadurismo sin éxito, ya que retrata con frivolidad la difícil emancipación de la mujer en esa época, cuya única aspiración era ser secretaria.
El excelente uso de la cámara durante los torneos de mecanografía y la química entre los dos protagonistas, los actores Déborah François y Romain Duris, hacen que el espectador no pierda detalle. Vacía, pero entretenida y visualmente agradable.
‘Turistas’. Matar sin ton ni son / María Mur
La atmósfera es opresiva, no cabe la menor duda. Los ánimos están muy bajos, la gente se crispa a la primera de cambio y el aire que se respira es más negro que el sobaco de un mono. Montarse en el metro a hora punta es casi un acto de guerra. Pero hay que mantener la calma o al menos intentarlo, hay que subirle el volumen a nuestro Pepito Grillo y amordazar al animal que todos llevamos dentro. Sino, háganme caso, esto va a acabar como el rosario de la aurora. No tienen más que ver ‘Turistas’, la historia de una pareja que con la roulotte a cuestas se lanza a conocer la Gran Bretaña más desconocida cargándose por el camino a todo aquel que molesta.
La crítica la he calificado como la mejor comedia británica del año. De hecho, no ha parado de cosechar premios en el circuito cinematográfico, especialmente en Sitges, donde se llevó el premio al mejor guion y a la mejor interpretación femenina. ‘Turistas’, hace reír, para qué nos vamos a engañar, pero de ahí a que sea el súmmun de la comedia… La trama es extremadamente original (la pareja se carga hasta al apuntador) y sirve como anillo al dedo para explicar la deshumanización actual de las sociedades modernas, pero el guion es una montaña rusa y algunos golpes pecan de demasiado localistas.
Es la tercera película del británico Ben Wheatley (‘Down Terrace’ y ‘Kill list’), un tipo rechoncho y simpático que ha sabido sacarle partido al talento de los dos actores protagonistas, Steve Oram y Alice Lowe que, además de ser unos cómicos reconocidos en el Reino Unido, son el alma máter del proyecto. Han paseado la historieta por mil y un despachos hasta que dieron con la productora Big Talk. Ellos y el paisaje que recorren montados en su roulotte son lo mejor de la historia.
En la presentación en Madrid, el director quiso explicar las motivaciones de los guionistas: “Han querido reflejar lo que pasaría si no respetásemos el contrato social que firmamos para vivir en sociedad”. Hablaba, se escuchaba, se reía y discrepaba: “Bueno, yo si no hubiese contratos morales o sociales me tiraría todo el día practicando sexo, en una orgía eterna”. Nunca una frase hecha fue tan sabia: hagan el amor y no la guerra.
‘Inch’Allah’. Cuando la equidistancia es peligrosa / Pepa Blanes
El conflicto en Oriente Medio se ha tratado en la gran pantalla desde los tres ángulos posibles. Tenemos el lado Israelí, a través de Amos Gitai en ‘Free Zone‘ (2005). Del lado palestino la más interesante muestra de ese cine combativo y también crítico con el terrorimo sea la osada ‘Paradise Now‘ (2005) de Hany Abu-Assad. Además, el cine nos ha dado también películas bajo la mirada paternalista de Occidente. Aquí es donde se podríamos situar la reciente cinta francesa ‘Una botella en el mar de Gaza‘ (2011) o, incluso, ‘Incendies‘ (2010), de la canadiense Denis Villeneuve.
Por su procedencia -también es de nacionalidad canadiense-, ‘Inch’Allah’ (Ojalá es la traducción al castellano) se ubicaría en esa visión externa al conflicto, pero lo cierto es que su directora, la realizadora de documentales Anaïs Barbeau-Lavalette, ha hallado el punto perfecto, para mostrar al público occidental qué pasa en ese trozo de tierra tan codiciado a uno y otro lado del repulsivo muro, sin caer en abosluto en ese paternalismo facilón. Con un montaje exquisito y una factura realista y cuidada, retrata el día a día de una enfermera que trabaja en un campo de refugiados de Cisjordania para la Media Luna Roja.
La cinta no es tan incómoda como la ya mencionada ‘Paradise Now’, pero nos invita a ponerse en el lugar del otro. El acertado y ligero tono documental de los escenarios y realismo del guión le favorece, lo mismo que la actriz protagonista, Evelyne Brochu, que nos hace partícipes de su periplo psicológico y nos muestra perfectamente qué siente alguien ajeno a esa guerra cuando visita los territorios palestinos o Israel. Pero además, ‘Inch’Allah’ es una manera de alertar ante el peligro que tiene, en algunos casos, la equidistancia.



















