“Muchas gracias por el aplauso, creía que habíamos vuelto a ganar en Málaga”, decía Mariano Barroso, el director de ‘Todas las mujeres‘, la película más aplaudida de este festival hasta la fecha, pero que no opta a premio. La película cuenta la historia de un mentiroso compulsivo que enreda a todas las mujeres que pasan por su vida. “El protagonista hace lo que en España es el deporte nacional: echarle la culpa a los demás”, ha bromeado Barroso.
Su mujer, su ex novia, su amante, su cuñada, su madre, su psiquiatra se enfrentan a este pícaro sinvergüenza que es el personaje de Eduard Fernández que está brillante en esta película que en su origen fue una serie de televisión del Canal TNT. Petra Martínez, Lucía Quintana, Michelle Jenner, María Morales, Marta Larralde y Nathalie Poza son esas mujeres que dan la réplica mediante unos diálogos ágiles, divertidos y muy sarcásticos. La cinta todavía no tiene distribuidora, “es un momento complicado”, aseguraba Barroso, al tiempo que insistía en que seguirá haciendo cine “a pesar de las agresiones”.
El destino, el amor y Borges
Mucho más fría ha sido la acogida de ‘Inevitable‘, de Jorge Algora. A pesar de tener un potentísimo reparto con Federico Luppi, Dario Grandinetti y la española Mabel Rivera, la cinta no acaba de despegar. Basada en una obra de teatro y adaptada al cine de manera plana cuenta la historia de un triángulo amoroso atrapado por el destino. ”Es una película de encuentros, de casualidades, de amor y de las formas de interpretarlo, del amor platónico y del carnal”, decía el director. Algora ha reconocido que el personaje de Luppi, un famoso escritor que vivía en aquella época en Buenos aires, está inspirado en Borges, aunque afirmaba que en la película “no era necesario decirlo”.
‘Una pistola en cada mano’. Torpeza emocional masculina en estado puro / María Guerra
A sus 45 años, el director catalán Cesc Gay se ha convertido en el sociólogo imprescindible de su generación. A través de sus largometrajes (Ficción, En La Ciudad) ha retratado con ternura y amargura las fallidas relaciones personales de sus coetáneos. ‘Una pistola en cada mano’ es un paso más allá en su línea de historias cruzadas, en las que Gay domina perfectamente el tono, y es un maestro en la dirección y elección de actores.
Esta vez su mirada se vuelve irónica y con una sonrisa cruel, deja al descubierto la torpeza emocional de un grupo hombres que rondan los cuarenta y que mediante una sucesión de encuentros fortuitos hace un doloroso, y a ratos, cómico repaso de arquetipos: el cornudo, el impotetente, el adúltero… Todos ellos son olímpicos negadores de su realidad que, queda grotescamente desnuda por su propio discurso o por la entrada en escena de una mujer, que en dos frases desmontan su castillo de naipes.
Resulta impresionante el reparto de estas seis historias: duelos interpretativos muy teatrales que consiguen momentos mágicos. Brillan especialmente los dúos de Eduard Fernández y Leonardo Sbaraglia, Ricardo Darín y Luis Tósar, Javier Cámaray Clara Segura. Esta película pone el nivel de las categorías de los próximos premios Goya por las nubes.
‘Operación E’. Thriller sobre las FARC / Pepa Blanes
‘Operación E’ es un thriller correcto, bien rodado, con suspense, tensión, con una fotografía arrebatadora y luminosa que muestra la dureza de la selva colombiana, pero además de eas cosas, tiene un añadido, se convierte en una película valiente ya que aborda el conflicto de las FARC desde una perspectiva distinta que no es ni la de la guerrilla ni la del Gobierno.
Luis Tosar, que vuelve a estar de Goya, se pone en la piel de Crisanto, el campesino a quien la guerrilla colombiana entregó el bebé que Clara Rojas tuvo durante su cautiverio y que puso en jaque las negociaciones entre Venezuela y Colombia. Tosarlogra el acento preciso y se hace con el personaje desde el principio hasta el final.
La cinta, que firma Miguel Courtois, pasa de la acción a la denuncia. Como ya hizo en ‘Lobo’, Courtois pone el género al servicio de la realidad. En este caso nos cuenta quiénes son los grandes perjudicados de un conflicto que todavía no está resuelto. Una película que sin ser magnánima, entretiene y nos enseña que no hay que irse muy lejos para encontrar héroes e historias que contar.
‘El Chef, la receta de la felicidad’. Comedia francesa contra la cocina molecular / Pepa Blanes
Si algo les sale bien a los franceses es hacer buenas comedias, ácidas, deslenguadas a veces y satíricas otras. Sin embargo, la crisis parece afectar a todos, o quizá no sea la crisis, sino la alargada la sombre de ‘Intocable’. El caso es que ‘El Chef‘ se convierte en una comedia culinaria poco original, que repite patrones ya vistos: dos protagonistas antagónicos que conviven a la fuerza y acaban descubriendo la verdadera esencia de la vida.
Lo más novedoso es que en medio de estos personajes se hable también de esa dicotomía entre cocina tradicional y cocina moderna -la que usa el nitrogeno y otros elementos químicos-. Un tema que en España, por ejemplo, llegó a copar los titulares de los grandes medios y, suponemos, que en Francia, la cuna de la alta gastronomía, también.
El problema es que la crítica hacía esa cocina acaba siendo un ejercicio chovinista de sacar pecho y defender la cocina francesa. Santiago Segurahace un pequeño papel y se convierte en un cocinero español, una especie de discípulo de Ferràn Adrià. Lo mejor, los actores, todos están bastan bien, sobre todo, Jean Reno y Michaël Youn.
‘Un buen partido’. Muchos actores, poco guion / Pepa Blanes
‘Un buen partido’ es una de esas comedias edulcoradas, con algo de melodrama y grandes dosis de conservadurismo. Pasaría por un telefilm más, de esos de padre divorciado y arrepentido vuelve para rogar el perdón de su ex mujer y de su hijo, de no ser por su reparto.
El otro punto positivo es que nuestro héroe cotidiano -el protagonista- en lugar de ser un ex jugador de béisbol, como corresponde a toda película americana, es un ex futbolista, que llegó a regatear incluso a David Beckham. Lo peor: pensar que es una película femenina y no darse cuenta de que está en fuera de juego todo su discurso familiar.
‘Damiselas en apuros’. Cursilada universitaria / María Guerra
Las jóvenes actrices Greta Gerwig y Analeigh Tipton lideran un grupo de universitarias con aires Belle Epoque que dirigen el centro de prevención de suicidios del campus. Para ayudar a sus compañeros y potenciales suicidas, utilizan una terapia basada en bailes trasnochados como el claqué, las faldas de vuelo a lo Doris Day y las frases grandilocuentes.
El director confiesa que sus años de Universidad estuvo sumido en una tremenda depresión que se sacudió gracias a un viaje a Mexico que le hizo salir de su burbuja de pijos de clase alta con un buen nivel de lecturas. A ratos resulta ingeniosa, pero domina la sensación de trivial y empalagosa vanalidad.
‘Sin tregua’. Adrenalina en vena / María Guerra
El director David Ayer -Harsh Times (2005), Dueños de la calle (2008)- y guionista de Día de Entrenamiento (2001) sube el volumen de la violencia y el mareo visual al narrar la cotidianidad de la pareja de policías de Los Angeles interpretados por Jake Gyllenhaal y Michael Peña.
El comienzo resulta irritante para el espectador desprevenido que se encuentra con la narración contada desde la cámara casera por Jake Gyllenhaalque se empeña en grabar el documental de su propia vida, provocando nauseas al que ve la película y antipatía creciente a sus compañeros de comisaría.
Una vez superada la supuesta originalidad del invento, ‘Sin Tregua‘ se introduce en un thriller convencional sobre la rutina de dos policías de base destinados en los peores barrios de L.A. Afortunadamente, a medida que avanza el largometraje Ayer va abandonan el recurso del vídeo doméstico y ‘Sin Tregua’ se convierte en lo que debería ser desde el principio: una correcta película de policías con todos los ingredientes de rigor. Es decir, no inventa nada y entretiene. Definitivamente le sobra las mareantes secuencias de vídeo doméstico
‘Blancanieves y la leyenda del cazador’. ¿Princesita o Lara Croft? / María Guerra
Dos meses después del estreno de Blancanieves, con la cejuda Lili Collins y Julia Roberts en plan madrastra deslenguada, Hollywood lanza una nueva versión para adolescentes de estética oscura y violenta al estilo El señor de los anillos. El acierto, sin duda, es la elección del tándem protagonista: Kristen Stewart, la lánguida Bella de Crepúsculo, saca una mala uva desconocida hasta ahora y le planta cara Charlize Theron, una bruja rubia de primera categoría, que siempre ganará en belleza a la princesa, pero nos descubre una maldad profunda y oscura que da energía a este producto de rápido consumo de fin de curso.
No hay nada especialmente brillante u original en Blancanieves y La Leyenda del Cazador. En la primera parte, el largometraje fluye con agilidad –entre mandobles reales y digitales- por el cauce tradicional del cuento, pero se vuelve lento, pesado y eterno en la segunda mitad, que se alarga sin piedad en una sucesión de falsos finales que exasperan. Tiene esta Blancanieves un tufillo exagerado a spot publicitario, abierto también a los chicos con la presencia de Chris Hemsworth, el Thor de Los Vengadores, que no aporta gran cosa en este cuento con sobredosis de adrenalida.
‘Miel de naranjas’. Un thriller de posguerra / María Guerra
Imanol Uribe –siete años después de ‘La Carta Esférica’- vuelve a la dirección con Miel de Naranjas, la historia ambientada en Andalucía en los años 50, donde un soldado recomendado (Iban Garate) hace el servicio militar a las órdenes de un juez militar (Karra Elejalde). Cargando con la máquina de escribir va de juicio en juicio y de fusilamiento en fusilamiento. El soldado es testigo tembloroso de la implacable represión de la maquinaria franquista. La tenebrosa sociedad de la posguerra sirve de telón de fondo de un thriller político en el que conviven militares descreídos y sádicos con activistas antifranquistas.
El guión de Remedios Crespo tiene el brío de las buenas películas de espías. Están bien trenzadas las tramas sentimentales de un reparto coral que refleja sin miramientos la podredumbre moral de la época. Sin embargo, falla la elección de la pareja protagonista, Blanca Suárez e Iban Garate, que no tienen ni el carisma ni la química que los haga creíbles como novios, que despiertan de golpe, a la barbarie del franquismo.
La película funciona gracias, sobretodo, a las grandes interpretaciones de actores veteranos como Eduard Fernández, quien junto a Carlos Santos interpreta una escena que pone el vello de punta. Nora Navas también saca adelante ella sola momentos de tensión únicos. Karra Elejalde compone un juez militar corrupto algo histriónico, a lo Queipo de Llano, pero que consigue transmitir la negrura de aquella España. En el pasado Festival de Málaga, Uribe ganó el premio a mejor director. ‘Miel de naranjas’ es una película solvente, pero sin sintonía entre los actores jóvenes, que se encogen ante el dramatismo de las situaciones y ceden el primer plano a los veteranos. Conclusión: correcta, pero desenfocada.
‘¡Por fin solos!’. Dos horas más en el reloj / David Martos
Lawrence Kasdan es el responsable [o 'corresponsable'] de algunos guiones míticos. El primero que vendió, ‘El guardaespaldas’, fue un éxito de taquilla en 1992, y su ingenio se nota en varias entregas de ‘La guerra de las galaxias’ o ‘En busca del arca perdida’. Como director ha firmado títulos como ‘Wyatt Earp’, ‘Fuego en el cuerpo’ o ‘French Kiss’, y ha recibido galardones que también guardaron en sus vitrinas mitos como Billy Wilder o John Huston. Por eso podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que el señor Kasdan está en horas bajas. La comedia agridulce que acaba de terminar y que llega este fin de semana a las salas es ‘¡Por fin solos!’, una historia de título equívoco [el título en inglés es 'Darling companion'] que gira en torno a un perro perdido… y a la reconstrucción de las relaciones intrafamiliares durante su accidentada búsqueda. ¡Por cierto! Una historia que surge de su propia vida, porque su mujer, Meg Kasdan, la coguionista, perdió a su perro en similares circunstancias.
Y aunque decimos que el señor Kasdan no está en su época dorada, la película que nos ofrece no es mala; es una ‘feel good movie’ de la que se sale con una sonrisa y con dos horas más en el reloj. Diane Keaton [siempre eficaz] y Kevin Kline son un matrimonio sesentón que adopta un perro tras muchas protestas del marido, un cirujano de prestigio que antepone el trabajo a la familia. Tras una celebración familiar en las Montañas Rocosas, el personaje de Kline pierde de vista al perro ‘Freeway’ [se llama así porque Keaton lo ha encontrado abandonado y herido en una autopista], y la desaparición desata una alocada búsqueda que, claro, [no reventamos nada] termina con un final feliz. En el reparto de secundarios, destacan unos Sam Shepard, Richard Jenkins y Dianne Wiest… que visten cualquier película. Y el perro lo hace muy bien.
‘En Fuera de Juego’. Una comedia futbolera de perdedores / María Guerra
Aprovechando el clima futbolero de la Eurocopa que llega se estrena esta comedia de pícaros de quinta fila que rondan el mundo del fútbol. Fernando Tejero instala porterías en los partidos de barrio los domingos, aunque se siente representante de jóvenes promesas, y de hecho, se encuentra de carambola con un jugador argentino, Chino Darín, el hijo de Ricardo Darín, con el que entra en las peligrosas aguas de los tiburones de verdad.
En fuera de juego se plantea como una comedia de perdedores natos, representados por Fernando Tejero, como el prototipo de optimista entusiasta y patético frente al argentino Diego Peretti, en el papel de un médico pesimista y amargado que odia al fútbol, y que acompaña al joven Darín a España a su pesar. La película discurre por un carril ya transitado. El director, David Marqués, reutiliza la personalidad cómica con la que los dos actores protagonistas han triunfado en sus respectivas carreras. Tejero repite su papel de caradura de fondo amargo y Peretti vuelve a explotar su personaje atónito y estupefacto. Ambos funcionan en ese registro fácil y sin sorpresas. En fuera de juego es una comedia sencilla y resultona.
‘La sombra de los otros’. Otra misteriosa obsesión de Julianne Moore / Daniel de la Fuente
Los suecos Björn Stein y Måns Mårlind, acostumbrados a rodar thrillers, cintas de acción y ciencia ficción, hicieron un notable trabajo con la última de ‘Underworld: El Despertar’: supieron primar la acción y unos buenos efectos especiales por encima del guión y la ya cansina historia entre licántropos, vampiros y humanos. Pero no es el caso de ‘La Sombra de los otros’, donde parece que la pereza (“la madre de todos los vicios, como dice Jeffrey DeMunn en la película) se ha apoderado de todo el rodaje.
Cara Harding (Julianne Moore, 1960) es, profesionalmente, una psiquiatra, pero, personalmente, “una mujer de Dios”. Es decir, otra cinta más en la que ciencia y religión se enfrentan. Harding, que irremediablemente nos recuerda a Clarice Starling en ‘Hannibal’, trata de descifrar el misterio de la enfermedad que padece un estupendo Jonathan Rhys Meyers, aparentemente un trastorno de personalidad múltiple.
Harding irá descubriendo poco a poco qué hay detrás de la enfermedad y una serie de muertes que se suceden en su entorno, y cómo el enemigo al que se enfrenta “no está en sus libros”. Parecido planteamiento al de ‘Misteriosa Obsesión’, despropósito también protagonizado por Julianne Moore. El guión es propio de un telefilme, arrastrando a los personajes a diálogos y acciones carentes de sentido y sensatez. Un metraje efectista, cargado de tópicos y con un final que arranca risas y aplausos en el espectador. No es una actriz, Julianne Moore, que pueda quejarse de falta de papeles a su edad. Su carrera sigue plagada de proyectos. Debería saber decir ‘no’ a alguno de ellos.
‘¿Y si vivimos todos juntos?’. La arruga es bella / David Martos
Si más arriba hablábamos del estreno de la película ‘¡Por fin solos!’ -una comedia agridulce de sesentones-, en ‘¿Y si vivimos todos juntos?’ tenemos que hablar de setentones en toda regla. Setentones que comienzan a darse cuenta de que pronto no podrán valerse por sí mismos… y que ante la perspectiva de la residencia de ancianos deciden unir fuerzas con sus amigos para crear una comunidad de intereses. Señoras de tan buena cuna como Jane Fonda o Geraldine Chaplin se mudan a un espacioso chalet, al que invitan también a un etnólogo -interpretado por Daniel Brühl-, la única savia joven de la película. Allí debaten sobre el sexo, el amor y la muerte en conversaciones tremendamente trascendentes… que se cruzan con lo intrascendente de la rutina, como la compra de una nueva piscina.
‘¿Y si vivimos todos juntos?’ no es una película gigante, pero tampoco lo pretende. Sí consigue un objetivo modesto, una reflexión sobre la enfermedad degenerativa y la soledad… sin que se pierda la media sonrisa en la cara. Y eso, teniendo en cuenta que la cinta no es perfecta, resulta tremendamente complicado. Claro, que hay quien sale del cine pensando… que le gustaría envejecer como la Fonda [o con la Fonda del brazo].
‘The Pelayos’. Salir del cine con ganas de asaltar la banca / María Guerra
‘The Pelayos’ tiene vocación popular y elige el camino de la campechanía con trazas de ‘Ocean´s Eleven’, en versión castiza. Cortes se ha esforzado por montar una familia de actores muy solventes y con química entre ellos: Lluis Homar es el patriarca; Daniel Bruhl, el capataz del equipo; Miguel Ángel Silvestre, el primo botarate y ligón, Vicente Romero, el miedoso y Oriol Vila, el empollón. Todos muy correctos, y especialmente cómico Silvestre, que encuentra un filón en su interpretación de macizo descerebrado.
Brilla, como siempre, con una credibilidad monumental Eduard Fernández, que se mete en el traje gris y la cara de perro del gerente del casino que descubre el método Pelayo. Sin embargo, la estética americanoide chirría en esta comedia agridulce y picaresca. Esta apuesta visual –ya muy trillada en el cine americano- hace perder fuerza a esta historia de soñadores de arrabal, que son más mucho más creíbles detrás de un botellín de cerveza que haciendo el paseíllo de entrada en un casino con gafas negras y fanfarria.
Se echa de menos una mirada más local, que posiblemente le hubiera dado más universalidad a la película, que por otro lado, resulta un largometraje correcto y divertido. ¿Estuvieron los Pelayos demasiado cerca? La realidad puede ser tan peligrosa como la literalidad de las novelas.
Sin embargo, tiene momentos mágicos y personajes delirantes, como la actriz china Hui Chi Chiu, que le contagian a uno la ilusión de que aún siendo diminutos, esta vez sí que vamos a ganar al gigante.
‘Los vengadores’. Vuelve la diversión Marvel / David Martos
El universo Marvel se expande y lleva hasta la cartelera ‘Los Vengadores’, la sexta película basada en los famosos cómics de superhéroes. Nick Furia [Samuel L. Jackson], el líder de la organización ficticia S.H.I.E.L.D, convoca a los seres más extraordinarios de la Tierra y los recluta para intentar frenar la amenaza bélica de un villano del espacio exterior [Loki, el malvado hermano de 'Thor' interpretado por Tom Hiddleston]. A la llamada, con más o menos reticencias, acuden el hilarante ‘Iron Man’ compuesto por Robert Downey Jr. [no pierde ni una pizca de humor con respecto a sus películas anteriores, si acaso gana cuerpo], un temido Hulk que encuentra la horma de su zapato con Mark Ruffalo o la Viuda Negra que interpreta Scarlett Johansson. A ellos se une un siempre sorprendido Capitán América, que ha pasado durmiendo un buen puñado de décadas desde la Segunda Guerra Mundial.
La cinta, que se estrena antes en Europa que en Estados Unidos, ha sido convertida a 3D después del rodaje, que incluso llenó de escombros Park Avenue en plena isla de Manhattan [la escena de la batalla neoyorquina es divertida y espectacular]. La banda sonora de Alan Silvestri, quizá menos emblemática que la de ‘Capitán América’, acompaña con acierto las andanzas de estos superhéroes, que encuentran su mayor comodidad en las rítmicas peleas [salvo en el caso de Downey] y no en alguna larga escena de laboratorio en la que se especula con las intenciones de los invasores. En cualquier caso, la película es puro entretenimiento, y el director Joss Whedon consigue acoplar bien las atmósferas individuales de los personajes-planeta para agruparlos en un universo con sentido. Los productores anuncian secuela [están en el horno el tercer 'Iron Man', el nuevo 'Capitán América' y la segunda parte de 'Thor'] y, desde luego, si siguen componiendo películas tan disfrutable… dinero para llevarla a cabo no les faltará.
‘Martha Marcy May Marlene’. Pesadilla y desasosiego / María Guerra
Desde el primer plano la cámara del debutante Sean Durkinte mete en la pesadilla de Martha (Elizabeth Olsen): una joven que huye de una comuna liderada por un sádico de modales suaves (John Hawkes) y que se refugia en casa de su hermana, donde intenta olvidar la tortura y humillaciones de la secta.
Con rotundidad y afilado montaje, Durkin va llevando al espectador desde el presente de Martha –refugiada en casa de una hermana (Sarah Paulson) que se siente culpable por su desaparición- hacia el pasado y la amenaza permanente de los fanáticos con los que convivió.
Martha Marcy May Marlene desborda la película de terror psicológico y sirve de espejo a los miedos habituales. La mente de Martha está llena de grietas por las que se cuelan los recuerdos. Es un espejo de los terrores individuales que nos empujan al abismo de la locura. Las transiciones entre el presente y el pasado son espectaculares, de una suavidad magistral. Sencillamente brillante.
‘Las nieves del Kilimanjaro’. Elogio de la compasión / David Martos
Michel y Marie-Claire son un matrimonio en la cincuentena. Él trabaja en una naviera de Marsella, inmersa en un proceso de despidos a causa de la crisis. Como líder sindical, su puesto está blindado, pero decide incluir su nombre en el sorteo de quienes tendrán que abandonar la compañía. La suerte no le acompaña y se queda en la calle. Sus amigos y familiares organizan una fiesta para celebrar los 30 años juntos del matrimonio, en la que este recibe como regalo unos pasajes a África, para ver las nieves del monte Kilimanjaro. Con esta premisa comienza una historia que habla, básicamente, de la compasión; pero no de la que surge del sentimiento religioso, sino de la que se pone en práctica con otros seres humanos desde el igualitarismo [casi político].
Uno de los compañeros de Michel, afectado por el ERE, planea un asalto a su vivienda. Entre otras cosas, roba los pasajes y la ilusión que mantenía feliz a la pareja tras el despido. A partir de ahí, vamos descubriendo las circunstancias familiares que rodean al asaltante -no las desvelaremos-, que pondrán a prueba los sentimientos encontrados de los asaltados [¿tener piedad o no de quien te ha hecho daño?]. La cinta de Robert Guédiguian, que lanza una mirada optimista pero serenamente consciente a la crisis económica y moral de este siglo XXI, nos habla también de la madurez y del valor de la familia. Una cinta recomendable que ganó el premio del público en la Seminci de Valladolid y que concursó en la sección paralela ‘Una cierta mirada’ del Festival de Cannes.
‘La maldición de Rookford’. Una lenta fantasmada / Daniel de la Fuente
Entre 1914 y 1919 la gripe “española” y la primera Guerra Mundial arrebataron la vida de un millón de personas solo en Inglaterra. “Solo quedan fantasmas”. Así arranca ‘La Maldición de Roockford’, con una similutud con la última cinta de Rodrigo Cortés (‘Luces Rojas’). Florence Cathcart, Rebecca Hall (‘The Town. Ciudad de ladrones’, ‘Vicky Cristina Barcelona’), se encarga de desenmascarar a falsos videntes y casas encantadas en una sociedad entregada al oscurantismo. Hasta que Robert Mallory, Dominic West (‘The Wire’, ’300′) le pide que investigue las apariciones de un niño fantasma en un colegio de internos.
El tráiler promete mucho, sin embargo, aunque la película cuenta con algunos elementos originales, es muy previsible y extremadamente lenta, le cuesta mucho metraje hasta que se mete en cintura (la última media hora). Nick Murphy, escritor y director de series para la BBC, se estrena en la gran pantalla con un film rodado en Escocia y Reino Unido que, a pesar de sus giros y trampas, acaba siendo una fantasmada.
El Festival de Málaga empieza con un tijeretazo del 11% en el presupuesto y un chute de optimismo en la pantalla. La crisis nos devora y, para desafiarla, Eduard Cortés nos devuelve a los héroes genuinamente ibéricos: los pícaros. Que una familia entera se dedique a asaltar la banca de los casinos de medio mundo inspira simpatía. Mucho más si el método es legal: el clan de los García Pelayo ganó 250 millones de pesetas en la década de los noventa a base de observar las repeticiones de la ruleta. La idea despierta sonrisas; incluso el Tribunal Supremo, en una sentencia absolutoria, tildó el método de ingenioso.
‘The Pelayos’ tiene vocación popular y elige el camino de la campechanía con trazas de ‘Ocean´s Eleven’, en versión castiza. Cortes se ha esforzado por montar una familia de actores muy solventes y con química entre ellos: Lluis Homar es el patriarca; Daniel Bruhl, el capataz del equipo; Miguel Ángel Silvestre, el primo botarate y ligón, Vicente Romero, el miedoso y Oriol Vila, el empollón. Todos muy correctos, y especialmente cómico Silvestre, que encuentra un filón en su interpretación de macizo descerebrado.
Brilla, como siempre, con una credibilidad monumental Eduard Fernández, que se mete en el traje gris y la cara de perro del gerente del casino que descubre el método Pelayo. Sin embargo, la estética americanoide chirría en esta comedia agridulce y picaresca. Los Pelayos se sentían, como así lo han confesado, como una suerte de ‘Ocean´s Eleven’ en Lloret de Mar, pero esa apuesta visual –ya muy trillada en el cine americano- hace perder fuerza a esta historia de soñadores de arrabal, que son más mucho más creíbles detrás de un botellín de cerveza que haciendo el paseíllo de entrada en un casino con gafas negras y fanfarria.
Se echa de menos una mirada más local, que posiblemente le hubiera dado más universalidad a la película, que por otro lado, resulta un largometraje correcto y divertido. Tiene momentos mágicos y personajes delirantes, como la actriz china Hui Chi Chiu, que le contagian a uno la ilusión de que aún siendo diminutos, esta vez sí que vamos a ganar al gigante. Esperanzadora.
Dice María Guerra que, en el rodaje de una película, 'la script' es la persona que apunta y detalla la continuidad de las tomas, siempre armada con lápiz y papel. Ese mismo espíritu tiene este blog: el de contar los entresijos de los festivales, estrenos y rodajes de cine