19 abr 2013
Las críticas de La Script. Ecologistas, zombies y la generación beat
‘Tierra prometida’. Americano ejemplar pero artista soso / María Guerra
Matt Damon es actor mediano, un guionista pasable y un americano ejemplar. En 1998, con solo 28 años, ganó – junto con Ben Affleck- el Oscar a mejor original por la historia de superación El Indomable Will Hunting y entró por la puerta grande de Hollywood. Su carrera actor comprometido con la ecología y su vida de padre de familia intachable le pone en la senda del ciudadano heroico que tanto gusta en su país.
‘Tierra prometida‘ es una consecuencia natural de su trayectoria: una historia de rectitud moral pero contada sin grandes destellos artísticos. Este es su tercer guion y por tercera vez se lo ha entregado a Gus Van Sant, que también dirigió Will Hunting (1997) y Gerry (2002). Van Sant es un director de gran sello personal en ciertas películas (Mi idaho privado, Todo por un sueño, Elephant), que cada poco tiempo presta sus dotes de artesano al cine comercial, cuya narración domina con soltura pero sin pasión.
‘Tierra prometida‘ no es solo una mirada crítica al fracking, polémica técnica de extracción subterránea de gas natural. Ante todo es una reflexión sobre una sociedad civil, y las decisiones que toma una comunidad empobrecida ante la llegada de una incuestionable riqueza rodeada de incertidumbre sobre el impacto en el medio ambiente. Su falta de ambición artística la convierte en una película didáctica y casi escolar, que solo se sale del carril de lo convencional cuando aparece la gran Frances Mc Dormand dando chispazos al interpretar a la representante de la compañía extractora y compañera de Matt Damon. El resultado es correcto y esforzado, pero soso.
‘On the road’. Otra adaptación fallida / María Guerra
El director brasileño Walter Salles – Estación central de Brasil (1998) y Diarios de Motocicleta (2004) – se une con ‘En el camino‘ al club de cineastas que se han hundido en la adaptación de un gran clásico literario. Hay autores que resultan especialmente correosos a la hora de ser llevados al cine como Proust, García Márquez, y desde luego, Jack Kerouac. Hay libros cuya atmósfera no se puede simplificar en una sucesión de anécdotas y de personajes embriagados de dolor, poesía y drogas.
Salles se ha dejado la piel en una adaptación que finalmente ha resultado fría y aburrida, pese a los 6 años de preparación y una espléndida puesta en escena en un rodaje a lo largo de 4.000 kilómetros de carreteras americanas. La ambientación es natural e irreprochable, pero la bisoñez de los actores Sam Riley (Jack Kerouac), Garret Hedlund (Neal Cassidy), Tom Sturridge (Allen Gingsberg) es tal que la película no consigue despegarse del aroma de película juvenil con pretensiones autorales. Especialmente garrafal es la actuación de Kristen Stewart, que no abandona ni un segundo el rictus intenso para demostrar que ha superado la fase de estrella adolescente de Crepúsculo.
‘En el camino’ se presentó y fue recibida con gelidez en el pasado festival de Cannes. Tras el batacazo en la Costa Azul, se han recortado 20 minutos de metraje que no alteran la sensación final de vacío poético. Las pequeñas apariciones de Viggo Mortensen y Amy Adams alivian brevemente el tedio de una película fallida y sin alma.
‘La Caza’. La opresión de la sociedad perfecta / Pepa Blanes
Thomas Vinterberg recupera el tema de los abusos sexuales en ‘La caza‘, como ya hiciera en su obra maestra ‘Celebración‘. No es casualidad que escoja, precisamente, uno de los delitos más terribles y quizá del que menos se hable en sociedad, como es la pederastia, como leit motiv para hacer un áspero retrato de la sociedad danesa una sociedad casi perfecta en apariencia aunque luego muestra su cara más vengativa y más hipócrita.
En ‘La caza’, su protagonista, el actor Mads Mikkelsen, es acusado de abusar de los niños de una guardería. Aunque no hay pruebas, todo el mundo en ese pueblo de apariencia tranquila le considera culpable y le margina y le acorrala. Mikkelsen, ahora mismo el actor danés más conocido internacionalmente, borda esta interpretación. Soberbio pero contenido se muestra durante toda la cinta el actor de la recién estrenada serie Hannibal, ‘Un asunto real’ (2012), quien, por cierto, se llevó premio en el pasado festival de Cannes.
Más cercano al Dogma, movimiento que Vinterberg fundó con Lars von Trier, Vinterberg utiliza la caza como metáfora de esa asfixia y ese control del peso de la sociedad sobre el individuo, y logra un drama psicológico angustioso. Podría haberse quedado en un planteamiento de película de sobremesa, sin embargo, gracias a un espeluznante guion, a un excelente Mikkelsen y a las metáforas visuales de Vinterberg. Estamos ante uno de los mejores retratos que se han hecho de la sociedad calvinista en nuestros días y de la caza de brujas en la actualidad.
‘Un verano ardiente’. La revolución burguesa nunca tuvo lugar / Pepa Blanes
‘Un verano ardiente’ tiene como reclamo de partida la presencia de Monica Bellucci. Sin embargo, Philippe Garrel desinfla incluso la presencia de la actriz italiana. Ella es la novio de un pintor bohemio o nihilista -o ambas cosas a la vez- que le deja y provoca un vacio en su vida. Lo que prometía altas dosis de pasión, tras leer el título del film, al menos, nos deja fríos.
Sin rumbo narrativo y sin ritmo, Garrel falla al contarnos esta historia de pequeños burgueses que buscan en el arte lo que no encuentran en la vida. Su cine existencialista falla al no proponernos nada, ni contarnos nada: no ahonda en el desamor, tampoco en la revolución, ni en el arte o la inspiración.
Contada sin mucha complicación, aunque empiece por el final y acabe por el principio, ‘Un verano ardiente’ tiene algo positivo y es esa exaltación de la amistad. Como el ‘Soñadores‘(2003) de Bernardo Bertolucci pero sin nada de poetica ni de sensualidad -qué desaprovechada la Bellucci, ¡por dios!-, la cinta pasa sin pena ni gloria ante el espectador, como pasó por el Festival de Venecia. Se salva Louis Garrel, hijo del director, y protagonista de la película. Es la cuarta vez que trabajan juntos.
‘Memorias de un zombie adolescente’. Romeo y Julieta en muertos vivientes / Pepa Blanes
Después del fenómeno Crepúsculo, existe realmente miedo ante las películas que, a priori, pueden copiar el modelo de la saga de Stephanie Meyer. Ha pasado con ‘The host’ -también basada en una novela de esa misma autora-, pasó con ‘Hermosas criaturas’ -aunque en comparación con los vampiros, salió ganando- y ahora con ‘Memorias de un zombie adolescente‘.
Lo cierto es que aunque se basa en una historia de amor complicado entre un zombie y una mortal (cambiando al vampiro por un muerto viviente), que los dos protagonistas son dos guapos actores emergentes y que él tiene la misma cara de muerto que Pattinson, la cinta es bastante mejor que cualquiera de la saga de los crepúsculos. Divertida en ocasiones, entretenida durante el metraje, no es más que una comedia romántica ubicada en un mundo postapocalíptico con zombies y humanos luchando entre sí (cuánto daño está haciendo ‘The Walking Dead’).
También los actores están muy por encima de sus antecesores, es decir, de Robert Pattinson y de Kristen Stewart. Él es Nicholas Hoult y, pese a su juventud, ya cuenta con una buena trayectoria (‘X-Men: Primera generación’, o ‘Furia de titanes’). Ella es la australiana Teresa Palmer, una Julieta con mucho más carisma que Stewart. ‘Memorias de un zombie adolescente’ ha arrasado en la taquilla estadounidense, veremos qué ocurre en España.


























