Por Pepa Blanes

A sus 45 años, el director catalán Cesc Gay se ha convertido en el sociólogo imprescindible de su generación. A través de sus largometrajes (Ficción, En La Ciudad) ha retratado con ternura y amargura las fallidas relaciones personales de sus coetáneos. ‘Una pistola en cada mano’ es un paso más allá en su línea de historias cruzadas, en las que Gay domina perfectamente el tono, y es un maestro en la dirección y elección de actores.
Esta vez su mirada se vuelve irónica y con una sonrisa cruel, deja al descubierto la torpeza emocional de un grupo hombres que rondan los cuarenta y que mediante una sucesión de encuentros fortuitos hace un doloroso, y a ratos, cómico repaso de arquetipos: el cornudo, el impotetente, el adúltero… Todos ellos son olímpicos negadores de su realidad que, queda grotescamente desnuda por su propio discurso o por la entrada en escena de una mujer, que en dos frases desmontan su castillo de naipes.
Resulta impresionante el reparto de estas seis historias: duelos interpretativos muy teatrales que consiguen momentos mágicos. Brillan especialmente los dúos de Eduard Fernández y Leonardo Sbaraglia, Ricardo Darín y Luis Tósar, Javier Cámara y Clara Segura. Esta película pone el nivel de las categorías de los próximos premios Goya por las nubes.
‘Operación E’ es un thriller correcto, bien rodado, con suspense, tensión, con una fotografía arrebatadora y luminosa que muestra la dureza de la selva colombiana, pero además de eas cosas, tiene un añadido, se convierte en una película valiente ya que aborda el conflicto de las FARC desde una perspectiva distinta que no es ni la de la guerrilla ni la del Gobierno.
Luis Tosar, que vuelve a estar de Goya, se pone en la piel de Crisanto, el campesino a quien la guerrilla colombiana entregó el bebé que Clara Rojas tuvo durante su cautiverio y que puso en jaque las negociaciones entre Venezuela y Colombia. Tosar logra el acento preciso y se hace con el personaje desde el principio hasta el final.
La cinta, que firma Miguel Courtois, pasa de la acción a la denuncia. Como ya hizo en ‘Lobo’, Courtois pone el género al servicio de la realidad. En este caso nos cuenta quiénes son los grandes perjudicados de un conflicto que todavía no está resuelto. Una película que sin ser magnánima, entretiene y nos enseña que no hay que irse muy lejos para encontrar héroes e historias que contar.
Si algo les sale bien a los franceses es hacer buenas comedias, ácidas, deslenguadas a veces y satíricas otras. Sin embargo, la crisis parece afectar a todos, o quizá no sea la crisis, sino la alargada la sombre de ‘Intocable’. El caso es que ‘El Chef‘ se convierte en una comedia culinaria poco original, que repite patrones ya vistos: dos protagonistas antagónicos que conviven a la fuerza y acaban descubriendo la verdadera esencia de la vida.
Lo más novedoso es que en medio de estos personajes se hable también de esa dicotomía entre cocina tradicional y cocina moderna -la que usa el nitrogeno y otros elementos químicos-. Un tema que en España, por ejemplo, llegó a copar los titulares de los grandes medios y, suponemos, que en Francia, la cuna de la alta gastronomía, también.
El problema es que la crítica hacía esa cocina acaba siendo un ejercicio chovinista de sacar pecho y defender la cocina francesa. Santiago Segura hace un pequeño papel y se convierte en un cocinero español, una especie de discípulo de Ferràn Adrià. Lo mejor, los actores, todos están bastan bien, sobre todo, Jean Reno y Michaël Youn.
‘Un buen partido’ es una de esas comedias edulcoradas, con algo de melodrama y grandes dosis de conservadurismo. Pasaría por un telefilm más, de esos de padre divorciado y arrepentido vuelve para rogar el perdón de su ex mujer y de su hijo, de no ser por su reparto.
Reparto estelar de grandes actores como Uma Thurman, Dennis Quaid, Catherine Zeta-Jones, Jessica Biel y un ascendente Gerard Butler, al servicio de un director como Gabriele Muccino que conquistó a muchos espectadores con ‘En busca de la felicidad‘, (2007) y ‘Siete almas‘, )2008).
El otro punto positivo es que nuestro héroe cotidiano -el protagonista- en lugar de ser un ex jugador de béisbol, como corresponde a toda película americana, es un ex futbolista, que llegó a regatear incluso a David Beckham. Lo peor: pensar que es una película femenina y no darse cuenta de que está en fuera de juego todo su discurso familiar.
El poco prolífico director americano Whit Stillman – Metropolitan (1990), Barcelona (1994) y Last Days of Disco (1998) – estrena una anacrónica comedia sobre un grupo de universitarias elitistas que se mueven entre la pedantería y la depresión.
Las jóvenes actrices Greta Gerwig y Analeigh Tipton lideran un grupo de universitarias con aires Belle Epoque que dirigen el centro de prevención de suicidios del campus. Para ayudar a sus compañeros y potenciales suicidas, utilizan una terapia basada en bailes trasnochados como el claqué, las faldas de vuelo a lo Doris Day y las frases grandilocuentes.
El director confiesa que sus años de Universidad estuvo sumido en una tremenda depresión que se sacudió gracias a un viaje a Mexico que le hizo salir de su burbuja de pijos de clase alta con un buen nivel de lecturas. A ratos resulta ingeniosa, pero domina la sensación de trivial y empalagosa vanalidad.
El director David Ayer -Harsh Times (2005), Dueños de la calle (2008)- y guionista de Día de Entrenamiento (2001) sube el volumen de la violencia y el mareo visual al narrar la cotidianidad de la pareja de policías de Los Angeles interpretados por Jake Gyllenhaal y Michael Peña.
El comienzo resulta irritante para el espectador desprevenido que se encuentra con la narración contada desde la cámara casera por Jake Gyllenhaal que se empeña en grabar el documental de su propia vida, provocando nauseas al que ve la película y antipatía creciente a sus compañeros de comisaría.
Una vez superada la supuesta originalidad del invento, ‘Sin Tregua‘ se introduce en un thriller convencional sobre la rutina de dos policías de base destinados en los peores barrios de L.A. Afortunadamente, a medida que avanza el largometraje Ayer va abandonan el recurso del vídeo doméstico y ‘Sin Tregua’ se convierte en lo que debería ser desde el principio: una correcta película de policías con todos los ingredientes de rigor. Es decir, no inventa nada y entretiene. Definitivamente le sobra las mareantes secuencias de vídeo doméstico
1 Comentario
Angel
Disculapa Pepa, pero creo que no has sido lo suficientemente justa con la crítica de ésta pelicula. Simplemente has pecado de lo que le achacas: de chovinismo.
Cierto que la peli hace una crítica a nuestra nueva cocina pero también has de tener en cuenta que nuestra nueva cocina no es del gusto de todos.
Agradezco los progresos culinarios que unos cuantos chefs de esta país han hecho a la gastronomía mundial pero aún quedamos algunos retrogrados que preferimos comer comida “de toda la vida”.
Creo que no has tenido en cuenta que la cocina española es “algo más” que nuestro modernos “super-chefs”.
En cuanto a la pelicula solo comentar que es más que correcta. Soy bastante fan del cine galo (si evitamos los TAXI’s) y la pelicula cumple sobradamente. Además no se puede negar que Jean Reano oscarizaría Torrente.
Un saludo.
10 ene 2013 04:01 pm (@Twitter)
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