Por Pepa Blanes
Primera escena. Clint Eastwood, en pijama, insulta a su próstata desgatada y remolona. Es un veterano ojeador de baseball representante de la vieja escuela, enemigo mortal de los métodos estadísticos para la selección de jugadores que nos enseñaron en Moneyball.
Consciente del tirón de su personaje cinematográfico de cascarrabias justiciero con el que ha triunfado en su carrera como director (Bronco Willy, Sin perdón, Million Dollar baby), Eastwood brinda sus fotogénicas arrugas a la empalagosa historia a su amigo y ayudante de dirección de toda vida, Robert Lorenz, que debuta en la dirección con una película que reúne todos los tópicos morales americanos como si fuera un pack navideño.
Además del canto a los valores de viejos tiempos frente a la inhumana tecnología, Golpe de Efecto presenta a Eastwood como un padre huraño que apenas habla con su hija (Amy Adams), una abogada hiperactiva y tan borde como su progenitor, con quien emprende un viaje a la caza de un jugador de baseball con el que, ambos enfrentan las diferencias del pasado.
Tanto Eastwood como Adams defienden sus acartonados personajes con oficio y talento, cosa que no se puede decir del endeble Justin Timberlake. De hecho, hay chispazos de emoción y socarronería, que hacen recordar el cine dirigido por Eastwood, en el que se inspira esta película, que sin embargo, se queda en la superficie, limitándose a la pobre imitación del maestro. A sus 82 años, Eastwood actúa y produce un innecesario remedo de sí mismo.
Últimamente la mayoría de los pelícuas españolas que se estrenan son cintas de género. Ahí tenemos el fenómeno de ‘Lo imposible’, a los ‘Rec‘ de Balagueró, a Fresnadillo a Calparsoro, etc. Esta semana se estrena una última, ‘Fin’, film de acción arrinconada en el género apocalíptico con un director debutante en la gran pantalla, Jorge Torregrosa.
Perfectamente rodada, basada en la exitosa novela de David Monteagudo, ‘Fin’ se mueve entre dos aguas y no siempre sale a flote. Ese es su problema, ser una película de género y pretender ser lo contrario. Y es que Torregrosa abarca demasiado en el plano psicológico. Puede que en la novela se logre, pero en la cinta no se consigue siempre. Un problema que quizá se deba a que los personajes no estén a la altura de la historia, bien por las actuaciones o bien por la construcción del relato.
A lo largo del metraje, se convierte en una historia de personajes. Ocho en total. Maribel Verdú, Clara Lago, Daniel Grao, Carmen Ruíz, Antonio Garrido, Blanca Romero, Miquel Fernández y el modelo Andrés Velencoso, que no brilla por su actuación, pero tampoco desencaja. Lo mejor es aquello que trasmite de que el es lo único que nos mantiene vivos.
En menos de un mes llega a la cartelera la segunda película protagonizada por actores formados en cárceles italianas. Primero fue ‘Reality‘ de Matteo Garrone, cuyo protagonista, Aniello Arena, cumple cadena perpetua por un doble asesinato. Y ahora se estrena ‘César debe morir’, una adaptación del Julio César de Shakespeare que interpretan los reclusos de la cárcel de alta seguridad romana Rebibbia.
Los ya octogenarios, Paolo y Vittorio Taviani han filmado con la sobriedad del blanco y negro los duros rostros de presos que cumplen condena, en su mayoría, por haber pertenecido a la Mafia. Al igual que los conspiradores que apuñalan a César, ellos son ‘hombres de honor’ que conocen muy bien el significado de sangre, la lealtad y la traición.
Sin excesos, y desde una distancia respetuosa, los Taviani filman la representación y sobretodo, los ensayos, donde los actores reviven el quebranto de apuñalar a un hombre. Amargura y desencanto, pero sobretodo, verdad y dignidad son las sensaciones que destila esta corta película, de tan solo 1 hora y 13 minutos. No se necesita más para emocionar.
Seguro que han escuchado la anécdota de una madre que por equivocación se come un bizcocho de marihuana… pues la broma ya ha sido llevada al cine. Eso y poco más es lo que puede decirse del argumento de ‘High School’. Explica su director, John Stalberg Jr., que se basó en la historia de un camello que conoció en el instituto para crear esta película que poco tiene que añadir a este género de películas de institutos norteamericanos.
Demasiados tópicos: el alumno modélico, el director carca, las mamás más carcas todavía y el camello pirado. Ni siquiera ese personaje del camello tiene fuerza. Adrian Brody está algo histriónico y con poca gracia. El resto del reparto, pasa sin pena ni gloria.
El momento más interesante es cuando toda la escuela está drogada tras comer brownie y hasta la cámara se contagia y filma drogada algunos planos. Sin embargo, tampoco hay una apuesta arriesgada ni en contenido ni en técnica.
Jay Moriarity fue un surfero amante del riesgo y de las olas a partes iguales. Murió joven haciendo lo que más le gustaba: surfear. Ahora su vida ha sido llevada al cine en ‘Persiguiendo a Mavericks’, una cinta que se acerca demasiado al telefilm sino fuera por esas impresionantes imágenes de las olas conocidas como “mavericks” y que alcanzan una altura impresionante.
El surf, las playas y la belleza de la costa californiana son lo mejor de esta película donde los personajes son demasiado sensibleros y previsibles, poco carismáticos. Los dramas familiares son poco creíbles por el guión, más que por las actuaciones que son correctas aunque no espectacular.
En el reparto Gerard Butler y el joven Jonny Weston, además de Elisabeth Sue y Abigail Spencer. En la dirección Curtis Hanson, recordado por ‘L.A. Confidential’ (1997) que aquí no ha acabado de cuadrar esta historia basada en hechos reales.
Interesante y divertida esta tragicomedia belga -cine del que nos llegan pocas pero elegidas cintas- basada en las peripecias de tres adolescentes discapacitados y sus ganas de perder la virginidad. Lo mejor de ‘Hasta la vista’ es que no sea lacrimógena, algo difícil de conseguir en una historia de estas características, ya que podría haber hecho caer a su director, Geoffrey Enthoven, en lo facilón, aunque su final sea algo previsible.
La película se acerca a las comedias adolescentes norteamericanas como ‘American Pie’. Con sutileza nos dice que estos chicos, con sus enfermedades y sus problemas, son como el resto de adolescentes de su edad: piensan en el sexo. Y para practicarlo se van de viaje al sur, concretamente a España.
Ganadora de la Espiga de Oro en la Seminci de Valladolid en 2011, ‘Hasta la vista’ no es un portento cinematográfico pero es una historia necesaria que conmueve y conecta con el público por ese humor y por la cotidianidad que posee al hablarnos de amistad, del amor, de la vida, en definitiva.
1 Comentario
Harry Callahan
El gran Clint Eastwood ha sido infiel a su promesa. Y es que, tras protagonizar “Gran Torino”, anunció que no interpretaría más, que continuaría únicamente oficiando de realizador, los años que Dios y las aseguradoras le dejasen hacer cine. Cierto es que aquel papel de viudo descreído y huraño, resumen perfecto de muchos de sus roles protagónicos, bien pudiera haber sido el perfecto punto y final a una memorable filmografía como actor.
Sin embargo, el aventurero de medianoche, ha querido ser fiel a sus amigos. Por eso, cuando su antiguo ayudante de dirección y ahora socio en la Malpaso, Robert Lorenz, le rogó que una última vez se pusiera delante de la cámara, el bueno de Clint no supo decir que no. Así, la suerte y la amistad se han aliado para darnos como bis de propina el gustazo de volverle a ver en pantalla grande, esa que llena de carisma y presencia con la grandeza que un día lo hicieran Bogart o Wayne.
A priori, además, su papel de veterano cazatalentos venido a menos, que mantiene una difícil relación con su hija, volvía a ser uno de esos que últimamente le ajustaban como un guante. El muy americano asunto del baseball y compañeros de casting tan atractivos como Amy Adams o John Goodman, nos hicieron pensar que el que fuera Harry El Sucio nos volvería a alegrar el día.
El problema es que “Golpe de efecto” confunde el tocino con la velocidad, o, en este caso, la sencillez con la simpleza. Y si bien nunca fue un filme con ínfulas, ni se esperaba un nuevo “Gran Torino”, lo cierto y verdad es que la cinta es un estrenos tv que solo el buen hacer de Eastwood consigue dignificar y elevar muy por encima de lo que merece.
Y, si bien hay que aclarar que no estamos ante un fiasco como “El Cadillac Rosa” (la otra vez que el actor de California encabezó cartel por pura amistad), la torpeza de Robert Lorenz a la hora de poner en imágenes esta historia es más que insondable. No hay el menor atisbo de trascender en el modo de rodar. Ni creatividad alguna, desde el punto de vista narrativo. Por otra parte, el guion es un refrito de tópicos y lugares comunes, un ejemplo de previsibilidad que jamás consigue mantener la curiosidad del espectador.
Lo único que hace que no te quieras levantar de la silla, sino más bien lo radicalmente opuesto, quedarte pegado a ella, son los momentos en los que el que fuera William Munnie hace acto de presencia, con sus ochenta y dos inclementes años visibles en cada movimiento, en cada arruga de su avejancado rostro. Sus miradas, gestos y modos siguen embelesando a la platea. Filmes como este, absolutamente crepusculares en la carrera de un actor, te hacen además dejar volar tus recuerdos y situarle con la imaginación en tantos y tantos otros roles con los que gozaste durante años.
Por ello, este “Golpe de efecto” sabe a copa de vino muy añejo, que cuando la disfrutas sabes que, muy probablemente, ya no volverás a poder paladear de nuevo. Porque, amigos, este filme de Eastwood sí que pudiera ser el último título de su carrera actoral. La Naturaleza no miente, ni perdona. Y ello le confiere a esta la película un valor que, atendiendo a otras razones, meramente cinematográficas, no tiene ni de lejos. En este sentido, resulta más emocionante que nunca ver como esos inimitables andares arrastrados se alejan de cámara en el último plano de la cinta, al tiempo que resulta incontenible sonreír de medio lado y pensar: ¡que grande eres, maestro!.
25 nov 2012 01:11 am (@MagnumCallahan)
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