Por Pepa Blanes

Tras dos películas sin aristas, ‘Casino Royale’ (2006) y ‘Quantum of Solace‘ (2008), en las que Daniel Craig arrastraba un gesto excesivamente dramático y solemne, por fin, el director Sam Mendes ha encontrado el estado de ánimo en el que encaja perfectamente el actor y su espía: con resaca y mucha retranca británica.
En la presentación de Skyfall en Madrid, Mendes aseguró que había retomado la oscuridad del personaje de las novelas de Ian Fleming: “Es un hombre que se conoce muy bien, cínico y deprimido con su vida. Un antihéroe absoluto”. Pero también lo ha actualizado y lo sitúa en el implacable mundo de hoy, con prejubilaciones y despidos por todas partes: a M (Judy Dench) la quieren mandar a casa por vieja y a Bond lo dan por muerto, les da igual que haya caído en acto de servicio o borrachera. Con el mejor humor negro inglés, Skyfall plantea el conflicto de la supremacía de la tecnología sobre el romanticismo de los viejos métodos.
Entre copazo y cañonazo, este Bond ilumina la pantalla con un delicioso derroche de diálogos cáusticos. Atención a la conversación en la National Gallery con el nuevo Q (Ben Whishaw), un pitagorín de los ordenadores al que Bond despacha con un sofión: “Juventud no es necesariamente sinónimo de innovación”. Es un placer ver acción e inteligencia en la misma película.
Precisamente para mantener en alto el pabellón de 007 se necesita un villano sobresaliente: Javier Bardem se marca un personaje sinuoso, de pelo rubio platino y algo de pluma que pone de los nervios a Bond. Lánguido y cansado de tanto tiroteo, Bardem crea un malo con alma que supera dramáticamente al espía de su Majestad. Fue el propio Daniel Craig quien ofreció a Bardem su personaje, y como Craig/Bond es un gentleman, también ha sabido perder esta batalla con estilo.
El capítulo de las chicas Bond es curioso. Las jóvenes Naomi Harris y Bérénice Marlohe quedan arrinconadas por el protagonismo de Judi Dench, una veterana que da empaque y verosimilitud a la parte más floja y dramática de ‘Skyfall’. Quizá excesiva en su metraje final, y con algunas concesiones a la convención industrial de la saga, ‘Skyfall’ es una gran superproducción sarcástica y brillante.
‘Ladrón de palabras’ es una historia dentro de historias sobre el plagio literario. O más bien el plagio literario es la escusa para montar todo un puzle de historias que encajan una dentro de otra con algunas complicaciones. Es complicado que un reparto plagado de grandes y buenos actores como Bradley Cooper, Danis Quaid, Jeremy Irons, Zoe Saldana, Olivia Wilde, sea tan poco aprovechado como en este primer trabajo los guionistas, Brian Klugman, Lee Sternthal, -conocidos por ‘Tron Legacy’ (2010)-.
El protagonista, un joven escritor con anhelos de éxito, es Bradley Cooper, un actor que no pasa por un escritor viviendo en una buhardilla de Brooklin. Tampoco funcionan la música, demasiado solemne y melancólica que resta energía y misterio a esta cinta a medio camino entre el drama y el thriller. Pero lo menos convincente es la estructura narrativa de esas tres historias: la del escritor que plagia, la del escritor plagiado (Jeremy Irons envejecido exageradamente) y la del escritor que narra toda la enredadera (Dennis Quaid).
Una historia sobre el precio del éxito, sobre la ética y la verdad en el arte, que no pasa por una “peli indie” -aunque pasó por Sundance-, pero tampoco como el thriller intelectual del año a pesar de los intentos. Podría haber llegado más lejos.
Parece que el cine de animación en España está viviendo una edad de oro. ‘Chico y Rita’, (2010), ‘Arrugas’, (2011), ‘Tadeo Jones’ (2012) y ahora ‘O Apostolo,’ el primer film de animación que se ha rodado en Europa con la técnica del stop motion pero desarrollada mediante producción estereoscópica, lo que significa
La idea de llevar al cine leyendas tan antiguas y con tanta tradición como las que rodean la mística de los peregrinos es original. Y esa idea se convierte en buena cuando los personajes tienen, además de una técnica pulida y perfeccionada, una personalidad propia y un buen doblaje gracias a las voces de Luis Tosar, Jorge Sanz, Geraldine Chaplin y el ya fallecido Paul Naschy, cuyo personaje -un obispo glotón y gruñón- introduce el humor en la cinta. El punto más débil de esta historia es que le falta ritmo, sobre todo cuando se acerca el final.
Fernando Cortizo, director de la cinta, consigue crear unas atmósferas misteriosas y sobrecogedoras en torno al Camino de Santiago. Ayuda bastante a ese universo inquietante la música de Phillipp Glass, que compuso, entre otras muchas, la banda sonora de ‘Las Horas‘ (2002).
Los americanos no podrían soportar un Halloween sin historias de fantasmas, cada país tiene sus costumbres. Este año la elegida es ‘Sinister‘, una película que viene con padrinos: el director es Scott Derrickson, un conocido del género (‘El exorcismo de Emily Rose’), y los productores son los mismos de la saga ‘Paranormal’ y de ’Insidious‘.
El punto de partida es interesante. Un novelista de crímenes reales, que atraviesa una depresión creativa, se muda con su familia a una casa en la que los anteriores inquilinos fueron brutalmente asesinados. Ethan Hawke, que carga con todo el peso de la película, es el ambicioso escritor frustrado que encuentra en la nueva casa unas cintas antiguas con más asesinatos macabros de familias. Carne de cañón para el bestseller que necesita.
El problema es la deriva esotérica de la trama que desvirtúa, sin lugar a dudas, las interminables situaciones de angustia que atraviesa el protagonista y desaprovecha puntazos como el sonambulismo de uno de los hijos del escritor. ‘Sinister’ ha pasado bastante desapercibida en Sitges. Y es que lo peor que se puede decir de una película de miedo es que no dé miedo. Y ésta, sintiéndolo mucho, no te obliga a dormir con la luz encendida.
Tony Kaye es un director de realidades amargas. En ‘American History X’ (1998) denunció el estallido del neonazimo juvenil; en el documental ‘Lake of fire’ (2006) se centró en el drama del aborto y en ‘Black water transit’ (2010) en el descalabro medioambiental. Con su último trabajo, pone el foco en una educación que no funciona sin dinero público y en la crudeza de los alumnos apáticos y excluidos socialmente.
‘El Profesor‘ es un poema audiovisual, en el que la propia historia se va salpicando con las confesiones a cámara del protagonista (un muy acertado Adrien Brody). El ganador de un Oscar por ‘El Pianista’ hace de un alma solitaria, de un profesor suplente que no quiere involucrarse demasiado con sus alumnos para no enfrentarse a sus fantasmas. Cuando aterriza en un colegio hastiado por la dejadez de la Administración, conocerá el verdadero caos.
En la historia hay altos y bajos. La alumna acomplejada y suicida (Betty Kaye, la hija mayor del director) redunda en el tópico, mientras que la relación de Brody con una prostituta adolescente, que interpreta Sami Gayle a quien este verano hemos visto junto a Nicolas Cage en ‘Contrarreloj’, es desgarradora pero tierna. De obligado visionado para el ministro Wert.
Las historias de Konig - sus homosexuales machotes, tiernos, rudos o apocados- no sólo han conmovido a la comunidad gay. Su descacharrante sentido del humor, dirigido especialmente hacía los tópicos de los homosexuales se eleva por encima del confinamiento de género. Sin embargo este documental homenaje se límita demasiado a la vinculación de su arte con su orientación sexual. Se trata de una gran entrevista al autor y a sus allegados, que va trenzando su vida, inicios y primeros pasos en el dibujo y la homosexualidad en la Alemania rural de los años 70.
La directora del documental, Rosa von Praunheim, se arrodilla servilmente ante Konig, rozando momentos de ridícula adulación en la que muestra a un dentista suizo que se postra literalmente ante el autor que le ayudó a salir del armario.
Algo innecesario y que además lo deja encajonado en la categoría de obra terapéutica cuando podía ser mucho más. Un genio como König no necesita tales halagos. De hecho, lo más brillante, lo más Koning de la película es la lectura pública de sus cómic dramatizados por el mismo.
‘Vulnerables‘ es un thriller que ubicado entre el género fantástico y el terror psicológico. La cinta explora los miedos de una madre primeriza, quien, tras un parto prematuro, tendrá que enfrentarse a su pasado al mudarse a la vieja finca familiar. Una finca al más puro estilo manchego -más sobrio que el retratado por Almodóvar.
Miguel Cruz, conocido realizador de la serie de televisión ‘Aída’ y del venerado programa ‘Caiga Quien Caiga’, debuta ahora en el cine con este film algo flojo, con fisuras en la trama, pero con una gran iniciativa y buena materia prima.
La protagonista, sobre la que recae todo el peso, es la actriz Paula Echevarría. Con ‘Vulnerables’ da el salto a la gran pantalla -en papel protagonista- y lo hace de manera discreta pero correcta. El estilismo de la protagonista resulta excesivo en medio de la austeridad manchega.
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Harry Callahan
“SKYFALL”: El dry Martini número 23
Debe ser difícil hacer la película número veintitrés de una saga. Y tiene que serlo más aún si la franquicia está de redondo cumpleaños, cincuenta concretamente. Y debe ser más complicado todavía cuando eres un “autor” más que un artesano de la acción. Por eso, cuando al tipo que filmó “American Beauty” le dieron la cocktelera en la que meter nuevamente un buen puñado de tópicos para hacer que supiesen distintos, el objetivo sabiamente marcado no fue otro que idear un dry Martini con sello propio, aunque obviamente tuviera que ser agitado, no mezclado.
Y es que “Skyfall”, como buen nieto de un abuelo mediosiglista, se recrea en obsequiar un sinfín de autohomenajes al universo Bond. Tan es así que incluso hay un instante, muy surrealista, en el que resucitar el mítico Aston Martin DB5. Pero Mendes es capaz de trascender y dejar huella. De un lado, por obra y gracia de una muy oscarizable fotografía del mago Roger Deakins que convierte el filme en un todo un festín visual, con momentos tan ya imperecederos como las plastiquísimas escenas en el rascacielos de Shanhai o en el casino de Macao.
El otro gran arma de Mendes para ganar la mano es la dirección actoral de un casting casi perfecto que tiene momentos y diálogos tan notables como el primer encuentro de Craig con Bardem, o el de éste con “M”, que aunque un tanto Lecteriano, no deja por ello de evidenciar que la acción más vibrante bien puede esconderse en un tete a tete audazmente puesto en escena.
Lo que me lleva a habar, inexorablemente, de Javier Bardem. El verdadero gadget que “Q” entregó a Mendes para hacer trascender, definitivamente, el filme. Un gadget nada sofisticado, pero tan efectivo como la celebérrima Walter PPK. Un actorazo que se merienda a cualquiera que osa darle réplica. Un animal cinematográfico tan brutal como su propia fisonomía y capacidades de superarse en cada reto interpretativo, por muy tópico o convencional que pueda resultar (como es el caso: algo tan pedestre como hacer de villano en un Bond).
Así pues, chapó por todo ello a Mendes, que ha facturado a todo esto una cinta a todo esto tan brillante como entretenida, y que además insufla al mito y a los personajes a él cercanos, ciertos aires de trascendencia, de honduras psicológicas; y que, de paso, aprovecha para desvelarnos incluso detalles de unos orígenes y pasado traumáticos del propio 007, algo por otra parte muy de moda, muy Nolaniano. A ver que hace el que le toque reiniciar la franquicia en el punto de reboot en el que ha quedado. Alguien que, muy a propósito, se cuenta en los mentideros cinéfilos que podría ser el mismísimo aludido Christopher Nolan.
12 nov 2012 02:11 am (@MagnumCallahan)
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