Por Pepa Blanes

Ben Affleck va creciendo como director y difuminando su imagen de galán del montón. Argo es su tercera película como director tras Adiós pequeña, adiós (2007) y The Town. Ciudad de ladrones (2010), y en ella exhibe pulso y dominio del thriller histórico. Sin caer en una postura fácilmente patriotera, Aflleck hace una tensa reconstrucción de la fuga de 6 de los 58 americanos que fueron tomados como rehenes en la embajada de Estados Unidos de Teherán por el gobierno iraní en 1979.
Esta vez sí que merece la pena destacar que está basada en hechos reales. Seis funcionarios de la embajada se escaparon por la puerta de atrás en el fragor del asalto y acabaron refugiados en la embajada de Canadá durante 6 semanas. Desde la CIA del gobierno Carter, al agente – Tony Méndez- se le ocurrió la rocambolesca idea de trazar un plan de rescate haciendo pasar al grupo por un equipo de rodaje de una película de ciencia ficción llamada Argo. El merito de Affleck es traspasar todas las sensaciones de incredulidad, riesgo, delirio y comicidad de la situación.
Uno de los grandes aciertos de la película es la ambientación en 1979. Rodada casi íntegramente en interiores de Estados Unidos, Argo no trasmite la sensación de cartón piedra tan habitual en el cine. Affleck se manifiesta como un magnífico director de actores, también atina en la parodia de Hollywood, donde dos productores socarrones – Alan Arkin y John Goodman- preparan la coartada completa, la preparación total de una película de ciencia ficción de serie z ambientada en las exóticas arenas del desierto. Ágil y emocionante, Argo es una película que hace disfrutar al espectador, y que confirma a Affleck con un director cada día más solvente, y a un actor que no pasa de normal.
No hay nada nuevo en la idea de un personaje que sale de la ficción y se pasea por la realidad ante la mirada alucinada de su autor. La Ruby Sparks del título es una veinteañera pelirroja, la nieta de Elia Kazan (Zoe kazan) que ha escrito y protagonizado esta comedia romántica que se mueve entre la ingenuidad y el ingenio sin más pretensiones. La sencillez del planteamiento salva a la película de pisar las arenas movedizas de la cursilería infantiloide, en las que se han hundido a directoras como Miranda July y Sarah Polley.
Ruby Sparks es el segundo largometraje Jonathan Dayton y Valerie Faris, los directores de Pequeña Miss Sunshine (2006) ,que al igual que el personaje del escritor bloqueado Paul Dano, ellos también se han quedaron en blanco durante 6 años tras el éxito de su primera película. Ruby Sparks es un la historia de un joven neurótico, un remedo de Woody Allen, que entre la crisis de creación. Además su patológica timidez le encierra en una angustia permanente hasta que sueña con su mujer ideal, y tras escribir sobre ella la conoce en un parque convertida en una encantadora joven de carne y hueso.
Esta comedia romántica camina durante casi todo su metraje por el filo de lo manido y lo modernete, pero sin embargo se libra de ser una película generacional más, otro canto a los treintañeros pegados a un ordenador Apple que se niegan a madurar. En Ruby Spark no se solemniza la neurosis del protagonista. El personaje de su hermano, Chris Messina, que no para de darle corte y bajarle a la realidad, hace de contrapunto y se ríe de las tonterías de Peter Pan actual. Una pequeña delicia sin mayores consecuencias.
La idea de juntar a todos los monstruos de la Universal en una misma película, humanizarlos y hacerlos entrañables es simpática. Lo del resort para pasar el fin de semana y descansar de los humanos, también. Lo que chirría un poco es el argumento principal, ese rifirrafe que mantiene el superprotector conde Drácula con su hija adolescente. Chirría porque ya lo hemos visto muchas veces, mismamente este verano en ‘Brave’, y porque está llevado con un ritmo tan sumamente lento que invita al sueño.
En la versión original, Adam Sandler (que produce también la película) es quien pone la voz al conde Drácula y Selena Gómez la que hace de hija adolescente. En castellano, ha pesado más el marketing que el doblaje. Y de manera inteligente (empresarialmente hablando) se ha elegido a personajes ya de por sí vistosos como Santiago Segura y los góticos y ominipresentes Alaska y Mario Vaquerizo.
El director es el ruso Genndy Tartokovsky, adorado por los adictos al canal Cartoon Network. Después de estar 12 veces nominado a los premios Emmy y de ser el responsable de series tan exitosas como ‘Star War: Las guerras clon’, ‘El laboratorio de Dexter’ o ‘Las Supernenas’, Tartokovsky debuta en la gran pantalla con esta cinta que está arrasando en la taquilla estadounidense. Sin ánimo de ofender al público americano y dejando la ilusión del director a un lado, si van al cine con la idea de disfrutar del universo Burton, mejor quédense en casa.
’Vacaciones en el infierno’ no es la típica película de persecuciones. Divertida aunque algo desagradable por esas crueles escenas de violencia, la película es un entretenido thriller que va desde la acción y la persecución hasta el drama carcelario en México, de hecho la historia está inspirada en el desalojo de un penal mexicano en 2002. Lo que gana de la película es precisamente ese retrato de las cárceles mexicanas donde impera la ley del que más paga y el que más mata.
En medio de esa tortura con mariachis a todo volumen, el gringo Mel Gibson tendrá que sobrevivir y lo hará con ayuda de un niño. El papel parece hecho a su medida, y es que Gibson está realmente bien en esta cinta, tanto en las escenas de acción como en los giros humorísticos del guión. Lo mejor, sin duda, una imitación que hace de Clint Estwood y un pequeño diálogo en castellano.
La música es todo un acierto y contribuye a ese tono irónico que tiene la película desde el mismo título. Un dato, Gibson ayudó al director del film, Adrian Grunberg, a escribir este especie de western mexicano con palizas, tráfico de órganos y drogas.
Con su ópera prima, Marçal Forés ha traído aire fresco al cine español. ‘Animals’ es una historia tan sincera como sorprendente. Es uno de esas sorpresas que últimamente nos da la ESCAC (la Escuela de Cine de Cataluña). Forés nos cuenta los desencantos de un joven al hacerse adulto, pero además de esa historia de adolescentes que descubren el mundo, ‘Animals’ es una cinta plagada de simbolismos y de giros en el guión. Es un pequeño puzzle al que quizá le falto algo de brío.
Bien rodada, bien realizada y con actuaciones más que correctísimas de unos jóvenes intérpretes como son Oriol Pla y Roser Tapias, a los que auguramos un gran futuro por delante- y de un veterano como Martin Freeman, al que veremos próximamente en ‘El Hobbit’. Destacan, la original banda sonora y, sobre todo, ese oso de peluche que anda, habla en inglés y que sirve de desahogo para el protagonista.
Con el manga, el cómic, la música y el cine indie como influencias, el cineasta consigue una película peculiar con referencias pop pero que va más allá de un retrato juvenil a lo Ken Loach, ya que se acerca al cine fantástico y al thriller en algunos momentos. Una película que se disfruta más cuando se reflexiona.
La fórmula de Takeshi Kitano cuando retrata el mundo de los yakuzas se está convirtiendo en un esquema que es más repetitivo que otra cosa. En ‘Outrage’, el maestro del humor amarillo y uno de los grandes directores del género, se vuelve más violento todavía que en ‘Violent Cop’, ‘Boiling Point’ o en ‘Hana-Bi’.
Más falanges cortadas, más muertes y más líos con los padrinos mafiosos, pero menos diálogos efectivos y menos calidad visual. Parace como si Kitano se hubiera hecho mayor y para evitar quedarse obsoleto machaca al espectador con palizas, asesinatos y torturas.
La buena noticia es que no ha perdido ese extraño sentido del humor, que aparece en forma de destellos en esta película, aunque desgraciadamente no es lo predominante en este nuevo trabajo. Por cierto, ya está en camino ‘Outrage 2′.
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