Por Pepa Blanes

José Luis Garci es un tipo sin complejos. Ha mamado cine clásico americano y ha aprendido la lección: no hay nada malo en adaptar a su cultura historias que pertenecen a otras. Si en Hollywood es lícito americanizar lo sueco, para Garci no hay problema en españolizar lo anglosajón. Aunque no deja de ser chocante ver al doctor Watson disfrutar con un cocido de Lhardy y hasta llevarse puntas de jamón a Londres. ‘Holmes & Watson, Madrid Days’ es una aventura inventada y castiza de la famosa pareja de detectives de Conan Doyle que José Luis Garci ambienta en el Madrid decimonónico.
Con la excusa de seguir una derivada española del caso de Jack el Destripador, los investigadores ingleses, interpretados por Gary Piquer y Jose Luis García Pérez, viajan en tren hasta Madrid y allí se ponen en contacto con la policía local para estudiar unos asesinatos de prostitutas muy parecidos a los del famoso asesino en serie.
Como siempre, Garci ambienta visualmente las escenas con un toque acartonado y muy teatral. El engolamiento anticuado también lastra los diálogos y la historia, que avanza con un exceso de coreografía formal que ralentiza la acción. Zapatero a sus zapatos: Eduardo Torres Dulce, fiscal general del Estado y coguionista no aporta bríos al libreto, más bien lo contrario. En cambio, hay que reconocer a Garci su buen tino con la elección de actores. Tanto Piquer, como García Sánchez y Enrique Villén hacen un trabajo magistral y consiguen dar ver y verosimilitud a tanta pedantería y pretenciosidad. El gusto por lo lapidario entierra una película con actores de altura.
Viggo Mortensen llevaba tiempo buscando un papel en una película Argentina. No es la primera vez que rueda en español, pero quería poder actuar con su acento. La oportunidad le llegó de la mano de una directora primeriza, Ana Piterbarg, y no fue uno sino dos papeles a la vez. Y es que en ‘Todos tenemos un plan’, Mortensen interpreta a dos gemelos con problemas para encontrar su camino en la vida. Una interpretación que borda y que podría ser más brillante si los personajes fueran más profundos.
Esa dualidad es lo que retrasa el arranque de las escenas de acción de este thriller policíaco y además, hace que el espectador se pierda intentando econtrar verosimilitud en las escenas. La parte dramática lastra el ritmo y el film se hace lento y tedioso, ni siquiera el personaje de Rosa, la actriz Sofia Gala, consigue reanimar la historia. Es interesante la mezcla de drama con el género negro, pero nunca sabemos el motivo por el que actuan como tal sus personajes.
Las actuaciones son brillantes, aunque Soledad Villaamil esté algo desaprovechada. La fotografía es excelente y el retato de la región del Delta del Tigre es de lo más interesante que se muestra en pantalla. Lástima que la historia quede coja con la mezcla de géneros.
El problema con las comedias románticas, además del peligro de empacho, es que sabes qué va a pasar en todo momento, salvo en algunas excepciones como, por ejemplo, ‘La boda de mi mejor amiga’, de Paul Feig. Por eso, en ‘Eternamente comprometidos’, que comparte productores con el film de Feig, hay momentos de brillantez y de originalidad, pero el resultado final acaba siendo del montón.
2 Comentarios
Jerem
He ido a ver Todos tenemos un plan y sinceramente, os quedáis muuy cortitos con la critica. Supongo que será un blog ameno y de críticas suaves, pero la película es mala, mala con ganas. Vigo Mortensen no tiene una interpretación brillante ni de lejos, creo que la indefinicion de sus personajes no ayuda y su costumbre de Hollywood y películas más epicas, tampoco.
Pero lo peor no es Vigo. El guión no tiene ni pies ni cabeza, hay situaciones que no se entienden y otras que no están justificadas (por qué se pone en el papel del otro?) Y NO hay una trama principal, un conflicto de un personaje que se resuelva, sino hechos mal hilados que acaban sin mucho sentido tampoco (con un romance que surje sin venir a cuento y se supone que nos tiene que importar) y los diálogos son penosos. Creo que la tal Ana Piterberg cree que dar un mensaje es meter un par de reflexiones-conversaciones de moralina (dignas de la ESO, como “hay que intentar no dañar a nadie”), y no hacerlo mediante una trama que se resuelve. La fotografía y la gran Villamil si que se salvan, y algunos otros actores. No quiero parecer cruel pero tengo un gran respeto por el cine y esta “película” no vale lo que cuesta la entrada. Si alguien se ahorra esas horas de su vida o al menos va prevenido, me daré por satisfecho. Saluditos.
08 sep 2012 07:09 pm
Harry Callahan
Hablasteis en el programa de la nueva serie de Aaron Sorkin THE NEWSROOM. Os dejo mi analisis.
“THE NEWSROOM”: Un Sorkin capriano entre Lou Grant y Buenas Noches, y Buena Suerte
Nadie escribe ni dialoga como como él. El mero hecho de dejarse pasmar por la inteligente trabazón de sus historias o la chispa de las réplicas y dúplicas de sus personajes, ya justificaría zamparse todo lo que haga, ya sea para teatro, cine o televisión. Pero es que, además, este enfant terrible del stablishment no da puntada sin hilo, y en un momento social como el que vivimos, que alguien se atreva a hacer televisión que mueva conciencias a la par que entretenga, es tan inusual que merece detenerse a desmenuzar que hay detrás de su última creación: THE NEWSROOM. Obviamente, el tipo del que hablo se llama Aaron Sorkin.
La serie que me ocupa cerraría lo que pudiera ser su personal trilogía de la televisión, conformada por “Sports Night” (1998-2000), con Josh Charles y Felicity Huffman, y la prematuramente cancelada “Studio 60″ (2006-2007), con Amanda Peet y Matthew Perry. Respecto de esta última, “The Newsroom” tiene mucho que ver, pues en ella se desvelaba lo que se cocía realmente en la tramoya del espectáculo catódico y se tiraba a dar a muchas de las patatas calientes de la sociedad americana post once de septiembre. Aquí, ahora, vuelve a hincarse el diente a asuntos nada complacientes, tales como lo que conforma la verdadera esencia de las noticias que cada día recibimos en los medios. Y de como éstas pueden estar enrarecidas, maquilladas y hasta reinventadas por la acción de los intereses corporativos económicos, la dictadura de las audiencias o el servilismo a intereses políticos.
Argumentalmente, “The Newsroom” se mete en las tripas de la redacción de un espacio de noticias de una cadena americana por cable, para mostrarnos como se gesta la producción de cada programa, como de los hechos nacen las noticias y de como estas pueden y deberían contarse al público. Si en la Biblia se decía “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, Sorkin nos parafrasea a Dios diciéndonos “La verdad nos hará ciudadanos informados capaces de tomar decisiones”. A partir de ahí, el esquema vehicular utilizado para narrar es un clásico en la obra del ganador del oscar por el libreto de “La red Social”. Parte de un sujeto líder, carismático o con especiales habilidades, y su entorno, que se enfrentarán a lo establecido, a lo preconcebido, al borreguismo. Recuerdo con esta idea filmes escritos por Sorkin como la citada “La red Social”, la más reciente “MoneyBall”, “El presidente y Miss Wade” o la serie que se originó en su remolque, la ya mítica “El Ala Oeste de la Casa Blanca”.
Anudado a lo que comento, algunos critican al autor de la pieza teatral y posterior guión de “Algunos Hombres Buenos”, que su narrativa en “The Newsroom” vuelve a ser buenista, excesivamente moralizante y algo demagógica. Yo preferiría hablar de un sano y desvergonzado idealismo, de un nuevo y oportuno golpe a la conciencia a una sociedad interesadamente aletargada, embrutecida, e insensibilizada que es víctima propicia para su más indolente manipulación. Así las cosas, alabo este estilo capriano de hacer entretenimiento, que me remite a filmes como “Juan Nadie” o “Caballero sin espada”.
Habría que dejar nota al pie indicativa de que las críticas antes mencionadas han sido enarboladas por sectores influidos por la política más reaccionaria. La sociedad americana está hoy absolutamente polarizada. Todo es y se interpreta en calve política, o mejor dicho, en lucha por los votos, y en su consecuencia, por el poder y su conquista o conservación. Algo que ocurre, desafortunadamente, en demasiadas partes… Así las cosas, Sorkin es un demócrata proactivo y eso no se perdona. Y menos si al héroe de la función le haces declararse un confeso republicano y le “utilizas” para fustigar y sacar a la luz todo lo que de sonrojante, o directamente vergonzoso, tienen movimientos como el republicano Tea Party. Afortunadamente, la HBO, cadena que auspicia el proyecto, ha hecho oídos sordos a todo este interesado ruido de fondo, propio de la permanente pre-campaña presidencial en que viven los EEUU, y se ha rendido a la evidencia, que no es otra que la inusitada calidad que rebosa el producto, su oportuno espíritu crítico, y ha renovado la serie por una nueva temporada.
No obstante, habría que aclarar después de todo lo expuesto, que aunque se habla y mucho de política y de contexto social e histórico, en absoluto “The Newsroom” es una serie densa o mal llamada intelectual. No hay que temer a ello, ni tampoco a no conocer la realidad americana y sus actores. Ahí radica el prodigio, porque el grupo de periodistas de la redacción, con su presentador y productora a la cabeza, son los grandes protagonistas. Eso y el factor humano, que es el gran desencadenante, el que marca la diferencia, el mueve a la emoción, que la hay y mucha en cada capítulo. Un conjunto de periodistas que aman, sufren, trabajan y sueñan, cuyas tramas cruzadas y azares personales sirven para, ejemplarmente, desentumecer y aligerar narrativamente una aproximación a la sesuda realidad que de otro modo resultaría elitista o tediosa. Además, la puesta en escena es rutilante, de un ritmo tan endiablado que por momentos recuerda, en formas que no en fondo, a un filme del siempre reivindicable Peter Bogdanovich por el que siendo una particular filia. Me refiero a “Que ruina de función”.
Llegados a este punto, una crítica que se precie no estaría completa sin hacer referencia, aunque sea somera, al elenco actoral de “The Newsroom”. Me alegro extraordinariamente que aquel tonto muy tonto de los Farrelly haya encontrado, tras muchos años, un rol de lucimiento que le ajusta a la perfección. Y es que si a todo actor le llega un papel caramelo, una vez en la vida, éste es el de Jeff Daniels. A su vera, Emily Mortimer se sitúa en el idóneo espacio, no exento de riesgo, en el que Sorkin quiere situar su personaje: esencial contrapunto, alma imperfectamente gemela y motor incesante de las reacciones vitales del de Daniels. Con Sam Waterstone, me lo paso pipa. Y con Jane Fonda no dejo de pensar en cuanto saca su personaje de presidenta de la cadena de su exmarido Ted Turner, creador en su día de la CNN.
Poco más pudiera añadirse de este nuevo Sorkin, proverbial híbrido entre la mítica serie de tv “Lou Grant” y la incisiva película de George Clooney “Buenas Noches y buena suerte”, en la que curiosamente también participó Jeff Daniels. Únicamente que perdérselo es estar en televisivo e irredento pecado mortal.
17 sep 2012 10:09 am (@@MagnumCallahan)
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