Por María Guerra

Marisa paredes es perfectamente consciente de que su carrera internacional se la debe a Pedro Almodóvar: “Trabajar con Pedro me ha abierto las puertas en el mundo. Por eso he podido trabajar después con Roberto Benigni, Guillermo del Toro o Raoul Ruiz. Ahora bien, quiero dejar claro que no me gustan las etiquetas: eso de ser chica Almodóvar es un poco absurdo. Sobretodo, desde que empecé a cumplir años, más que chica diría que soy señora Almodóvar”, dijo la actriz entre risas mientras atendían a la prensa española.
Paredes estuvo ayer en el Lido presentando Líneas de Wellington de la directora chilena Valeria Sarmiento, viuda y montadora del cineasta Raoul Ruiz, que un año tras la muerte de su marido ha decido poner en pie el proyecto que él comenzó.
Líneas de Wellington es una singular galería de personajes del pueblo y ejército durante la invasión napoleónica de Portugal en 1810. Una larga lista de estrellas del cine de autor han participado en la película en homenaje al director chileno: Catherine Deneuve, Michel Piccoli, John Malchovich, Isabelle Huppert o Vincent Perez. Tanto Sarmiento como Paredes aseguraron que la película ha acabado siendo un trabajo personalísimo de la directora: “Raoul hubiera hecho una película de 6 horas” dijo Sarmiento.
Se nota y se agradece la mano de esta directora que no ha hecho una película sobre la épica de la guerra, sino a ras de suelo, mostrando todas las caras de los conflictos: los amores rotos, las balas traicioneras, los milagrosos encuentros que salvan vidas. Este enfoque más humano, más femenino y sin pedantería ha sido el gran acierto de esta película excesivamente larga (151 minutos), pero que da en la diana sentimental.
También da en la diana de las emociones el coreano Kim Ki-Duk con Piedad, pero da con una violencia desgarradora. A través del encuentro de un matón a sueldo que mutila a morosos y su madre, que vuelve tras haberlo abandonado de bebé, Kim Ki-Duk hace una reflexión sobre el capitalismo extremo y cómo degrada las relaciones humanas. Piedad se sostiene sobre el lirismo de la brutalidad. La trasformación de este torturador y la compasión que su madre siente por él es un salto mortal para el cineasta, pero hace la pirueta y sale bien parado. Otra película que entra en la lista de las premiables.
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