Por La Script
‘Manolete’. La última faena / David Martos
Es un estreno, sí, pero también es el final de un culebrón digno de cualquier sobremesa televisiva. Desde que se rodó en el año 2006, ‘Manolete’ se ha enfrentado a todo tipo de dificultades en su camino hacia las salas. ¡Y eso que parecía el proyecto soñado! El productor, Andrés Vicente Gómez, eligió para dirigir la cinta a Menno Meyjes, el guionista de ‘Indiana Jones y la última cruzada’ (1989) o ‘El color púrpura’ (1985); para el papel protagonista se contrató a Adrien Brody, en la cresta de la ola tras el éxito internacional de ‘El pianista’ (2002) y de un parecido asombroso con el torero; para interpretar a Lupe Sino se escogió a una Penélope Cruz que por aquellos días estrenaba ‘Volver’ con Pedro Almodóvar. Pero todo se torció. Las desavenencias entre el productor y el director sobre el tratamiento de la película provocó que se realizaran una decena de montajes distintos, y los impagos denunciados por una empresa constructora de decorados mantuvieron la cinta retenida varios años. Ahora se estrena muy discretamente, en pleno mes de agosto, tras haber sido vendida en el mercado internacional y como paso previo a su salida en DVD en España.
‘Manolete’ se va a estrenar en medio centenar de salas… y en versión española. La cinta se rodó en inglés, y en las copias para las salas escucharemos en castellano a Juan Echanove [el apoderado de Manolete] o a Santiago Segura [su mozo de espadas], pero no a Adrien Brody o a Penélope Cruz, doblados por otros actores. Y esa es quizá una de las dificultades con las que se encontrará el espectador. Como siempre ocurre, escuchar a los actores españoles con una voz que no es la suya [o con su propia voz, pero que no casa con el movimiento de sus labios] actúa como elemento distanciador, y además el montaje -suponemos que el mejor de todos los que se hicieron- no ayuda a la comprensión de la trama. Casualmente, Penélope Cruz firma una interpretación solvente y con matices… pero enfrente tiene a un Adrien Brody que, a pesar del parecido con Manolete, no reúne toda la fuerza que le suponemos al matador. Donde esperábamos un hombre rotundo, encontramos a un hombre lánguido, dubitativo y sufridor.
Al doblaje, al montaje confuso y a la falta de fuerza del protagonista… se une otro elemento importante: ‘Manolete’ se basa únicamente en la representación visual de los últimos años del torero, pero no hay una línea dramática potente ni un conflicto que resolver. Todos sabemos cómo terminará la película y no buscamos resolver ninguna incógnita. Ni siquiera genera curiosidad cómo se afrontará dramáticamente el momento de la cogida. La película nació como el gran proyecto del cine español de 2006 y se termina estrenando, casi de tapadillo, en pleno mes de agosto. Quizá la salida más digna para un proyecto que arrastraba demasiados fantasmas.
‘Los mercenarios 2′. Ensalada de tiros con bótox / David Martos
Quizá la mejor definición de ‘Los mercenarios 2′ nos la proporcionó Jean-Claude Van Damme durante sus entrevistas promocionales en Madrid, hace unas semanas. La película no es una película, “es un evento”, y por eso participó en el rodaje: “Esta película de ‘Los Mercenarios’ tiene unos actores tan buenos que es más un evento que una película. Cuando el señor Stallone me llamó para la primera parte estaba ocupado en otro proyecto, montando otra película. Quizás fue estúpido, pero cuando surgió ‘Los Mercenarios 2′ dije que sí, y me ha encantado hacer el papel de malo…”. Debemos advertir a los potenciales espectadores de que las palabras de Van Damme contienen mucha sabiduría, porque aproximarse a la película como uno se aproxima a una película… podría conducir a la decepción y a la melancolía; en cambio, ir al cine para presenciar la reunión de los actores más conocidos de la acción estadounidense, engarzados en una trama alocada llena de persecuciones y explosiones… puede proporcionar una diversión moderada.
Sin duda, y por encima del nombre de Sylvester Stallone -el gran impulsor de la saga- destacan las interpretaciones de Arnold Schwarzenegger y del propio Van Damme, que consiguen reírse de sí mismos en su retrato de rudos asesinos a sueldo. Eso sí, conviene realizar una segunda advertencia. Si no se han revisado desde hace tiempo los grandes clásicos modernos de estos héroes de acción… la percepción de sus rostros puede conducir a un shock, porque ninguno de ellos ha escatimado a la hora de mantener la piel de la cara tersa como el culito de un bebé.
‘Headhunters’. Estilo nórdico con distorsiones / David Martos
Las películas sobre ladrones de arte comparten una estética muy sofisticada y una banda sonora rítmica que acompaña el latido del corazón mientras se perpetran los atracos. ‘Headhunters’ tiene estas dos características, pero durante su metraje encontramos elementos puramente humorísticos, incluso grotescos, que no encajan con el contexto. Antes de oreguntarnos por estos elementos -por estas ‘Luces Rojas’, como diría Rodrigo Cortés- tenemos que precisar que lo que tenemos entre manos es un thriller noruego, que se desarolla en medio de la frialdad de Oslo, y que cuenta la historia de un cazatalentos que se dedica a proponer a las empresas candidatos para cubrir sus puestos directivos. Lleva una vida de ensueño, tiene una mujer guapísima y una casa carísima… que no puede pagar con su sueldo; por eso se dedica al tráfico de obras de arte junto a su disparatado socio. Sin embargo, el personaje que interpreta el actor Aksel Hennie -se rumorea que estará en la nueva entrega de ‘La jungla de cristal’- se topa con un obstáculo inesperado, un exejecutivo que se cruza en su camino y que hará lo imposible por hundirle.
La película está dirigida por el noruego Morten Tyldum y es la adaptación de una novela de Jo Nesbø. Esos elementos chirriantes a los que antes nos referíamos -alguna persecución alocada, alguna muerte increíble, alguna escena especialmente escatológica- no restan encanto al thriller, sino que lo dotan de matices interesantes, que completan esa visión nórdica a la que ya nos estamos acostumbrando [gracias, sobre todo, a la saga Millenium]. Es una cinta entretenida que nos permite pensar en nuestras prioridades vitales… mientras miramos a la pantalla con una mueca incrédula.
‘Bonsái’. La pausa / David Martos
La película chilena ‘Bonsái’, de Cristián Jiménez, cuenta la historia de un joven aspirante a escritor -y a intelectual- que recuerda, ocho años después de haberlo perdido, al gran amor de su vida. Con interpretaciones suaves, casi amateurs, los protagonistas tejen un universo ensimismado, en el que la literatura -y la jardinería- lo son todo, el mundo no existe. Y ese es precisamente el obstáculo de la película: tras un arranque original, la trama se mira constantemente el ombligo… al ritmo de un péndulo de reloj de pared.
‘L’Apollonide’. Lágrimas blancas / David Martos
Es asombrosa la capacidad de esta película para generar imágenes que se quedan pegadas en la retina. No desvelaremos su origen, pero el título de esta crítica obedece a recuerdo de una de ellas, que sigue ahí, vívida y perturbadora. La cinta de Bertrand Bonello -que estuvo en Cannes en el año 2011- cuenta la vida de un prostíbulo parisino entre las postrimerías del siglo XIX y los albores del XX, y además la cuenta con muchísima indulgencia visual… pero no argumental. El desarrollo de la trama no cae en el error de glorificar el ejercicio de la prostitución, no, lo muestra con toda su crudeza. Y con sus consecuencias. Una de esas películas interesantes que conviene revisar.
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