Por La Script

‘El legado de Bourne’. Una digna heredera / David Martos
La saga que componen las tres películas protagonizadas por el agente Jason Bourne -’El caso Bourne’ (2002), ‘El mito de Bourne’ (2004) y ‘El ultimátum de Bourne’ (2007)- contribuyeron decisivamente a cambiar el panorama del cine de acción en Hollywood. De repente, las motivaciones y los sentimientos de los personajes también importaban en este género, y el nombre de Matt Damon no ha quedado asociado solo a los guantazos y a las persecuciones en coche, sino también a su búsqueda incansable de la identidad perdida, incluso a la pérdida del amor soñado. Tony Gilroy intentó que Damon estuviese también en la nueva entrega… pero la negociación fracasó, y el equipo de la película se encontró ante una disyuntiva interesante: ¿Terminar con la historia o buscar un recambio? El empuje de Gilroy -y seguramente la previsión de hacer sonar la caja registradora- inclinaron a los productores hacia la segunda opción, y el nombre elegido fue Jeremy Renner.
Después de participar con éxito en ‘Los Vengadores’, de aguantar el tirón de Tom Cruise en ‘Misión Imposible 4′ y de, no lo olvidemos, aguantar estoicamente en la carrera por el Oscar con ‘En tierra hostil’, Renner salta impecablemente al primer plano cinematográfico con una interpretación correcta, basada en un guión con una peculiaridad con respecto a los anteriores ‘Bourne’. En esta entrega, la acción cede aún más protagonismo al diálogo, al armazón intelectual que sostiene la búsqueda de Aaron Cross; en este caso, el agente protagonista persigue la supervivencia estrictamente física, por razones que no revelaremos, tras enterarse de que la CIA está cerrando todos sus programas clandestinos. Junto a él, una Rachel Weisz que se consolida como una actriz terriblemente eficaz -y que llora como nadie- interpreta a la doctora Martha Shearing, colaboradora del gobierno de Estados Unidos desde una farmacéutica.
‘El legado de Bourne’ es una película de acción, sí, pero lo es también de reflexión sobre el sistema político y sus cloacas. Es también una película de amor, y de persecuciones. Es todo eso a la vez… con un problema de ritmo que se nota hacia la mitad de la cinta, pero que no le resta interés. La saga Bourne mantiene la pátina de prestigio, y como Matt Damon no descarta reengancharse, podemos prever que hará todo lo posible por no perderla.
‘¡Piratas!’. Gran doblaje, floja historia / David Martos
Como no hemos tenido la oportunidad de ver ‘¡Piratas!’ en versión original no podemos juzgar esa languidez tan característica que luce en su voz Hugh Grant, el doblador del Capitán Pirata. En su lugar, tenemos en España a un actor capaz de meterse en la piel del inspector de policía más detestable… o del bucanero más adorable que pueda surcar los mares. José Coronado asegura que dobló la película en dos tardes -ahórrense la comparación con aquello de aprender sobre economía-, pero a él le bastó para meterse completamente en la piel del protagonista de la cinta, insuflándole un aliento muy especial que lo llena de vida y de características propias. A su lado, en la tripulación, pulula un pirata albino a quien pone voz el futbolista Andrés Iniesta. Muchos han levantado en los últimos días la liebre del debate sobre el doblaje por parte de actores no profesionales. En este caso, y sin que sirva como precedente, el personaje de Iniesta es tan cándido y tan dulce… que el doblador encaja perfectamente. Y se nota.
Gráficamente, la película es muy correcta. Se trata de la primera producción de ‘stop-motion’ en 3D de Aardman Animations, la compañía que ya firmó con Sony Pictures la comedia navideña ‘Arthur Christmas’ [una de las mejores películas del año 2011]. En este caso, Aardman ha mezclado esa filmación fotograma a fotograma, con ligeras variaciones en la posición de las marionetas, con efectos especiales generados por ordenador [por ejemplo, el que anima las olas del mar]. Lo más flojo de ‘¡Piratas!’ es la historia. Un capitán de barco bonachón se hace a la mar para conseguir su trofeo ansiado, el de Pirata del Año. En uno de sus atropellados abordajes se topa con Charles Darwin, que lo convence para llevar hasta Londres a su exótica mascota, un dodo llamado Polly. En la capital británica, donde la reina Victoria es retratada como una sanguinaria cazadora de animales exóticos, los piratas se disfrazarán de científicos para ganar un concurso. Con un guión irregular, el encanto de la cinta es la composición de personajes… y en la versión española, Coronado lleva el timón.
‘Café de Flore’. Puzzle inconexo / David Martos
‘Café de Flore’ cuenta dos historias paralelas que se desarrollan con cuarenta años de diferencia. Por un lado, Vanessa Paradis es una madre soltera luchadora, que trabaja como peluquera en París y que saca adelante a su hijo con síndrome de Down… en un momento en que la sociedad daba la espalda a la enfermedad; por otro lado, el actor debutante Kevin Parent interpreta a un DJ que se separa de su mujer en Canadá y se enfrenta a una nueva relación rodeado por sus dos hijas adolescentes. La única relación aparente entre dos mundos, el tema musical ‘Café de Flore’. Durante el metraje, las dos historias evolucionan hacia una posible conexión. De hecho -y esta dificultad fue reconocida por el director Jean-Marc Vallée en su rueda de prensa en Madrid- lo que se nos presenta es un complicado puzzle que tratamos de encajar en nuestras cabezas. Intentamos buscar los enlaces entre dos manifestaciones del amor muy distintas… y esos enlaces acaban manifestándose de una manera más mística que física.
El director de ‘C.R.A.Z.Y’ (2005), que en aquel momento sorprendió con una trama que mezclaba la realidad con la ensoñación, la música con el diálogo, ha intentado en cierto modo repetir ese esquema. A nuestro modo de ver, no lo ha conseguido. Sería bastante obvio afirmar que las dos historias no conectan con fluidez -de hecho, es muy posible que la intención del director lo persiguiese-, pero es que los dos argumentos son tan flojos que pierden el interés del espectador a la segunda curva de la carretera. La separación del matrimonio canadiense aparece dotada de una intensidad que no le corresponde, y las desventuras de Vanessa Paradis aparecen tan aisladas en la cinta que desconciertan. Eso sí, la interpretación de la también cantante y actriz es bastante eficaz. Recomendable para enfermos de amor en pleno agosto. O de desamor, quién sabe. La presencia de la música, avasalladora.
‘Hara-Kiri’. La sangre que embauca / David Martos
El prolífico director Takashi Miike -firma tres películas al año sin que le tiemble el pulso- ha estrenado esta semana en España ‘Hara-Kiri’, una historia de venganza ambientada en el siglo XVII. En el Japón feudal, un hombre llega a la casa de un noble con la intención de iniciar un ritual de suicidio; para disuadirle, el señor de la casa relata la historia de un joven que, tiempo atrás, llegó con la misma idea. ‘Hara-Kiri’ es una historia de venganza contada con una belleza visual innegable. Incluso las escenas más violentas -al estilo de ’13 asesinos’, lo último de Miike que hemos visto en España- no permiten al espectador apartar la vista de la pantalla. Para amantes, eso sí, de la intensidad del cine oriental.
1 Comentario
Bertha Sánchez
es un remake
18 ago 2012 09:08 am (@Twitter)
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